Las enseñanzas que nos dejó la crisis

Los expertos estiman que de toda etapa difícil se aprenden lecciones importantes para el presente y el futuro del país. El análisis de dos economistas tucumanos. El mensaje de Lavagna.

14 Diciembre 2003
Hasta el propio ministro Roberto Lavagna, instó el jueves último a sacar lecciones de las crisis, porque consideró que siempre enseñan algo.En coincidencia con el conductor que permitió al país comenzar a salir de la peor etapa de su historia, el economista e investigador de la UNT, Franco Eugenio Nanni, señala que la Gran Depresión de los años 30 enseñó que el ajuste clásico no era tan automático como la teoría económica tradicional predicaba.
La inflación de los 70 -indica-, seguida de recesión (stagflation), enseñó que no siempre se puede contrarrestar el paro o la caída en el crecimiento con gasto público, que la política sugerida por la teoría keynesiana tenía como límite la inflación.
La gran crisis argentina de 2001 enseñó que el financiamiento externo de los gastos de un estado ineficiente, deficitario y corrupto tiene como límite el aumento de las tasas de "riesgo país" a niveles exorbitantes y la huida de los capitales. También dejó claro que el sostenimiento de un tipo de cambio real bajo, con flujos externos de capitales plantea un problema de inestabilidad de largo plazo y de apertura de la economía por encima de niveles tolerables de desempleo local.
Nanni observa, asimismo, que la gran tasa de desempleo de los recursos locales, generada por un subsidio encubierto a las importaciones y un castigo encubierto a las exportaciones, con un tipo de cambio bajo elevó los niveles de pobreza a valores nunca antes registrados. Esto tuvo, a su vez, sus consecuentes efectos perversos sobre la criminalidad, la corrupción y las actividades mafiosas (tales como los secuestros extorsivos de personas por dinero, que nunca antes habían tenido semejante gravedad. La gran crisis, según el economista de la UNT, enseñó también que el tipo de cambio no era sostenible, que la apertura de la economía que provocaba ese nivel de tipo de cambio no era compatible con el empleo interno y que las finanzas públicas habían quedado exhaustas. En efecto, la pobre economía argentina no pudo resistir el nivel de endeudamiento monstruoso que los diferentes gobiernos ineficaces, corruptos e irrepresentativos le habían impuesto al futuro.
Considera el experto que la crisis mostró los límites para el grado de endeudamiento que puede tener un país latinoamericano y que se lo mostró no solamente a quienes tomaron los préstamos sino también a quienes los concedieron. Porque -aclara-, de la misma manera que en el quebranto de un crédito concedido por cualquier banco se reflejan tanto el fracaso del que presta como del que toma el préstamo (fracaso económico, moral e institucional), el fracaso de los créditos concedidos a la Argentina tiene dos sectores responsables. Se debe tanto a quienes los tomaron (los gobiernos de turno) como a quienes los concedieron y avalaron (los prestamistas privados nacionales y extranjeros, los organismos institucionales como el FMI y el Banco Mundial, etc.)
Si es ahora tan sencillo de determinar que la Argentina solo puede pagar una deuda del 25% de lo que adeuda, Nanni se pregunta¿por qué los que prestaron no pudieron, no supieron o no quisieron ver estos límites? Se plantea, asimismo, ¿por qué los que nos representaron no comprendieron que no existía capacidad de pago para "honrar" esas deudas y los que prestaban no advirtieron que esta economía enferma no resistía más?
Después de comunicar su descontento los acreedores privados tendrán que aceptar lo que se les ofrece: un 25% de la deuda anterior. Ese monto -concluye Nanni- sumado a la deuda (sin quita) con los organismos multilaterales de crédito (FMI, Banco Mundial, BID, etc.) constituye la nueva deuda externa argentina, cuyo valor actual se puede estimar en alrededor de unos U$S 60.000 millones. O sea con una quita global ponderada del 60% si incluimos a los "acreedores privilegiados".

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