Atlético se reencontró con su juego y le ganó a Chacarita

El "decano" se hizo dueño del partido a los 87’ tras el cabezazo criminal del 2-1 de Bruno Bianchi, al primer palo de Taborda.

GUERREROS. Garnier sale jugando desde el medio campo, dejando atrás a Milla, quien salió lesionado en el primer tiempo. la gaceta / foto de héctor peralta GUERREROS. Garnier sale jugando desde el medio campo, dejando atrás a Milla, quien salió lesionado en el primer tiempo. la gaceta / foto de héctor peralta
Leo Noli
Por Leo Noli 06 Abril 2015
Si la perspectiva era de calle Laprida hacia 25 de Mayo, podría decirse que hasta la luna se prendió en un partido dramático y emocional. Es verdad que cuando hubo tensión ella optó por esconderse entre las nubes, pero cuando el show estuvo a cargo de Atlético brilló tanto como sol en pleno verano. Y si se encendió fue porque comprendió que el “decano” buscó desplegar un fútbol vertical y agresivo contra un Chacarita que vio cómo el agua le bañó la cosecha.

Difícil será explicar, entonces, por qué Atlético se hizo dueño del partido a los 87’ tras el cabezazo criminal del 2-1 de Bruno Bianchi, al primer palo de César Taborda. Vamos por partes.

Si el “decano” doblegó a “Chaca” en el primer tiempo fue porque hasta Cristian Lucchetti salió a marcar pasando la mitad de la cancha. Si un “funebrero” tenía el balón, había que robárselo y enterrarlo sin dejar rastros. Y si el cuero era suyo, la idea era canalizar los asaltos a Taborda por diferentes sectores. Volvieron a fluir las proyecciones de Fernando Evangelista y de Nicolás Romat. Volvieron a surtir efecto los pases planos a las espaldas de los centrales de Pablo Garnier y Franco Quiroga. Volvieron a descolocar con sus intercambios posicionales Menéndez, Molina, Leandro González y Acosta. Atlético era un círculo perfecto con proyecciones infinitas.

Así llegó su primera gran chance. Por el piso, pero gracias a una falta con título de penal en el aire. Roncaniere machacó a Menéndez en el cielo, este tomó la posta; Taborda le dijo no desde los 11 metros pero nada pudo hacer en el rebote. Gol y al toque al descanso.

Resulta que cuando el equipo volvió algo cambió. Quizás su sentido de pertenencia por la victoria lo traicionó. Atlético falló al intentar salir de contra y lo pagó con un penal que Elías Zapata mandó a la red, a los 67’. Ese golpe, duro por cierto, trajo nuevamente al partido al equipo. Sin desesperarse, aunque ya poco sutil y claro, Atlético terminó haciendo justicia por mano propia llevándose los tres puntos. Esos puntos que valen oro.

Atlético se fue al descanso en ventaja y volvió al complemento diferente al equipo que fue en el acto uno. Se tiró atrás, intentó salir de contra y lo hizo mal, hasta que le empataron y reaccionó.

A pesar del bache del acto dos, Atlético demostró que cuando está concentrado convierte a esta ciencia incierta llamada fútbol en algo sencillo y vistoso.

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