"Bombita" Cáceres

"Bombita" Cáceres

Pablo, hijo de Domingo “Bomba” Cáceres, ex jugador de Atlético, tiene lindos y malos recuerdos del paso de su padre por el club. “Aprendí mucho de él”, aseguró

AL ACECHO. Cáceres se mostró muy activo durante los entrenamientos de esta semana. Hoy será titular.  la gaceta / foto de franco vera AL ACECHO. Cáceres se mostró muy activo durante los entrenamientos de esta semana. Hoy será titular. la gaceta / foto de franco vera
06 Mayo 2015
Del árbol genealógico de Pablo Cáceres, el defensor que hoy será titular en reemplazo de Fernando Evangelista, se caen de maduras, jugosas historias. En la primera rama que tiene por encima está colgado el protagonista de dos de los capítulos más extraños y tristes de la historia de Atlético.

Domingo Cáceres, padre del lateral izquierdo “decano” y apodado “Bomba” como muchos lectores y lectoras sub 40 lo recordarán, en la temporada 1991/92 también vistió la camiseta celeste y blanca en un fichaje concretado bajo circunstancias que hoy son inimaginables.

Aquel ex defensor central uruguayo que había logrado todo con Peñarol llegó a Tucumán a finales de los ‘90 como representante de Daniel “Coquito” Rodríguez, un volante ofensivo afrouruguayo ideal para reforzar al equipo que participaba en el Nacional B.

Sin embargo, Juan Manuel Guerra, por ese entonces técnico en 25 de Mayo y Chile, convenció a “Bomba” de incorporarse al equipo junto a su representado. “Les faltaba un defensor”, cuentan en los pasillos del Monumental. Así fue como el padre de Pablo llegó al equipo y no sería para pasar desapercibido. “Era un central rápido, de mucha experiencia y buena pegada. No lo vi mucho porque no se televisaba todo como ahora pero llegué a ver un par de clásicos que jugó contra San Martín y eran bastante picantes”, recordó su hijo, pronto a jugar su segundo partido como titular luego del frustrado debut ante Santamarina (0-1).

Uno de esos clásicos terminó siendo decisivo para él y para Atlético, en el cierre de la temporada. “Santos” y “decanos” jugaban los cuartos de final de la última fase que conducía a Primera. En el partido de ida, habían empatado 1-1 y en la vuelta, el partido estaba 0-0 y el que pasaba a semifinales era San Martín por una ventaja deportiva conseguida a lo largo de la temporada regular.

Cerca del minuto 70, a Atlético le cobraron un penal a favor. “Coquito” era uno de los encargados pero dicen algunos de los que estuvieron en la cancha que le cedió la responsabilidad a otro especialista en la materia: el “Bomba”.

Ese apodo se lo había ganado justamente por la potencia que le daba a sus disparos, pero esta vez el explosivo nunca detonó. El uruguayo apenas la ubicó en un costado y terminó convirtiendo en héroe a Francisco Guillén, el arquero en La Ciudadela.

“Me habló mucho de ese penal”, relata Pablo. “Él siempre le pegaba muy fuerte pero me dijo que venía de meter dos en los partidos pasados y estaba tan confiado con su tiro que solo la tocó”.

El partido finalizó 0-0 y San Martín desfiló a la primera categoría del fútbol argentino. Del otro lado de la cuadra, las cosas no podían ser peores. “Se fue mal del club justamente por eso pero le puede pasar a cualquiera”, dice Pablo.

Así es. Le pasa a cualquiera y hasta a los buenos, como era su padre que jugando para Peñarol salió campeón de la Libertadores y de la Intercontinental, diez años antes, en 1982.

Un espejo

Por eso, no sólo porque sea su padre, Pablo trata de imitar los pasos de “Bomba”, para convertirse en “Bombita”. “Aprendí muchísimo de él”, admite y avisa que también tiene capacidades para la pelota parada. “Me gusta pegarle pero hay que respetar a los que están”, aclara.

¿Y si hay un penal? ¿Cómo le pega el hijo del “Bomba”? “Hago lo posible pero no siempre le pego tan fuerte como él”.

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