Yerba Buena: la fiebre del árido

Regulan la extracción. Los ríos y arroyos de ese municipio se encuentran recargados de piedras, como no ocurría en varios años. Sin embargo, la Dirección de Minería cerró las habilitaciones de las canteras, en su mayoría. Luego de los destrozos de marzo, provocados por las lluvias, dicen que evaluarán cada situación en particular.

05 Jun 2015 Por Soledad Nucci
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EL DEBATE. Tras el desastre en el río Muerto, las críticas de expertos, vecinos y políticos apuntaron hacia la extracción de áridos. LA GACETA/ FOTO DE ANTONIO FERRONI

- ¿Esto es extracción de áridos?

- Sí.

- ¿Para quién trabaja?

- Emezeta se llama la empresa.

- ¿Sabe quién ha autorizado la actividad?

- Minería.

- Estas tierras son administradas por la Universidad.

- Ni idea.

- ¿Quién lo deja pasar? ¿Por dónde entra con esa máquina?

- Vengo por Villa Carmela.

- ¿Cuántas palas carga por día?

- Unas 80.

- ¿Le han dado alguna indicación para preservar el río?

- Que no saque piedras de los bordes.

Las preguntas no le gustan. O eso parece, porque contesta con desgano. Son las 11 de la mañana del martes 2 de junio, y el hombre que responde se halla dentro del arroyo Anta Yacu, en una cantera situada al oeste del parque Sierra de San Javier. Hasta el atardecer, permanecerá ahí, arrastrando piedras.

En esta época del año, el cauce se encuentra seco. Pero tres meses atrás, durante las lluvias de verano, este y otros ríos de Yerba Buena inundaron casas de countries y de asentamientos, voltearon puentes, destrozaron canales y hasta levantaron pavimentos.

Cuando eso ocurrió, las miradas se elevaron hacia la montaña: dijeron que la culpa la tenía la sobreexplotación de los áridos, entre otras razones. Lo dijo el intendente de ese municipio. Lo dijeron ambientalistas. Lo dijeron algunos profesores universitarios. Lo dijeron los vecinos. Hoy, la extracción atraviesa su mejor momento, pues los cauces han sido recargados por esas mismas tormentas. Nunca antes, en los últimos tres años, había habido tantas rocas.



Sin embargo, la explotación está suspendida en seis de las ocho canteras registradas en el pedemonte yerbabuenense, ubicadas en el río Muerto (dos) y en los arroyos Caínzo, Anta Yacu, Piedras y Víboras, principalmente. Al menos eso aseguran desde la Secretaría de Medio Ambiente.

¿La razón? Dice Alfredo Montalván -el hombre desde hace ochos años está al frente de esa dependencia gubernamental- que las medidas restrictivas se implementaron en marzo, luego de las tormentas, a través de una resolución emitida por la Dirección de Minería. “Pretendemos evaluar cada situación en particular. Las autorizaciones se otorgarán de modo paulatino”, añade.

Cuando se le pide que justifique esa decisión, responde: “en los años de sequía, se sacaron áridos en demasía. Es tiempo ya de trabajar para que la tarea sea más sustentable. Esto tiene que generar beneficios en el escurrimiento de las aguas, no perjuicios”.

De momento, sólo las pedreras adjudicadas a la empresa Emezeta y a la Dirección Provincial de Vialidad, en el Caínzo, se hallan abiertas.

Quién da los permisos

La oficina del Estado que regula la extracción de áridos es Minería. Ese es el único organismo que tiene jurisdicción para emitir autorizaciones y para efectuar monitoreos.

En 2011, la Universidad Nacional de Tucumán -que es la administradora del Parque Sierra de San Javier, donde se asienta la mayoría de las canteras de la zona- revocó todos los permisos de paso por su territorio. Esa es la causa por la cual el maquinista de Emezeta, por ejemplo, transita por una trocha alternativa.

El cumplimiento de la norma no le ha bastado a este muchacho, sin embargo, para ponerse a salvo de los teléfonos móviles. De cotidiano, los ciudadanos que andan por las sendas, a pie o en bicicletas, toman fotos de la zaranda, y las suben a sus perfiles en Facebook. Al cierre de este artículo, una de esas imágenes había sido compartida 72 veces. “Hace unos meses, se nos venía el cerro encima. ¡¡¡¡¡¡YYYYYY???????? Siguen con lo mismo”, escribió un ciclista.

La otra verdad

Es que -como dice Juan Carlos Rongetti, director de Minería- la extracción se ha convertido en un cuco. Y, aunque reconoce que ha habido alimento para el fantasma, trata de explicar que esta actividad es fundamental para el mantenimiento de los cursos de agua.

“Todas las miradas son negativas. Existe una sensibilidad a flor de piel. Pero resulta que las tormentas han arrastrado mucho material. Entonces, es momento de sacar esas piedras. Debemos preparar los ríos para el próximo período aluvional”, explica.

Algo parecido piensa Marcio Zarlenga, el dueño de Emezeta. Se jacta de no haber cometido una sola infracción, en 10 años. Por eso -explica- la suya es la única cantera privada en actividad. “Cuando los ríos de montaña se colmatan, hay que canalizarlos y extraerles el excedente de rocas”.

Por supuesto -aclara enseguida- que hubo situaciones en las que se verificó una sobreexplotación. “La Policía Minera es muy estricta. Pero tiene limitaciones”, advierte.

Y esas fronteras son los controles. El departamento de Policía Minera está integrado por tres geólogos. Tres geólogos para vigilar cientos de kilómetros de ríos. Hasta el propio Rongetti pide “extremar la vigilancia”.

Existen razones para pensar, entonces, que el eje de cualquier discusión debería pasar por las inspecciones. ¿Tenemos controles efectivos? ¿Cuál ha sido nuestra experiencia? ¿La administración pública tiene fama de buena controladora? ¿O cuándo se producen los estragos se echan la culpa los unos a los otros?

Lo que se pone en juego con la extracción de áridos es nada menos que nuestro mundo, nuestro pedazo de mundo. El desafío es alcanzar el equilibrio.

La barranca no se toca
Hugo Roger Paz, informe Pagani

Regla número uno: hay que sacar áridos, pero de forma controlada. Regla número dos: hay que mantenerse alejado de los márgenes.
Regla número tres: no deben dejarse los montículos sobrantes de los zarandeos.
Esos son algunos de los conceptos vertidos por Hugo Roger Paz, docente de la Universidad Nacional de Tucumán y magister en ingeniería hidraúlica de la Universidad de Cantabria, en España. "Los perjuicios en la extracción de áridos se producen, fundamentalmente, cuando se cava muy profundo junto a las barrancas de los cauces. Esto las vuelve inestables, y hace que corran riesgo de colapso. Eso es lo que sucedió en el río Muerto, durante las últimas tormentas", prosigue.

Paz es el hombre que, en septiembre de 2011, le entregó al entonces rector de la Universidad Nacional de Tucumán, Juan Cerisola, un informe de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnológicas, sobre la extracción de áridos en el río Muerto, desde la ruta 340 hacia el norte, donde se convierte en el arroyo Las Cañas.

En ese documento -que llevaba la firma de Paz y de Roberto Lazarte Sfer- se recomendaba que se suspendiera la extracción de áridos. Durante unas inspecciones, los especialistas habían encontrado rastros de sobreexplotación de material en el lecho. "En algunos tramos se habían llegado a remover completamente los restos aluvionales. Habían dejado el sustrato fino al descubierto", recuerda Paz.

En aquella oportunidad, los universitarios habían calificado a la extracción de áridos como anárquica. Incluso, habían dicho que el río había sufrido una modificación geomorfológica.

En el seno universitario, esa investigación se conoció como "informe Pagani", por el apellido de Sergio Pagani, decano de la Facultad de Ciencias Exactas. Una vez conocidos los resultados de ese estudio, la universidad convocó al ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Feijóo, y firmaron un convenio para frenar la depredación de Las Yungas. Tres años después, ese informe sigue siendo relevante.

Alma desnuda
Estela Figueroa, "No destruyan mi cerro"

Parada junto a un barranco, adentro del río, Estela Figueroa levanta su brazo derecho, hasta donde más puede. Se eleva en puntas de pie y señala una franja en el muro de barro, sobre su cabeza. "Hasta ahí llegaba el suelo años atrás", dice sin quitar la vista de su dedo.
El trecho del río donde se encuentra está ubicado detrás de la avenida Perón, en el municipio de Yerba Buena. Figueroa ha emprendido una travesía por ese lecho, desde la altura del country del Golf del Jockey Club de Tucumán hasta la Escuela de Agricultura de la Universidad Nacional de Tucumán, más o menos. Y en ese trayecto se ha topado con barrancas agrandadas por el hombre -según ella- y con árboles caídos.
"El Anta Yacu ha sido destruido. Antes, era una senda por la que apenas pasaban dos personas juntas. Hoy, tiene el ancho de una avenida. Es evidente que no se efectúan controles", dice la directora de No Destruyan Mi Cerro, una organización ambientalista que en 2011 denunció penalmente a la Municipalidad de Yerba Buena, a la Universidad Nacional de Tucumán y a la Dirección de Minería de la Provincia, por la extracción de áridos.
"La actividad minera es necesaria para el mantenimiento de los ríos. El problema es que se pasan. Sacan todo. Dejan el alma del río desnuda", grafica.

El pedemonte robado
José Domián, sanitarista

"El río Muerto se enojó. Hubo una extracción indiscriminada de sus áridos. No es que haya llovido más este verano, sino que los efectos de las lluvias han sido más violentos, porque no había piedras que frenaran las aguas", explica José Domián -sanitarista, ex director de la ex Dirección Provincial de Obras Sanitarias, conocida como Dipos y titular de las cátedras de Hidráulica I e Hidráulica II de la carrera de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de Tucumán-.

"Han destruido el pedemonte. Se han robado los sedimentos, desde Villa Carmela hacia La Rinconada. Por eso, Yerba Buena ha quedado desprotegida, sin esa barrera natural que desvía el agua que baja de las montañas", añade.

Agua veloz
Alejandro Brown, ProYungas

"Las actividades humanas potencian, en ocasiones, los trastornos derivados de las tormentas severas. En el caso del río Muerto, por ejemplo, donde hubo que evacuar a algunos pobladores, la extración de áridos tuvo un efecto local, porque aumentó la velocidad del agua", opina Alejandro Brown, director ejecutivo de ProYungas, ecólogo y experto en biodiversidad y desarrollo sustentable.

El sector vive un auge, favorecido por las lluvias de verano
Lo que él hace se presta para la controversia. Lo que él hace es mal visto, en ocasiones. Lo que él hace tiene la culpa de muchos males. No obstante, él defiende su trabajo. Gerardo Castellucio es geólogo y propietario de una empresa de extracción de áridos, cuya cantera se encuentra en el río Muerto. También ha sido asesor de la Municipalidad de Yerba Buena, que tiene otra concesión en ese cauce.

"Sino se hubiera sacado el material, hubiese sido un desastre. Las canteras están localizadas en lugares destinados a que los ríos de montaña precipiten su carga. Debido a que se extrajeron esas piedras, no hubo desbordes", opina, en referencia a las declaraciones de Daniel Toledo.

En marzo pasado, el intendente había declarado que el río Muerto fue el único que provocó desastres en Yerba Buena, y que la Dirección de Minería y la Universidad Nacional de Tucumán deberían preocuparse por controlar las canteras. "En el río Muerto se hicieron bien las cosas. Las canteras siempre estuvieron controladas, porque es una zona sensible", añade Castellucio.

Para el empresario, la causa principal de los desbordes fue la falta de mantenimiento de los ríos. "Justamente, aquí los únicos que nos encargamos de la canalización somos nosotros. En los sectores donde hay canteras, no hubo desbordes. La extracción bien realizada le devuelve al río su capacidad de transportar materiales", explica.

- ¿Es redituable la extracción de áridos?
- Se trata de una actividad productiva. Y, como todas, atraviesa por períodos buenos y malos.

- ¿Es este un buen período?
- Sí. En los últimos cinco años, las recargas de los ríos habían sido mínimas. Por ello, la extracción era escasa. Este verano, en cambio, las tormentas trajeron áridos. Todos los que nos dedicamos a esto queremos entrar a sacar. Antes de marzo, había sectores del río Muerto con barrancas de hasta dos metros de altura. Hoy, quedaron 40 centímetros. Tenemos un metro y medio de material para extraer durante el invierno.

¿Cómo es el proceso de extracción?
- Después de las crecidas, los cauces quedan deformes y colmatados. Entonces, debemos bajarle la altura, con el objetivo de devolverle su capacidad. Al río hay que darle forma de canal. Todo eso debe hacerse sin tocar ni las barrancas ni el suelo original.

- ¿Por qué se sobreexplotan los ríos?
- Puede ocurrir que en 1.500 metros concedidos, uno se equivoque y explote de más un sector. En semejante magnitud, pueden ocurrir errores puntuales. Lo importante es corregir esa excavación. Si se advierte a tiempo, eso tiene solución.

"Sino se hubieran sacado los áridos, las inundaciones habrían sido peores"

Habla Juan Carlos Rongetti, el ingeniero a cargo de la Dirección de Minería. Dice que explotación de cantera húmedas es necesaria para el mantenimiento de los ríos. Y reconoce la necesidad de extremar los controles. "Esto es como un basural clandestino: en cualquier momento te abren uno".

- Hay quiénes opinan que la extracción desmedida de áridos en el pedemonte empeoró los efectos de las tormentas de verano. ¿Cuál es su postura? 
- Yo creo, en cambio, que sino se hubieran sacado los áridos de los ríos, las inundaciones habrían sido peores. Y también opino que esta actividad ha llegado a un punto crítico, pues la demanda es alta. Así como crece la actividad inmobiliaria y se extienden los pavimentos, aumenta la cantidad de canteras. Eso hace que se haga necesario extremar los controles.

- ¿Cree que se efectúan extracciones ilegales?
- Es posible que sí. Para hacer un buen control, tendríamos que designar un policía minero para cada curso de agua. No se puede. Es imposible tener ojos en los cientos de kilómetros de ríos. Esto es como un basural clandestino: en cualquier momento, te abren uno. Un buen maquinista puede mover mucho material.

- ¿Cómo funciona el área de Policía Minera? 
- El departamento está integrado por tres geólogos, que recorren las canteras y elaboran informes. Como tienen poder policial, también ordenan correcciones.

- ¿Tres personas para toda la provincia? 
- Sí. Y los ríos de Yerba Buena son los más controlados, debido a su cercanía con las zonas urbanas. De hecho, en ocasiones fueron sus habitantes quiénes han dado aviso de situaciones irregulares.

- ¿Cómo se hace una buena explotación? 
- El buen artista es aquel que refuerza las barrancas. Que consigue que el cauce vuelva a su lugar. Que deja al río con capacidad para transportar el agua y para retener los sedimentos. Que construye escalones, o pequeños diques de contención. La extracción de áridos es una actividad productiva. Para que sea sustentable, hay que cuidar el río.

- En un recorrido por los arroyos Caínzo y Anta Yacu hemos observado árboles caídos. 
- Eso está prohibido. Quien haga eso, puede ser multado.

- También se observan vestigios de extracción en las barrancas. Hay arroyos que parecen avenidas... - La normativa establece que no pueden tocar las barrancas de los ríos. Incluso, en las zonas problemáticas les solicitamos que las refuercen. La ampliación de los cauces se encuentra penalizada.

- ¿Cuáles son los requisitos para tener una cantera? 
- Hay que presentar una solicitud de explotación, un informe de impacto ambiental y un plano de ubicación de la zona a explotar. Si la pedrera se localiza en terrenos privados, se les exige también un contrato de arrendamiento. Y si para llegar tienen que atravesar tierras ajenas, deben que presentar un permiso de paso o de servidumbre.

- ¿Las habilitaciones tienen caducidad? 
- Sí. El plazo es dispuesto por la autoridad minera. Si hacen las cosas bien, pueden estar 10 años o más.
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