21 Diciembre 2003 Seguir en 
Una de las principales tareas pendientes en la complicada agenda del Gobierno es lograr estabilidad financiera y desarrollo del crédito. "Sin esas dos condiciones, ninguna economía moderna puede crecer", asegura el economista Eduardo Robinson. El experto en finanzas considera que tal premisa debería orientar las acciones del gobierno en los próximos meses, pues está comprobado el estrecho vínculo entre desarrollo del sistema financiero y crecimiento económico.
El proceso de intermediación financiera que efectúan los bancos entre ahorro e inversión es crucial para motorizar el crecimiento, de aquí la importancia de que mejoren las condiciones tendientes a recomponer el crédito que, pese al impulso voluntarista del Gobierno, sigue estancado, según el master de la Universidad de Siena. Observa que, en julio, desde el Banco Nación y con la intención de empezar a movilizar el crédito, el Poder Ejecutivo anunció el lanzamiento de préstamos hipotecarios y personales, sin lograr buenos resultados, hasta el momento.
Frente a este escenario, Robinson estima que la pregunta sigue siendo ¿por qué no aparece el crédito? La respuesta -expresa-, no es muy distinta de la que podría darse al planteo de por qué no hay más inversión o por qué las personas antes de poner dinero en un banco por un plazo medianamente largo lo piensan diez veces. Es decir, persisten aún dudas en el horizonte económico-financiero, que impiden que se demande financiamiento bancario.
La incertidumbre -aclara-, siempre es un factor determinante en el desarrollo del crédito, tanto en la demanda como en la oferta de fondos. Si los agentes no saben la evolución que tendrá la inflación y por lo tanto el nivel de salario real, hay temor en contraer deuda bancaria. Además de la incertidumbre -observa el economista-, existen otros factores que inciden negativamente para la recomposición del crédito. Del lado de la demanda incluye a la reducción de la capacidad de endeudamiento del sector privado por la caída del salario post devaluación, lo que hace que para el nivel de salario promedio las tasas de interés resulten inaccesibles.
Asimismo -resalta-, la reciente crisis financiera hizo que aumentara la mora de los préstamos otorgados a personas y empresas que, dada la normativa del Banco Central, implica que no califiquen para nuevos financiamientos.
Agrega a esos factores el alto desempleo y la inestabilidad laboral que hacen que muchas personas que podrían tomar fondos prefieran no endeudarse.
En el campo empresario
Robinson dice que si se analiza la demanda de financiamiento desde las empresas se puede diferenciar entre las PyME y las grandes. En el primer caso no demandan fondos bancarios porque o no califican o no tienen en claro la evolución de los sectores a los que pertenecen. Las vinculadas al sector exportador han recurrido al autofinanciamiento o al diferimiento de pagos, o a canales informales de financiamiento. Mientras las grandes empresas se encuentran en procesos de reestructuración de sus pasivos con lo cual no son sujetos de crédito.
Considera el experto que si el análisis se hace por el lado de la oferta de fondos, otro factor de restricción del crédito es el corto plazo promedio de los depósitos que no supera los noventa días y que ocasiona los problemas de fondeo de largo plazo. Los depositantes no asumirán inmovilizar sus fondos por períodos largos si dudan de la solvencia del banco y las bajas tasas de interés ofrecidas a los ahorristas explican el cortoplacismo de los depósitos. Bajo este cuadro de situación, la pregunta que presenta el economista es cuál será la probable evolución del crédito en los próximos meses que permita el crecimiento.
Viento de cola
Entre los factores que juegan a favor del restablecimiento del crédito, el especialista incluye a la reestructuración forzada de las entidades por la crisis. Esta aumentó la morosidad, paralizó el crédito e hizo caer la rentabilidad de los bancos, los que se vieron obligados a ajustar sus estructuras operativas, contribuyendo a bajar el costo financiero.
Por otra parte, los problemas de solvencia han sido resueltos por la normativa vigente que permite la valuación de los títulos públicos a valor técnico. Con lo cual el problema de solvencia desde el punto de vista contable, al menos, estaría resuelto.
A esos factores -añade el analista-, se suma la holgada situación de liquidez del sistema, con una capacidad prestable que supera los $ 8.000 millones y la imperiosa necesidad de mejorar la rentabilidad que tienen los bancos. Además, las perspectivas son alentadoras en cuanto a que continúe el proceso de recuperación de la economía durante 2004.
¿En qué puede ayudar el gobierno en el proceso de reconstrucción del crédito?, plantea Robinson. Luego señala que, en términos generales, deberá construir un entorno macroeconómico estable y un marco institucional sólido y consistente con las políticas económicas, que las leyes no se cambien todos los días. En particular -prosigue-, deberá sustituir el impuesto al cheque, generar instrumentos para reducir los descalces de monedas, explicitar cuestiones claves como la unidad de cuenta, el rol de la banca pública, realizar algunas adaptaciones normativas tendientes a viabilizar el crédito hacia el sector productivo, analizar los problemas de endeudamiento fiscal de las empresas, entre otros. Como se ve -observa el experto-, en el proceso de recuperación del crédito de largo plazo hay pros y contras. En la medida que se vaya consolidando la situación fiscal, gane credibilidad la política monetaria, mejore la situación laboral y las empresas tengan más claro el horizonte económico y jurídico, de a poco irá reapareciendo el crédito. "Hay que tener claro que se trata de un proceso y que la solución no se alcanza con decretos, porque, como dicen en el sector, puede que no haya una tercera oportunidad en 2005", advierte Robinson.
El proceso de intermediación financiera que efectúan los bancos entre ahorro e inversión es crucial para motorizar el crecimiento, de aquí la importancia de que mejoren las condiciones tendientes a recomponer el crédito que, pese al impulso voluntarista del Gobierno, sigue estancado, según el master de la Universidad de Siena. Observa que, en julio, desde el Banco Nación y con la intención de empezar a movilizar el crédito, el Poder Ejecutivo anunció el lanzamiento de préstamos hipotecarios y personales, sin lograr buenos resultados, hasta el momento.
Frente a este escenario, Robinson estima que la pregunta sigue siendo ¿por qué no aparece el crédito? La respuesta -expresa-, no es muy distinta de la que podría darse al planteo de por qué no hay más inversión o por qué las personas antes de poner dinero en un banco por un plazo medianamente largo lo piensan diez veces. Es decir, persisten aún dudas en el horizonte económico-financiero, que impiden que se demande financiamiento bancario.
La incertidumbre -aclara-, siempre es un factor determinante en el desarrollo del crédito, tanto en la demanda como en la oferta de fondos. Si los agentes no saben la evolución que tendrá la inflación y por lo tanto el nivel de salario real, hay temor en contraer deuda bancaria. Además de la incertidumbre -observa el economista-, existen otros factores que inciden negativamente para la recomposición del crédito. Del lado de la demanda incluye a la reducción de la capacidad de endeudamiento del sector privado por la caída del salario post devaluación, lo que hace que para el nivel de salario promedio las tasas de interés resulten inaccesibles.
Asimismo -resalta-, la reciente crisis financiera hizo que aumentara la mora de los préstamos otorgados a personas y empresas que, dada la normativa del Banco Central, implica que no califiquen para nuevos financiamientos.
Agrega a esos factores el alto desempleo y la inestabilidad laboral que hacen que muchas personas que podrían tomar fondos prefieran no endeudarse.
En el campo empresario
Robinson dice que si se analiza la demanda de financiamiento desde las empresas se puede diferenciar entre las PyME y las grandes. En el primer caso no demandan fondos bancarios porque o no califican o no tienen en claro la evolución de los sectores a los que pertenecen. Las vinculadas al sector exportador han recurrido al autofinanciamiento o al diferimiento de pagos, o a canales informales de financiamiento. Mientras las grandes empresas se encuentran en procesos de reestructuración de sus pasivos con lo cual no son sujetos de crédito.
Considera el experto que si el análisis se hace por el lado de la oferta de fondos, otro factor de restricción del crédito es el corto plazo promedio de los depósitos que no supera los noventa días y que ocasiona los problemas de fondeo de largo plazo. Los depositantes no asumirán inmovilizar sus fondos por períodos largos si dudan de la solvencia del banco y las bajas tasas de interés ofrecidas a los ahorristas explican el cortoplacismo de los depósitos. Bajo este cuadro de situación, la pregunta que presenta el economista es cuál será la probable evolución del crédito en los próximos meses que permita el crecimiento.
Viento de cola
Entre los factores que juegan a favor del restablecimiento del crédito, el especialista incluye a la reestructuración forzada de las entidades por la crisis. Esta aumentó la morosidad, paralizó el crédito e hizo caer la rentabilidad de los bancos, los que se vieron obligados a ajustar sus estructuras operativas, contribuyendo a bajar el costo financiero.
Por otra parte, los problemas de solvencia han sido resueltos por la normativa vigente que permite la valuación de los títulos públicos a valor técnico. Con lo cual el problema de solvencia desde el punto de vista contable, al menos, estaría resuelto.
A esos factores -añade el analista-, se suma la holgada situación de liquidez del sistema, con una capacidad prestable que supera los $ 8.000 millones y la imperiosa necesidad de mejorar la rentabilidad que tienen los bancos. Además, las perspectivas son alentadoras en cuanto a que continúe el proceso de recuperación de la economía durante 2004.
¿En qué puede ayudar el gobierno en el proceso de reconstrucción del crédito?, plantea Robinson. Luego señala que, en términos generales, deberá construir un entorno macroeconómico estable y un marco institucional sólido y consistente con las políticas económicas, que las leyes no se cambien todos los días. En particular -prosigue-, deberá sustituir el impuesto al cheque, generar instrumentos para reducir los descalces de monedas, explicitar cuestiones claves como la unidad de cuenta, el rol de la banca pública, realizar algunas adaptaciones normativas tendientes a viabilizar el crédito hacia el sector productivo, analizar los problemas de endeudamiento fiscal de las empresas, entre otros. Como se ve -observa el experto-, en el proceso de recuperación del crédito de largo plazo hay pros y contras. En la medida que se vaya consolidando la situación fiscal, gane credibilidad la política monetaria, mejore la situación laboral y las empresas tengan más claro el horizonte económico y jurídico, de a poco irá reapareciendo el crédito. "Hay que tener claro que se trata de un proceso y que la solución no se alcanza con decretos, porque, como dicen en el sector, puede que no haya una tercera oportunidad en 2005", advierte Robinson.







