Hermano y camarada del general Paz

El sargento mayor Julián Paz peleó junto a su hermano José María, en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe. Fue prisionero de los rosistas y murió exiliado en Montevideo

14 Sep 2014 Por Carlos Páez de la Torre H
La proximidad de un nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán hace oportuno detenerse en la trayectoria, poco y nada conocida, de uno de los actores de aquella célebre acción de 24 de setiembre de 1812. Nos referimos al sargento mayor Julián Paz. Era hermano del famoso general José María Paz y tiene descendencia en Tucumán.

Sus padres, don José Paz y Durán y doña Tiburcia Haedo y Roldán, lo bautizaron en Córdoba el 16 de marzo de 1803, con los nombres de José Julián Isidoro. Fue estudiante de Derecho en la Universidad por un tiempo y, al ocurrir la revolución de mayo de 1810, se enroló sin vacilar, junto con su hermano José María, en el Regimiento “Patricios de Córdoba” que se formó entonces. Ambos tenían grado de tenientes, y su eficacia como instructores les valió el ascenso a los tres meses.

A órdenes de Belgrano
De allí, José María y Julián pasaron al Ejército del Norte, cuando el general Juan Martín de Pueyrredón se hizo cargo de la jefatura, que poco después transferiría a Manuel Belgrano. Según sus biógrafos, los Paz cedieron al Estado los sueldos que les correspondían, donativo del cual el Triunvirato aceptó sólo la mitad.

Julián Paz fue dado de alta como alférez y se agregó al Escuadrón de Húsares con grado de teniente segundo. Acompañó al comandante Juan Ramón Balcarce en su viaje a Tucumán desde el campamento de La Encrucijada. Como se sabe, lo enviaba Belgrano para sondear la disposición de los vecinos respecto a enfrentarse con las tropas realistas de Pío Tristán.

Participó en la batalla de Tucumán, del 24 de setiembre de 1812, ya como teniente primero del citado Escuadrón. En sus memorias -que conservan inéditas sus descendientes- Julián Paz se refiere a la memorable jornada.

La batalla del 24
Tras narrar los preludios del combate, expresa que “el general Belgrano dio la orden de cargar al enemigo, y la infantería y la caballería se movieron simultáneamente con un arrojo digno de la causa que se defendía. El enemigo no tuvo tiempo de salir del estupor que le causó un tan atrevido movimiento, vaciló y desbandó, y antes de quince minutos tenía tendidos en el campo muchos centenares de hombres; y el resto de sus fuerzas se replegaron sobre un monte inmediato abandonando su parque, caja militar y valiosos equipajes”.

En el campo quedaron “muy cerca de mil muertos e igual número de prisioneros”, y con los restos, Tristán “tuvo que retirarse sobre la ciudad de Salta”. En cuanto a su parte en la jornada, Julián Paz narra que su Escuadrón de Húsares “estuvo en el ala derecha de nuestra línea, a las órdenes del comandante don Juan Ramón Balcarce. La caballería del ala derecha fue la que logró romper la línea enemiga y pasando a su retaguardia hizo que toda ella se desbandase”.

La batalla de Salta
Añade Julián Paz: “Tocóme, pues, parte de esta gloria, y la de ser propuesto para capitán en el regimiento de nueva creación, decretado por el general Belgrano, bajo el título de ‘Regimiento de Caballería del Triunfo del Ala Derecha’, del que fue nombrado coronel el comandante Balcarce”. Apunta que las desinteligencias entre éste y el general en jefe determinaron que, finalmente, la unidad no se formara.

Vino después la marcha del ejército en persecución de las fuerzas realistas, campaña que culminó con la gran victoria del 20 de febrero de 1813, en la batalla de Salta. Allí volvió a batirse heroicamente Julián Paz, como teniente y ayudante mayor del Regimiento 6. En la “lista de revista” de la fuerza, fechada en Jujuy meses después, junto al nombre de Paz el general Belgrano anotó la observación: “valor acreditado”.

Las derrotas
En sus memorias, don Julián recuerda que recibió el escudo de oro con el que se condecoró a los oficiales, y que tenía grabado el lema “La Patria al vencedor en Salta”. Agrega que “después, en mis desgracias, llegó el momento en que ese escudo con que había sabido entusiasmarme, tuve que venderlo para dar de comer a mis hijos. Tenía de peso media onza de oro y lo vendí con seria pérdida”.

Junto con su hermano José María, cabalgó luego en la siguiente campaña al Alto Perú, que terminó con los desastres de Vicapugio y Ayohuma. En ambas acciones, se batió con grado de teniente de Dragones. En la turbulenta retirada que siguió a la última derrota, José María Paz narra que, mientras cabalgaba por uno de los “fragosos senderos”, se le acercó un oficial y le dijo: “A su hermano le han muerto el caballo; queda atrás, viene a pie y en el más grande peligro”.

Rescate del hermano
José María partió inmediatamente en busca desesperada de Julián. Cruzó “sendero tras sendero”, hasta que por fin pudo encontrarlo. Julián le contó que, al trepar una barranca, un tiro acertó a su cabalgadura, que cayó en el acto y “le apretó una pierna, que pudo zafar con trabajo, dejando hasta la espuela”.

Había pedido inútilmente ayuda a los compañeros que pasaban al galope. Logró asirse a la punta del poncho de uno de ellos, el paraguayo Esquivel, “y ayudarse un trecho casi arrastrándose en su penosa carrera, hasta que no pudiendo seguir la violencia del caballo de Esquivel, largó el poncho y este desapareció”, narró a su hermano.

Los realistas estaban muy cerca. José María quiso llevarlo en ancas pero, cuenta, “era tal su fatiga y cansancio que no pudo subir; le tomé entonces un brazo y poniéndolo bajo del mío lo ayudé a caminar casi arrastrándolo, hasta llegar a una quiebra del terreno que ofrecía la comodidad de un excelente estribo. Entonces montó y yo piqué para alejarme de aquel infierno de balas y peligros”.

Sipe Sipe y retiro
Alcanzaron enancados la retaguardia. Allí José María lo dejó a salvo y tuvo que volver junto al coronel Cornelio Zelaya, “para que no se creyese que con pretexto de salvarlo me separaba del peligro”. Julián anduvo un rato a pie, y luego un soldado desmontó y le entregó su caballo.

Luego, continuó su servicio de oficial en el Ejército del Norte. Capitán en 1814, fue ayudante de Balcarce y luego del general José Rondeau. A las órdenes de este luchó en el contraste de Sipe Sipe. Después, afectado seriamente por el paludismo, obtuvo “licencia absoluta” del Ejército, con grado de sargento mayor, y regresó a Córdoba.

En la ciudad natal se dedicó al comercio. Pero no se desvinculó de las tareas militares. En 1817 revistaba como comandante de la frontera sobre Santa Fe, y en 1818 tenía igual cargo sobre las Islas del Tordillo. Entró luego a trabajar en la Administración de Correos de Córdoba, que dirigía su padre. Al fallecer éste en 1825, lo reemplazó en el cargo, nombrado por el gobernador Juan Bautista Bustos. Ese año se casó con doña Juana Ocampo.

Preso de los federales
Pero se complicó en una conspiración contra Bustos en 1826, junto con Ortiz de Ocampo, Rafael Fragueiro y otros personajes. Esto lo obligó a dejar la provincia y establecerse en Mendoza. Cuando su hermano José María depuso a Bustos y asumió la gobernación, volvió al cargo en el Correo. Y en 1831, al ocupar Gregorio Aráoz de La Madrid, por breves días, el gobierno de Córdoba, designó ministro de Guerra al sargento mayor Julián Paz.

Cuando la retirada del Ejército de la Liga del Interior hacia el Norte –rumbo a la derrota de La Ciudadela de Tucumán- Julián Paz cayó prisionero de los federales. Lo conducían preso al campamento porteño de Santos Lugares; pero, al llegar a Santa Fe, sus captores resolvieron quedarse. Dieron a Julián Paz la ciudad por cárcel, y permaneció en ella casi dos años. En su transcurso, pudo visitar varias veces al hermano José María. Este, como se sabe, había sido capturado en 1831 y permanecía alojado en un calabozo de la Aduana santafesina.

Lejos de la patria
En 1833, el gobernador Estanislao López ordenó que Julián Paz saliera de la provincia. Pasó entonces a Buenos Aires y de allí a Colonia, donde se dedicó a las tareas rurales. Años después se encontraría en la localidad uruguaya con José María, cuando este pudo fugarse de Buenos Aires, en 1840.

Al asumir José María la jefatura del Ejército de Reserva, se trasladó Julián a Montevideo. El gobierno de Corrientes lo nombró su representante, encargándole gestionar un tratado y un empréstito con el Uruguay. Pero en 1842 debió dejar esa función, al producirse la ruptura entre su hermano general y el gobernador Pedro Ferré.

Entre grandes estrecheces, se las arreglaba para mantener a su esposa y a sus seis hijos, con la casa de comercio que había instalado en la capital del Uruguay. Soñaba con regresar a su país algún día, pero no pudo hacerlo. Julián Paz falleció en Montevideo un año antes de la caída de Rosas, el 1 de marzo de 1851.

Uno de sus hijos, Manuel J. Paz, iniciaría una gran vinculación con Tucumán. Al transformarse la sociedad Guzmán y Leston en una sociedad anónima, la Compañía Azucarera Concepción, se incorporó a ella como accionista y primer presidente del directorio, en 1902. Y de don Manuel desciende la familia tucumana de los Paz, que durante tantos años estuvo al frente del ingenio Concepción.

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