Viajaban a San Pedro de Colalao a pasar el fin de semana y encontraron la muerte en la ruta
Dos mujeres mayores de edad y una niña de ocho años fallecieron al chocar el auto en que viajaban con un camión que no se detuvo El conductor del Chevrolet Prisma, que resultó ileso, logró mencionar algunas características del otro rodado, y un vehículo sospechoso fue retenido para realizar pericias
08 Agosto 2015 Seguir en 
A medida que llegaban los familiares de las víctimas, el llanto, los gritos y los abrazos volvían a multiplicarse. El dolor por la muerte de María Olga Rojas, Beatriz Ríos y Oriana Ojeda se mezclaba con las largas filas de vehículos en la ruta 9, con la tierra que levantaban los autos que decidieron avanzar por el costado del asfalto y con las sirenas de los móviles policiales.
El accidente ocurrió en el kilómetro 1.324 de la ruta 9, un kilómetro al norte del cruce con la ruta 341 que conduce a Raco. Las víctimas viajaban en un Chevrolet Prisma que conducía José Antonio Medina, de 18 años. Junto a él iban su madre (Rojas de 46 años). Ríos (45), Ojeda (8), su novia Rocío Zelarayán (19) y Nilda Ibáñez (55), madre de Zelarayán. Estas dos últimas mujeres quedaron internadas en el hospital Centro de Salud y a la noche les dieron de alta.
Según señalaron fuentes policiales, las víctimas se dirigían a San Pedro de Colalao para pasar el fin de semana. Habían salido poco antes de las 13 de sus casas, en el barrio Juan Luis Nougués, al suroeste de la ciudad (altura de calle Fortunata García al 3.000).
El accidente ocurrió aproximadamente a las 13.30. La hipótesis que maneja la Justicia indica que en ese momento iba una larga fila de vehículos hacia el norte, y que se estaban produciendo sobrepasos de distintos rodados.
En una de esas maniobras se produjo el siniestro. Nadie quiso aventurar cuál fue la sucesión de hechos que determinó la tragedia. Medina, el conductor del vehículo, estaba envuelto en una crisis de nervios, y sólo logró mencionar a la Policía algunas características del camión que habría participado en el hecho, y que se dio a la fuga. Durante las tres horas que duró la intervención de los peritos, el tráfico en la ruta estuvo cortado. Los llantos y la crisis nerviosa de Medina se agravaban ante la llegada de algún nuevo familiar. Los abrazos, los gritos y los llantos fueron la postal del desgarrador momento. A pocos metros, los médicos de la Policía revisaban los cuerpos.
Largas colas de vehículos se extendieron hacia el norte y hacia el sur. Algunos rodados cruzaron por la banquina para llegar a un camino de tierra, que corre lateral por el lado este de la ruta. Pero los camiones y los colectivos no podían avanzar hacia allí sin riesgo a volcar, por lo que tuvieron que aguardar a que la calzada sea despejada.
Con las descripciones que dio el conductor del auto, la Policía dio la alerta al puesto fronterizo norte de la ruta 9, y en el paraje “Cabo Vallejo” fue retenido un camión, cuyas características coincidirían con las relatadas por Medina.
La fiscalía de Instrucción de la VIII° Nominación, a cargo de Adriana Giannoni, dispuso que el rodado sea trasladado a la comisaría de Vipos para que se realicen pericias. Una fuente policial indicó que el camión no tendría, a simple vista, signos de haber participado de un accidente.
El accidente ocurrió en el kilómetro 1.324 de la ruta 9, un kilómetro al norte del cruce con la ruta 341 que conduce a Raco. Las víctimas viajaban en un Chevrolet Prisma que conducía José Antonio Medina, de 18 años. Junto a él iban su madre (Rojas de 46 años). Ríos (45), Ojeda (8), su novia Rocío Zelarayán (19) y Nilda Ibáñez (55), madre de Zelarayán. Estas dos últimas mujeres quedaron internadas en el hospital Centro de Salud y a la noche les dieron de alta.
Según señalaron fuentes policiales, las víctimas se dirigían a San Pedro de Colalao para pasar el fin de semana. Habían salido poco antes de las 13 de sus casas, en el barrio Juan Luis Nougués, al suroeste de la ciudad (altura de calle Fortunata García al 3.000).
El accidente ocurrió aproximadamente a las 13.30. La hipótesis que maneja la Justicia indica que en ese momento iba una larga fila de vehículos hacia el norte, y que se estaban produciendo sobrepasos de distintos rodados.
En una de esas maniobras se produjo el siniestro. Nadie quiso aventurar cuál fue la sucesión de hechos que determinó la tragedia. Medina, el conductor del vehículo, estaba envuelto en una crisis de nervios, y sólo logró mencionar a la Policía algunas características del camión que habría participado en el hecho, y que se dio a la fuga. Durante las tres horas que duró la intervención de los peritos, el tráfico en la ruta estuvo cortado. Los llantos y la crisis nerviosa de Medina se agravaban ante la llegada de algún nuevo familiar. Los abrazos, los gritos y los llantos fueron la postal del desgarrador momento. A pocos metros, los médicos de la Policía revisaban los cuerpos.
Largas colas de vehículos se extendieron hacia el norte y hacia el sur. Algunos rodados cruzaron por la banquina para llegar a un camino de tierra, que corre lateral por el lado este de la ruta. Pero los camiones y los colectivos no podían avanzar hacia allí sin riesgo a volcar, por lo que tuvieron que aguardar a que la calzada sea despejada.
Con las descripciones que dio el conductor del auto, la Policía dio la alerta al puesto fronterizo norte de la ruta 9, y en el paraje “Cabo Vallejo” fue retenido un camión, cuyas características coincidirían con las relatadas por Medina.
La fiscalía de Instrucción de la VIII° Nominación, a cargo de Adriana Giannoni, dispuso que el rodado sea trasladado a la comisaría de Vipos para que se realicen pericias. Una fuente policial indicó que el camión no tendría, a simple vista, signos de haber participado de un accidente.







