Un toque de atención

La reestatización del Correo Argentino tiene varios elementos para analizar.

20 Noviembre 2003
Por Angel Anaya

BUNOS AIRES.- El punto final a la concesión del Correo Argentino dispuesto por Néstor Kirchner -adelantándose a una decisión judicial que pudo haberlo impedido y se aguardaba casi al mismo tiempo- debe ser observado como una advertencia sobre los límites del Gobierno para revistar los contratos de servicios. Por otra parte, la decisión presidencial de privatizar nuevamente la empresa en plazo cierto y razonable, advierte también que entre las preocupaciones oficiales no figura un retorno al estatismo, lo cual es definido por el ministro Julio De Vido como un regreso a la buena letra en materia de servicios públicos. Tantos son los débitos del Grupo Macri, gestor del Correo hasta ese decreto, que es muy difícil objetar la decisión cancelatoria, por más que haya quienes piensen humanamente que el finiquitado permisionario provoca fuerte grima en el Presidente. La decisión puede tener secuelas judiciales porque los abogados de la empresa desplazada tratarían de hacer valer un pronunciamiento previo de la Justicia, al cual se adelantó el decreto. Desde otro perfil, la medida debe ser vista como un triunfo del ministro de Planificación Federal, aunque inesperada para su colega de Economía, Roberto Lavagna, más preocupado por las relaciones económicas externas.

Capitalismo serio
Kirchner puso su firma en el decreto después de hacerse escuchar en la Convención Anual de la Construcción, donde defendió las alternativas de "un capitalismo serio que otorgue el bienestar que merecemos" y que está muy lejos de las presunciones que se expresan a propósito de ciertos gestos políticos suyos. Sus repetidas ausencias de otras convocatorias empresariales no se repitieron en este caso porque el ministro De Vido, de su extrema confianza, lo requirió para hablar de inversiones públicas con fondos del Banco Mundial y el Interamericano de Desarrollo. Fue en la misma ocasión cuando se aseguró nuevamente que no habrá nuevas tarifas públicas antes del año próximo, a cambio de lo cual Kirchner pudo escuchar un mensaje muy estimulante del titular de la cámara, Eduardo Baglietto. "Por primera vez en muchos años -dijo el anfitrión- quienes llevan las riendas del Estado manejan con convicción un concepto económico afín a la producción y el empleo".
Seguramente que las dificultades del Gobierno y, en especial, del Presidente para exponer una imagen conceptual homogénea sobre su gestión, guardan consecuencia con las interpretaciones diversas que algunos colaboradores asignan a sus actos y gestos. Ello acaba de ocurrir nuevamente con el viaje a Bolivia, donde esas voces contradictorias de voceros y hasta de ministros, dieron lugar a la exquisita metáfora del canciller Bielsa: "Los gobiernos son como esas especies de orugas chinas, donde hay petisos y altos cubiertos por un manto de seda y, entonces, así funciona...". (De nuestra Sucursal)

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