La información asimétrica puede llevar a engaños

Quien vende un determinado título conoce muy bien los riesgos que tiene. (Por Hugo Ferullo -economista, investigador de la UNT).

16 Noviembre 2003
Cuando una de las partes de un intercambio económico entablado de manera voluntaria conoce más que la otra parte detalles relevantes de la materia y las condiciones concretas de la transacción en ciernes, y se comporta de manera oportunista buscando sacar ventajas de esta asimetría de información, el resultado del intercambio no puede considerarse ni justo ni eficiente.
Este tipo de situación, en la que impera una información asimétrica entre los actores económicos que participan de una economía moderna, constituye una de las fallas de mercado más estudiadas en los últimos años y su campo de aplicación abarca un espectro de gran amplitud.
Un médico, por ejemplo, está mucho más informado que su paciente cuando le prescribe la realización de una resonancia magnética, lo mismo que el que dueño que usó varios años un automóvil y que decide venderlo, conoce mucho más los defectos del vehículo que el potencial comprador.
Esta situación de información verdaderamente asimétrica se aplica de manera cabal a las operaciones realizadas por muchos compradores de bonos de la deuda del Estado argentino, vendidos por operadores profesionales de Bancos comerciales de cualquier lugar del mundo. Cuando la situación de insolvencia del Estado argentino se tornó flagrante, estos Bancos conocían sobradamente, mucho más que la inmensa mayoría de sus clientes, el enorme riesgo que implicaba la tenencia de estos bonos.
Si el objetivo de estas entidades financieras no es otro que la maximización de las utilidades o ganancias de la propia empresa, se puede muy bien suponer que toda la información disponible fue usada con este fin, lo que en el caso de la venta de bonos como los que emitió el Estado argentino lleva lisa y llanamente a engañar a los clientes sobre el valor económico real de estos papeles con el fin de desprenderse lo más rápido posible de los mismos.
Casos como estos muestran con toda claridad que apostar al funcionamiento "perfecto" de los mercados de capitales mundiales encierra una enorme grado de ilusión. Con información altamente asimétrica y con operadores oportunistas y sin valores éticos tradicionales, el funcionamiento de estos mercados financieros internacionales requieren de manera urgente la presencia activa de instituciones y organizaciones globales que ayuden a regular los intercambios involucrados, en aras de conseguir la eficiencia y la equidad necesarias que una buena economía necesita.

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