Compartiendo experiencias sobre la crianza de los hijos

Una tendencia que crece, la de las mujeres que se nuclean en “tribus” para acompañarse en la experiencia de ser madres.

31 Ago 2014 Por Natalia Viola
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INTERCAMBIANDO PARECERES. La primera tribu es la familia próxima; pero las otras miradas también enriquecen, opinan estas mamás tucumanas. LA GACETA / FOTOS DE DIEGO ARÁOZ

Greta, de dos años, ha encontrado su disfraz de Minnie y quiere ponérselo. Valentín, de 4 años, y Bruno, de 5, han dado vuelta el dormitorio y los canastos de juguetes para buscar la parte de adelante de un camión remolcador. “¿Ves? ¡Te dije que estaba!”, festeja Bruno cuando lo encuentra. Mientras tanto Ema, de 9 meses, y Benicio, de 10 meses, juegan sentaditos en el pasto, chupan todo lo que tienen a mano y Ema decide ir más allá y darle un bocado a la tierra húmeda.

Sus mamás están ahí con un ojo en cada hijo y la cabeza metida en la charla. Un desdoblamiento admirable que se inaugura el día que te convertís en madre y ya no serás nunca más “vos sola”. Están en ronda compartiendo unos mates. No son amigas de la infancia, sino que se convirtieron en compañeras de crianza. ¿En qué?

Belén Haad, Bárbara Kortsarz Hillen, Agustina Soria Caro y Erika Aráoz lo explican así: “Desde el embarazo hemos buscado algo distinto. Todas compartimos una mirada particular sobre el parto y la crianza de los hijos y creemos que trabajar en grupo nos fortalece”. El grupo se completa con Montserrat Luna, 26 años, mamá de Gaspar; y Constanza Espíndola, 20 años, mamá de Mallku, que ese día no están.

¿Cómo se encontraron? Un poco de coincidencia y otro poco de casualidad, si es que esto existe. Se dieron cuenta que por momentos la crianza se hace cuesta arriba y te sentís sola y llena de dudas. O con miles de parámetros en los que sentís que no encajás.

La maternidad despertó en ellas la necesidad de hacer algo más que transite a la par de su trabajo regular como biólogas, artistas plásticas o instructora de yoga. Algunas además son doulas (mujer que acompaña a una embarazada durante la gestación y el trabajo de parto), estudiantes de puericultura y obstetricia.

Una segunda vocación que estaba guardada y que afloró el día que se enteraron que serían madres. En el caso de Erika, ella es la única que no es mamá del grupo, pero aporta su saber de estudiante avanzada de obstetricia.

La idea de tribu

El concepto de que para criar a un niño se necesita una tribu proviene de un proverbio africano, que tomó actualidad con la publicación del libro “Aprender a Vivir” del profesor, escritor y filósofo español José Antonio Marina. Educar, formar, sostener, proteger es un trabajo que no tiene fecha de caducidad. Hacerlo sin acompañamiento es difícil. La tribu se presenta, entonces, como ese grupo con el que se pueden compartir una mirada especial y códigos comunes. Por qué no discutir y proyectar modelos y derribar mitos acerca de la crianza. La primera tribu es la familia próxima, pero en tiempos modernos donde no siempre se coincide, también pueden ser otras mujeres que estén dispuestas a maternar en tribu.

Enfrentar el desafío de la crianza sabiendo que hay otras -como ellas y como miles más- que sienten lo mismo, que tienen dudas, que se debaten entre los miles de consejos que reciben, que no les alcanza con lo que su pareja puede aportar (aunque son un importante soporte y acompañamiento). Pero en los primeros años, sobre todo, el gran peso de la crianza recae en la mamá. “Hay pocos lugares compatibles con la crianza. Incluso dentro de la familia no siempre hay lugar para sentirte comprendida”, aporta Bárbara.

“Aquí sabés que podés decir lo que pensás y que no te van a juzgar. Porque es un lugar en el que te sentís protegida porque coincidimos en criterios comunes de crianza”, añade Belén, más tranquila después de lavarle la boca llena de tierra a Ema. El parto natural y la crianza respetuosa son los principales valores compartidos en este grupo.

Lactancia, una puerta

Ese día la reunión es en la casa de Bárbara en la zona de El Corte. El día está cálido y los chicos juegan a sus anchas en el jardín y en la galería. “Aquí ellos pueden circular e interrumpir porque forma parte de este encuentro y nosotras podemos laburar con las interrupciones”, comenta Bárbara mientras Bruno le tira de la pollera porque no encuentra su disfraz de Spiderman.

Las seis decidieron formar hace unos meses el grupo de apoyo a la lactancia, Warmi (que significa mujer en quechua), para brindar asesoramiento a las mamás a las que se les presenta alguna dificultad durante la lactancia. Con ellas tienen una reunión semanal los sábados.

Además, las seis se reúnen un día de semana para preparar los encuentros y, de paso, charlar y compartir con los chicos. “Es más que tomar mate. Es la posibilidad de sacar el pie del acelerador y reflexionar sobre los parámetros de crianza”, dicen. La experiencia de grupo enriquece cada encuentro, así que después del destete muchas quieren seguir en contacto. Así se van tejiendo los lazos en el camino de la crianza que enfrenta a los padres a un nuevo aprendizaje.

Falta que las instituciones tengan en cuenta la etapa de posparto

“La visibilidad de la mujer comenzó a vincularse con el mundillo social masculino que tiene que ver con lo laboral y profesional”, reflexiona Paula Santillán, psicóloga especializada en temas de lactancia y crianza. Las preguntas: ¿quién sos? y ¿qué hacés? no esperan la maternal salida: “Soy mamá de tres hijos”. De repente, la maternidad en estos últimos años encontró a una mujer ejerciéndola sola. Sin otras figuras femeninas que la rodeen y acompañen. “En el contexto familiar predomina la familia nuclear y muchas veces a la madre le toca quedarse sola con el niño”, explica Paula.

Entonces surge la necesidad de una red de contención. Quizás, antes había figuras fuertes de abuelas, tías o comadres que ayudaban a maternar y a contener a esa mujer-madre a la que las dudas, los miedos y el desvelo la tienen agobiada. Hoy es muy común que las abuelas todavía trabajen o tengan una vida social bastante activa y llena de compromisos. No tienen las manos libres.

“Las mujeres buscan estos grupos también para fortalecerse en la toma de decisiones y les sirve estar acompañadas por otras de la misma generación. Muchas veces surgen conflictos intergeneracionales o se sienten muy cuestionadas por otras personas de su propio entorno”, añade.

Desde su óptica opina que falta que las instituciones ofrezcan espacios para después del parto, para puerperas. “Hay mujeres que tienen dudas durante la lactancia y vuelven a donde han parido, pero allí no les ofrecen una respuesta”.

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