11 Diciembre 2003 Seguir en 
TRIPOLI.- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se reunió ayer en una tienda militar con el líder libio, Muammar Gaddafi, en el cierre de su gira de nueve días que abarcó Siria, Líbano, Emiratos Arabes Unidos y Egipto. Ante unos 200 empresarios brasileños y libios, Lula propuso un aumento de las relaciones comerciales entre los dos países. "No tenemos tiempo que perder. El comercio entre Brasil y Libia se encuentra en un nivel muy inferior a su potencial", dijo. También defendió en forma enfática el restablecimiento de estrechas relaciones entre América del Sur y el mundo árabe, para crear "una nueva geografía política y comercial del mundo".
La aproximación de Brasil con países que inspiran desconfianza en Washington -principalmente Siria y Libia- ha sido motivo de críticas en Brasil. En la réplica, el mandatario dijo que era lamentable que en su país exista una mentalidad tan subordinada a EE.UU., y afirmó que la gira ha sido importante para Brasil política y comercialmente.
Una tienda atrincherada
La reunión con Gaddafi -segunda en dos días- se desarrolló en una tienda del complejo de Bab-Aziziya, donde el coronel libio, quien controla el país desde 1969, reside protegido por un fuerte aparato de seguridad. Alrededor de la tienda -con sofás, alfombras y aire acondicionado- hay cavadas trincheras. Según Lula, el fin de las sanciones económicas internacionales impuestas a Libia crean las condiciones para que el comercio recíproco y las inversiones bilaterales crezcan. Lula y Gaddafi habían mantenido un primer encuentro el martes, delante de un edificio en ruinas que servía de residencia al coronel hasta que fue bombardeado por fuerzas estadounidenses en 1986, en ataques contra las ciudades de Trípoli y Benghazi. El edificio nunca fue reconstruido por voluntad de Gaddafi, quien conserva las ruinas como un símbolo de la memoria de su enfrentamiento con EE.UU. (Télam/Reuter)
La aproximación de Brasil con países que inspiran desconfianza en Washington -principalmente Siria y Libia- ha sido motivo de críticas en Brasil. En la réplica, el mandatario dijo que era lamentable que en su país exista una mentalidad tan subordinada a EE.UU., y afirmó que la gira ha sido importante para Brasil política y comercialmente.
Una tienda atrincherada
La reunión con Gaddafi -segunda en dos días- se desarrolló en una tienda del complejo de Bab-Aziziya, donde el coronel libio, quien controla el país desde 1969, reside protegido por un fuerte aparato de seguridad. Alrededor de la tienda -con sofás, alfombras y aire acondicionado- hay cavadas trincheras. Según Lula, el fin de las sanciones económicas internacionales impuestas a Libia crean las condiciones para que el comercio recíproco y las inversiones bilaterales crezcan. Lula y Gaddafi habían mantenido un primer encuentro el martes, delante de un edificio en ruinas que servía de residencia al coronel hasta que fue bombardeado por fuerzas estadounidenses en 1986, en ataques contra las ciudades de Trípoli y Benghazi. El edificio nunca fue reconstruido por voluntad de Gaddafi, quien conserva las ruinas como un símbolo de la memoria de su enfrentamiento con EE.UU. (Télam/Reuter)







