23 Julio 2015 Seguir en 
La noticia no sorprendió ni a sus abuelos. “¡Ay! ¡Otra vez!”, dijeron cuando se les comunicó que “Tamalito”, su nieto de 15 años, había vuelto a llevarse un colectivo de la Terminal de Ómnibus. Con este, el adolescente suma cinco hechos similares que lo tienen como protagonista.
Sus familiares ya habían contado a este diario que “Tamalito” tiene una obsesión con los colectivos. Habían explicado que, cuando era niño, se escapó del Hogar Eva Perón y comenzó a vender estampitas en los ómnibus. Así comenzó su relación con los choferes, de quienes se hizo amigo y a quienes comenzó a admirar y a adoptar como modelos. Desde entonces, pasa más tiempo en la Terminal de Ómnibus que con su madre.
Y ayer “Tamalito” volvió a las andanzas. Un chofer se había bajado de un ómnibus de la empresa “El Tigre”, que estaba vacío, en la estación de servicios de la terminal para ir al baño. El adolescente, siempre atento a los movimientos del lugar, aprovechó ese descuido y se subió al colectivo. Se ubicó en el asiento del conductor, tomó el volante con sus manos y probablemente haya vuelto a experimentar esa adrenalina que había sentido por primera vez a los 10 años.
“Tamalito”, que sabe muy bien cómo arrancar un vehículo de esas características, puso el ómnibus en marcha y se alejó de la estación. Cuando el chofer advirtió que el colectivo ya no estaba, llamó al Sistema de Emergencias 911 de la Policía. El micro avanzaba con dirección al Este, por lo que se pidió la intervención de la Brigada de Investigaciones de esa regional.
Una hora después, los policías encontraron al ómnibus, que estaba estacionado en la zona de San Andrés. Arriba del colectivo estaba “Tamalito”, orgulloso por su hazaña. Al conocer de qué manera terminaba la historia, desde la empresa “El Tigre” tomaron la decisión de no realizar la denuncia por lo que “Tamalito” volvió a su casa, o a pasear en otros colectivos que sí tenían chofer. Nadie lo sabe.
Alejado por las drogas
“Tamalito” no viene de una familia convencional: su padre lo abandonó cuando todavía era bebé y su madre, que tiene un retraso mental y no podía con él y otros varios hijos, lo dejó en el Hogar Eva Perón. Allí vivió hasta que comenzó a salir para vender estampitas en los colectivos y construyó una amistad con muchos de los conductores. “Cuando no tenía dónde dormir, los choferes lo llevaban a sus casas, lo tenía un día uno, otro día otro…”, había contado una vecina del adolescente el año pasado.
En aquella oportunidad, LA GACETA había visitado el vecindario donde vivía “Tamalito” porque el adolescente había registrado el récord de llevarse tres colectivos en poco más de un mes, aunque su primera aventura databa de 2010. Cuando “Tamalito” tenía 10 años, robó su primer colectivo y lo condujo durante cinco horas. La noticia llegó hasta los medios nacionales.
Los tres hechos del año pasado fueron similares, pero uno de ellos tuvo mayor repercusión por una razón particular: el colectivo pertenecía al cantante Sergio Galleguillo. “Tamalito” se lo había llevado de la puerta del teatro Alberdi, donde el músico estaba actuando, y lo había dejado estacionado a pocos metros de su casa, en Los Vallistos.
“Él solamente quiere llegar al barrio manejando un colectivo y que todos sus amigos lo vean”, había explicado en aquel entonces G.M., su abuelo. Ayer, cuando volvió a conversar con este diario, la situación era distinta. El hombre contó que su nieto tiene problemas con las drogas y que, como consecuencia de esa adicción, debió alejarse del barrio. “Yo lo compadezco porque, según lo que yo escucho, a la droga es muy fácil entrar pero muy difícil salir”, expresó.
Sus familiares ya habían contado a este diario que “Tamalito” tiene una obsesión con los colectivos. Habían explicado que, cuando era niño, se escapó del Hogar Eva Perón y comenzó a vender estampitas en los ómnibus. Así comenzó su relación con los choferes, de quienes se hizo amigo y a quienes comenzó a admirar y a adoptar como modelos. Desde entonces, pasa más tiempo en la Terminal de Ómnibus que con su madre.
Y ayer “Tamalito” volvió a las andanzas. Un chofer se había bajado de un ómnibus de la empresa “El Tigre”, que estaba vacío, en la estación de servicios de la terminal para ir al baño. El adolescente, siempre atento a los movimientos del lugar, aprovechó ese descuido y se subió al colectivo. Se ubicó en el asiento del conductor, tomó el volante con sus manos y probablemente haya vuelto a experimentar esa adrenalina que había sentido por primera vez a los 10 años.
“Tamalito”, que sabe muy bien cómo arrancar un vehículo de esas características, puso el ómnibus en marcha y se alejó de la estación. Cuando el chofer advirtió que el colectivo ya no estaba, llamó al Sistema de Emergencias 911 de la Policía. El micro avanzaba con dirección al Este, por lo que se pidió la intervención de la Brigada de Investigaciones de esa regional.
Una hora después, los policías encontraron al ómnibus, que estaba estacionado en la zona de San Andrés. Arriba del colectivo estaba “Tamalito”, orgulloso por su hazaña. Al conocer de qué manera terminaba la historia, desde la empresa “El Tigre” tomaron la decisión de no realizar la denuncia por lo que “Tamalito” volvió a su casa, o a pasear en otros colectivos que sí tenían chofer. Nadie lo sabe.
Alejado por las drogas
“Tamalito” no viene de una familia convencional: su padre lo abandonó cuando todavía era bebé y su madre, que tiene un retraso mental y no podía con él y otros varios hijos, lo dejó en el Hogar Eva Perón. Allí vivió hasta que comenzó a salir para vender estampitas en los colectivos y construyó una amistad con muchos de los conductores. “Cuando no tenía dónde dormir, los choferes lo llevaban a sus casas, lo tenía un día uno, otro día otro…”, había contado una vecina del adolescente el año pasado.
En aquella oportunidad, LA GACETA había visitado el vecindario donde vivía “Tamalito” porque el adolescente había registrado el récord de llevarse tres colectivos en poco más de un mes, aunque su primera aventura databa de 2010. Cuando “Tamalito” tenía 10 años, robó su primer colectivo y lo condujo durante cinco horas. La noticia llegó hasta los medios nacionales.
Los tres hechos del año pasado fueron similares, pero uno de ellos tuvo mayor repercusión por una razón particular: el colectivo pertenecía al cantante Sergio Galleguillo. “Tamalito” se lo había llevado de la puerta del teatro Alberdi, donde el músico estaba actuando, y lo había dejado estacionado a pocos metros de su casa, en Los Vallistos.
“Él solamente quiere llegar al barrio manejando un colectivo y que todos sus amigos lo vean”, había explicado en aquel entonces G.M., su abuelo. Ayer, cuando volvió a conversar con este diario, la situación era distinta. El hombre contó que su nieto tiene problemas con las drogas y que, como consecuencia de esa adicción, debió alejarse del barrio. “Yo lo compadezco porque, según lo que yo escucho, a la droga es muy fácil entrar pero muy difícil salir”, expresó.
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