Un peritaje que sigue generando polémica

El presidente del Centro Argentino de Ingenieros, Alfredo Bignoli, afirma que fue una explosión interna. Un experto en estructuras.

19 May 2002
Diez años atrás, la Suprema Corte de Justicia de la Nación le encomendó al ingeniero Arturo Bignoli el peritaje del atentado contra la Embajada de Israel, con otros dos expertos en Estructuras, el tucumano Rodolfo Danesi y el porteño Alberto Pupo. Como sus pares, él concluyó entonces que la explosión que segó la vida de más de 30 personas fue interna, y no externa, como sigue afirmando hoy el propio Carlos Fayt, uno de los jueces de la Corte, en su libro "Criminalidad del terrorismo sagrado".
En su momento, la conclusión de los tres peritos fue la misma, aunque trabajaron por caminos diferentes, recordó Bignoli en diálogo con LA GACETA.
"El punto principal era la ubicación de la bomba. Y por los dos caminos concluimos que había sido puesta adentro. Era muy claro que había sido una explosión interna", explicó.
Bignoli, quien preside el Centro Argentino de Ingenieros, reconoce que ese peritaje generó polémica y hasta rechazo. Y lo atribuye a que la embajada de Israel quería "echarle la culpa a un país islámico".
De paso por Tucumán, donde habló sobre "Etica en la ingeniería" en la UNSTA, enfatiza: "nuestra misión no era policial. Nosotros no teníamos que buscar al señor que colocó la bomba. Pero veíamos que (en el edificio de la Embajada) se estaban reconstruyendo algunos locales; y ese día habían ingresado bultos con material para la construcción. De modo que era muy fácil ingresar los explosivos en esos bultos".
La investigación judicial sobre la tragedia de la Embajada de Israel sigue abierta, y esa morosidad es una de las motivaciones que esgrime el Congreso para pedirle juicio político a la Corte.
-¿Fue el caso más complejo que le haya tocado investigar?-Cualquier peritaje es complejo. Pero este tenía una carga especial.
Cuando concluimos el peritaje, mantuvimos silencio. Nos acusaron de nazis y de antisemitas. Pero no contestamos, primero, porque había una reserva. Pero luego hicimos una exposición en Tribunales, ante casi todos los miembros de la Corte. Y esa exposición fue filmada y grabada. Pero nunca se publicó.

-Respecto de otro tema, ¿qué hace un perito ante un edificio con serias fallas de estructura?
-Es un problema legal, en cuanto a la responsabilidad. Pero el ingeniero que ha constatado esa situación tiene la grave responsabilidad de denunciarlo inmediatamente a la municipalidad.

-¿Qué haría usted?
-Le cuento qué hice en un caso similar, que está publicado en la revista de la Cámara de la Construcción, en el año 69. Había un edificio construido por un prestigioso estudio de arquitectos. Y uno de sus ocupantes me llamó un día para mostrarme unas fisuras. Le pedí los planos, y vi que las fisuras eran importantes, porque denotaban un proceso que podía significar la caída del edificio, que en ese momento estaba algo menos de un metro salido de plomo. Cuando llegué a esa conclusión, la Municipalidad estaba cerrada. No pude dormir. Y al día siguiente, lo primero que hice fue ver al arquitecto, que además era amigo. Se puso blanco. Y me dijo: uno hace las obras con todo el amor posible y después pasa esto. El había confiado en un ingeniero. Después fui a ver al secretario de Obras Públicas de la Municipalidad, y fuimos a ver al intendente; "hay que desocuparlo", dijo este. Por la noche, desocupamos el edificio. Y la gente se fue, pero a regañadientes. El edificio se desocupó, y hubo que reforzarlo totalmente.

-¿A veces hay que voltear el edificio?
-El problema no pasa por la ingeniería sino por la economía. Siempre es posible reforzar la obra.Bignoli añade que en la Argentina no hay muchas estadísticas sobre fallas en las construcciones. "Tenemos la extraña tendencia a tapar las fallas. Técnicamente -asegura- es imposible pensar en una obra sin fallas. Pero muchas no trascienden".

-¿Se construía mejor antes?
-En las Facultades de Arquitectura les dan todas las materias de diseño, y al final dan las técnicas. Torroja decía: la arquitectura es un arte, pero las obras de arte de la arquitectura tienen que protegernos, que abrigarnos, que cobijarnos de la lluvia y del viento. Y además, no deben caerse.