China Zorrilla: La pasión de la gran dama rioplatense

En 2001 la actriz concedió a LA GACETA una entrevista repleta de anécdotas y hasta recitó un conmovedor poema de Sor Juana Inés de la Cruz

18 Sep 2014 Por Gustavo Martinelli
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LA GACETA / FOTO DE JUAN PABLO SANCHEZ NOLI

Hay una línea de William Shakespeare que no volverá a interpretar. Un poema de Emily Dickinson que no podrá recitar. Un sendero crepuscular que ya no recorrerá. Porque China Zorrilla, la gran dama de la escena rioplatense, partió ayer así, sin despedirse; como si se hubiera esfumado tras bambalinas en una de sus amadas funciones de “Camino a la Meca”.

Dice Stendhal que hacen falta al menos diez líneas en francés para alabar a una mujer con delicadeza. Pero se necesitarían muchas más en español para hacer medianamente justicia a China en esta despedida. Tenía 92 años, pero los que tuvimos la posibilidad de conocerla, sabíamos que era ciertamente una mujer sin edad. “Lo que más me preocupa no es envejecer sino dejar de ser feliz”, dijo una vez. ¡Y vaya si cumplió con ese deseo!

Durante una de sus visitas a Tucumán, en 2001, China deslumbró con su personalidad vigorosa y su anecdotario infinito, como de quien ha vivido diez vidas. Estaba en la provincia para presentar el unipersonal “Había una vez”, en el que se proponía “destejer el arco iris” (como decía John Keats, su poeta preferido) contando anécdotas de su prodigiosa vida. Y, por supuesto, concedió a LA GACETA una entrevista que resultó particularmente rica.

El encuentro se realizó en un hotel del centro, a las tres de la tarde de un miércoles inesperadamente lluvioso. China apareció del brazo del productor con su clásico bastón y el pañuelo en el cuello que era como su sello personal. “Buenas tardes”, dijo mientras se sentaba en un coqueto sofá estilo Pompadour. Luego de acomodar los pliegues de su blusa, dijo: “bueno, soy toda suya”. Y de inmediato, casi por inercia, sin mediar preguntas, empezó a contar historias que parecían escritas por el mismísimo Woody Allen. Su amistad con Dustin Hoffman, su romance con el actor de Hollywood Danny Kaye, la original dedicatoria de Eduardo Galeano que la llenaba de orgullo (“Para China, en sus primeros 80 y, por favor, no te olvides de seguir naciendo”) y sus clases de ruso en París con el bisnieto de León Tostoi fueron algunos de sus tesoros compartidos.

Tan a gusto se sintió durante la charla que hasta incluso se paró en mitad del salón y recitó un largo y conmovedor poema de Sor Juana Inés de la Cruz que provocó aplausos y lágrimas espontáneas. “¿Vieron? Eso generan los grandes poetas”, sentenció. Al final, de manera casi inevitable, habló del amor. Le preguntamos: “¿cuántas veces estuvo enamorada?” Y ella contestó: “muchas, pero sobre todo, de una sola persona”. “¿Y quién era?”, retrucamos. “Ni loca se los cuento”, respondió entre risas. Y es que esta uruguaya de pura estirpe porteña no sentía que el amor haya sido su deuda pendiente. En cambio se arrepentía de no haber sido madre. “He tenido mucha suerte en mi vida menos en una cosa. Yo debería haberme casado y tener al menos un hijo. En eso pienso cada vez que me acuesto”, reveló aquel miércoles.

Morir en paz
Antes de la despedida, dijo algo que realmente nos sorprendió: “aunque no lo crean soy también colega de ustedes”. Y contó que, por un breve período escribió para el diario El País de Montevideo y también realizó entrevistas para la televisión argentina. Precisamente alguna reliquia documental de aquella época vaga en Internet: quien busque “China Zorrilla y Freddy Mercury” en YouTube se topará con la actriz entrevistando al líder de Queen, en una visita que la banda británica realizó a la Argentina en 1981. “Era un ser encantador. Sentí mucho su muerte”, dijo China de Mercury. Y, al hablar de la muerte del cantante, no pudo evitar referirse a la suya: “Para mí estar viva es un festejo. Me falta morir en paz”. Y lo consiguió. ¡Hasta siempre China!

DE UN LADO Y DEL OTRO.- Nació en Montevideo el 14 de marzo de 1922, pero entre 1971 y 2012 se estableció en Buenos Aires, donde desarrolló el grueso de su carrera artística. Su madre fue la argentina Guma Muñoz del Campo (descendiente de José Artigas y de Estanislao del Campo) y su padre, el escultor José Luis Zorrilla de San Martín.

INICIO Y PERFECCIONAMIENTO.- Su debut en el teatro fue en 1943, en el grupo Ars Pulcra, de la Asociación de Estudiantes Católicos. Cuatro años después fue becada por el British Council para estudiar en la Royal Academy of Dramatic Art. En 1961 fundó el Teatro de la Ciudad de Montevideo, y poco después se radicó en Nueva York. A su regreso, se afincó en la Argentina, ya que la dictadura militar de su país la había incluido en la lista negra.

RECONOCIMIENTOS.- China fue una de las actrices más premiadas: Francia la condecoró como Chevallier de la Legión de Honor en el Grado de Caballero de las Artes y las Letras; Chile, con la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral, y la Argentina, con la Orden de Mayo. Además, ganó estatuillas en los festivales de cine de La Habana, Moscú y Málaga. Fue declarada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, Montevideo y Mar del Plata, recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes y la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento del Senado de la Nación, y Uruguay confeccionó un sello postal en su honor. Obtuvo tres premios Martín Fierro; tres Konex y tres Cóndor de Plata y dos Clarín; aparte de los Estrella de Mar, Florencio Sánchez, Iris, Trinidad Guevara y María Guerrero, cada uno en una oportunidad.

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