19 Noviembre 2003 Seguir en 
El peronismo, ¿dónde está? No está en el gobierno y su sede natural, en Rivadavia 157, muestra la cara del abandono dirigencial. ¿Qué sucedió después del 29 de octubre? Algunos dicen que el justicialismo está conspirando, otros que está en proceso de reacomodamiento. Algunos hablan de desconcierto y una buena parte asegura que está observando. En el centro de la mira está quien usó al justicialismo y sus símbolos para llegar al poder: José Alperovich. Se siguen sus pasos, se evalúa cada acción de gobierno y, más que nada, se intenta descubrir en un gesto alguna referencia sobre lo que pretende hacer con el peronismo. Las opciones no son muchas: enfrentarlo, absorberlo o eliminarlo. Por ahora se limita a abrazarlo, como a todo el mundo, algo muy propio del "estilo Al". Tal vez la décima verdad peronista le sirva en este caso: "los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y de amor".
Con Alperovich en el Poder Ejecutivo, la Casa de Gobierno dejó de ser la cobija institucional del peronismo y de sus principales referentes, líderes de circuitos o caudillos del interior. Los justicialistas que se reivindican como tales en el PE son pocos y los que lo son -con afiliación incluida- poco y nada tienen que ver con el partido, por lo que el nexo político-institucional PE-PJ no existe. Es nulo y hoy se revela palmariamente. Alperovich, pese a las gracias que les da a Julio Miranda y al peronismo por haber llegado tan alto, no reconoce compromisos partidarios.
El gobernador se siente con las manos libres para gobernar, lo cual es una sensación real en estas primeras tres semanas, ya que su gestión, por el momento, no está rozando intereses político-partidarios. Transita por la organización y por prepararse para dar respuestas a la sociedad. Se esfuerza por mostrar que hace, que no está quieto. Pero, cuando lo institucional comience a cruzarse con lo político-partidario, el choque será inevitable y expondrá la verdadera dimensión de la relación entre Alperovich y el peronismo.
De romance no se puede hablar, sino más bien de cierta falsa simpatía. Algunos ya están preparando el armamento. Alistan la artillería porque creen que Alperovich es un jefe que conduce sin advertir que atrás está el ejército peronista. Si no los conduce, no los podrá contener. Muchos no se convencen de que el gobernador es "un amigo" del peronismo. Lo miran como al extraño que se subió al tren. Otros lo observan como el que se subió al tren y que -de allí su peligrosidad- se apropió de la locomotora. Este sector teme que trate de adueñarse del PJ a partir de su condición de titular del PE. Son los halcones, los que señalaron que, en el Día de la Militancia, Alperovich prefirió reunirse con Fuerza Republicana.
Pero así también hay palomas (el peronismo es un corral amplio), y allí se ubican los que suelen buscar cobijo a la sombra del poder. A este sector se lo identifica con una definición que dio Carlos "Chacho" Alvarez (aquel que entiende que mejor que hacer es decir): "para una gran parte del horizonte directivo del justicialismo hay algo peor que la traición o el travestismo ideológico: quedarse afuera del poder". Con estos puede contar Alperovich. Estas palomas ya sobrevuelan la Casa de Gobierno buscando nido. Con ellos el mandatario puede pergeñar una estrategia para enfrentar al peronismo, en el sentido de evitar que su gestión sufra embates políticos desgastantes. El enemigo no está en la oposición, está en la misma trinchera. Pero Alperovich es experto en hacerse de amigos.
Por de pronto, la lista de 104 congresales del PJ adquirió importancia. Todos la quieren: halcones, palomas, amigos o enemigos. Es relevante adquirirla. Es que las decisiones del congreso pesan. Gobernarlo es vital y hoy está en manos del mirandismo. Baste decir que ese cuerpo fue el que eligió a Alperovich como el candidato del PJ.
Con Alperovich en el Poder Ejecutivo, la Casa de Gobierno dejó de ser la cobija institucional del peronismo y de sus principales referentes, líderes de circuitos o caudillos del interior. Los justicialistas que se reivindican como tales en el PE son pocos y los que lo son -con afiliación incluida- poco y nada tienen que ver con el partido, por lo que el nexo político-institucional PE-PJ no existe. Es nulo y hoy se revela palmariamente. Alperovich, pese a las gracias que les da a Julio Miranda y al peronismo por haber llegado tan alto, no reconoce compromisos partidarios.
El gobernador se siente con las manos libres para gobernar, lo cual es una sensación real en estas primeras tres semanas, ya que su gestión, por el momento, no está rozando intereses político-partidarios. Transita por la organización y por prepararse para dar respuestas a la sociedad. Se esfuerza por mostrar que hace, que no está quieto. Pero, cuando lo institucional comience a cruzarse con lo político-partidario, el choque será inevitable y expondrá la verdadera dimensión de la relación entre Alperovich y el peronismo.
De romance no se puede hablar, sino más bien de cierta falsa simpatía. Algunos ya están preparando el armamento. Alistan la artillería porque creen que Alperovich es un jefe que conduce sin advertir que atrás está el ejército peronista. Si no los conduce, no los podrá contener. Muchos no se convencen de que el gobernador es "un amigo" del peronismo. Lo miran como al extraño que se subió al tren. Otros lo observan como el que se subió al tren y que -de allí su peligrosidad- se apropió de la locomotora. Este sector teme que trate de adueñarse del PJ a partir de su condición de titular del PE. Son los halcones, los que señalaron que, en el Día de la Militancia, Alperovich prefirió reunirse con Fuerza Republicana.
Pero así también hay palomas (el peronismo es un corral amplio), y allí se ubican los que suelen buscar cobijo a la sombra del poder. A este sector se lo identifica con una definición que dio Carlos "Chacho" Alvarez (aquel que entiende que mejor que hacer es decir): "para una gran parte del horizonte directivo del justicialismo hay algo peor que la traición o el travestismo ideológico: quedarse afuera del poder". Con estos puede contar Alperovich. Estas palomas ya sobrevuelan la Casa de Gobierno buscando nido. Con ellos el mandatario puede pergeñar una estrategia para enfrentar al peronismo, en el sentido de evitar que su gestión sufra embates políticos desgastantes. El enemigo no está en la oposición, está en la misma trinchera. Pero Alperovich es experto en hacerse de amigos.
Por de pronto, la lista de 104 congresales del PJ adquirió importancia. Todos la quieren: halcones, palomas, amigos o enemigos. Es relevante adquirirla. Es que las decisiones del congreso pesan. Gobernarlo es vital y hoy está en manos del mirandismo. Baste decir que ese cuerpo fue el que eligió a Alperovich como el candidato del PJ.
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