16 Noviembre 2003 Seguir en 
Este año, los citricultores consiguieron ingresar al complejo mercado japonés -quizás uno de los más exigentes del mundo- con 800 toneladas de limón. Pero no se relajan. Saben que no pueden fallar en el próximo año porque, como dicen en el sector, puede que no haya una tercera oportunidad en 2005. La reciente decisión de España de prohibir el ingreso de cítricos argentinos no opaca el éxito de la incursión por tierras japonesas.
La principal preocupación es perfeccionar el manejo del tratamiento del frío al que, por cuestiones sanitarias, se debe someter a la fruta durante los 45 días que dura el viaje entre Buenos Aires y Japón (una alternativa es ir por Panamá donde se cambia de barco y la otra, por Nueva Zelanda). De acuerdo con el Protocolo firmado con el Ministerio de Agricultura nipón (MAFF por sus siglas en inglés), durante las primeras 24 horas del periplo el limón debe estar a una temperatura de menos 1,9ºC y los 19 días restantes, en que dura la cuarentena, a menos de 2,2ºC. Luego, gradualmente, hay que alcanzar los 6ºC o 7ºC para lo que resta del recorrido.
El hecho de que la temperatura de la fruta pueda oscilar entre parámetros térmicos tan pequeños hace que una verdadera espada de Damocles penda sobre el cargamento durante todo el viaje, como graficó un joven ingeniero agrónomo. Ocurre que si la fruta se pasa de los 2,2ºC permitidos durante la cuarentena no la dejan ingresar a Japón y si baja a 1ºC o menos grados puede entrar, pero los riesgos de daños -y con ellos las dificultades para comercializar el limón- son grandes. "Definitivamente, el punto crítico de toda la operación es el manejo del frío que, además, implica un costo mayor que el que debemos hacer para exportar otros mercados", confesó Carlos Parravicini, gerente de Argenti Lemon SA.
Los empresarios del sector reconocen que tienen que ganar experiencia en el tratamiento en frío de la fruta. En la primera incursión por tierras japonesas, una parte importante del limón enviado llegó en mal estado no por cuestiones sanitarias, sino por daños sufridos por las bajas temperaturas durante el traslado.
A las empresas tucumanas les sería mucho más difícil -y costoso- afrontar en forma individual la logística que supone el manejo del frío. Esta es la razón por la que, para la campaña de 2004, es probable que vuelva a emprenderse la exportación en forma colectiva. Este año, Citromax, Citrusvil, Argenti Lemon, San Miguel, Trapani, Frutucumán y Martínez Navarro participaron de la denominada "Operación Tango".
Amigos de la homogeneidad
Los japoneses quedaron muy conformes con el gran contenido de jugo del limón tucumano (comprende el 45% de la fruta), que está por encima del de Chile, por ejemplo, que oscila entre el 30% y el 36%. "No obstante, nos pidieron que enviemos cajas homogéneas en cuanto a color y tamaño de la fruta. Además, nos solicitaron que mandemos fruta con larga vida útil", explicó el responsable del empaque de Citromax, Fabián Lobo Zavalía.
El mercado japonés, que consume por semana unas 100.000 cajas de limones de 17 kilos (al año esa cifra asciende a 5 millones), es muy ordenado y estructurado. Los factores que participan de la actividad reciben semanalmente un informe de la cantidad de fruta existente en los depósitos del país. Además, a la compleja red de importadores, mayoristas, minoristas, supermercados y reempacadores no les gusta la sobreoferta, porque deprime el precio. Una caja cuesta entre U$S 20 y U$S 22 dólares. La fruta se vende en bolsitas de hasta tres limones, que cuestan alrededor de 150 yenes (U$S 1,3 aproximadamente).
"Nos pidieron que seamos lo más prolijos posibles en el manejo del stock. Tenemos que mejorar los volúmenes de exportación, pero sin saturarlos. Ellos son muy serios. Debemos concentrarnos en brindarles cantidad, calidad y continuidad", acotó Lobo Zavalía.
En la primera incursión por Japón no hubo rechazos por cuestiones fitosanitarias. "Les interesa mucho que nuestras empresas tengan sistema de aseguramiento de la calidad. Ellos tienen organizaciones de consumidores que toman muestras de fruta y las someten a análisis", concluyó el profesional.
Es un mercado muy cauto
Los japoneses son conocidos por su moderación, virtud que no es ajena al mercado citrícola. Los nipones consumen desde hace 12 años la misma cantidad de limón: unos 5 millones de cajas de 17 kilos al año. Todos los años importan unas 5.000 toneladas. El 74% lo aporta Estados Unidos; el 17,2%, Chile, y el resto, entre Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Tucumán, en su primera exportación, colocó 800 toneladas. "Es un mercado muy cauto y difícil de desarrollar. Si mandás tres cajas de más pinchás el precio (sic). Hay que entrar de a poco, afianzar la marca y hacerse conocer", afirmó un joven agrónomo que viajó a Japón y que prefirió el anonimato.
La eterna presión de EE.UU.
A partir de abril, los envíos a Japón procedentes de Estados Unidos -principalmente de California- disminuyen. A partir de mayo suben las colocaciones de Chile. Los citricultores tucumanos quieren estar presentes entre mayo y junio, a diferencia de lo que ocurrió este año (la fruta estuvo en agosto porque la autorización llegó tarde). "Hay que ganar el espacio que comienza en mayo. Chile competirá con calidad, no con volumen, y EE.UU. con la presión de los californianos, que tienen representantes permanentes en Japón. Ellos les dicen a los japoneses: ?si le compran a Tucumán, ¿quién les asegurará fruta en enero y febrero??", reconoció un citricultor.
La principal preocupación es perfeccionar el manejo del tratamiento del frío al que, por cuestiones sanitarias, se debe someter a la fruta durante los 45 días que dura el viaje entre Buenos Aires y Japón (una alternativa es ir por Panamá donde se cambia de barco y la otra, por Nueva Zelanda). De acuerdo con el Protocolo firmado con el Ministerio de Agricultura nipón (MAFF por sus siglas en inglés), durante las primeras 24 horas del periplo el limón debe estar a una temperatura de menos 1,9ºC y los 19 días restantes, en que dura la cuarentena, a menos de 2,2ºC. Luego, gradualmente, hay que alcanzar los 6ºC o 7ºC para lo que resta del recorrido.
El hecho de que la temperatura de la fruta pueda oscilar entre parámetros térmicos tan pequeños hace que una verdadera espada de Damocles penda sobre el cargamento durante todo el viaje, como graficó un joven ingeniero agrónomo. Ocurre que si la fruta se pasa de los 2,2ºC permitidos durante la cuarentena no la dejan ingresar a Japón y si baja a 1ºC o menos grados puede entrar, pero los riesgos de daños -y con ellos las dificultades para comercializar el limón- son grandes. "Definitivamente, el punto crítico de toda la operación es el manejo del frío que, además, implica un costo mayor que el que debemos hacer para exportar otros mercados", confesó Carlos Parravicini, gerente de Argenti Lemon SA.
Los empresarios del sector reconocen que tienen que ganar experiencia en el tratamiento en frío de la fruta. En la primera incursión por tierras japonesas, una parte importante del limón enviado llegó en mal estado no por cuestiones sanitarias, sino por daños sufridos por las bajas temperaturas durante el traslado.
A las empresas tucumanas les sería mucho más difícil -y costoso- afrontar en forma individual la logística que supone el manejo del frío. Esta es la razón por la que, para la campaña de 2004, es probable que vuelva a emprenderse la exportación en forma colectiva. Este año, Citromax, Citrusvil, Argenti Lemon, San Miguel, Trapani, Frutucumán y Martínez Navarro participaron de la denominada "Operación Tango".
Amigos de la homogeneidad
Los japoneses quedaron muy conformes con el gran contenido de jugo del limón tucumano (comprende el 45% de la fruta), que está por encima del de Chile, por ejemplo, que oscila entre el 30% y el 36%. "No obstante, nos pidieron que enviemos cajas homogéneas en cuanto a color y tamaño de la fruta. Además, nos solicitaron que mandemos fruta con larga vida útil", explicó el responsable del empaque de Citromax, Fabián Lobo Zavalía.
El mercado japonés, que consume por semana unas 100.000 cajas de limones de 17 kilos (al año esa cifra asciende a 5 millones), es muy ordenado y estructurado. Los factores que participan de la actividad reciben semanalmente un informe de la cantidad de fruta existente en los depósitos del país. Además, a la compleja red de importadores, mayoristas, minoristas, supermercados y reempacadores no les gusta la sobreoferta, porque deprime el precio. Una caja cuesta entre U$S 20 y U$S 22 dólares. La fruta se vende en bolsitas de hasta tres limones, que cuestan alrededor de 150 yenes (U$S 1,3 aproximadamente).
"Nos pidieron que seamos lo más prolijos posibles en el manejo del stock. Tenemos que mejorar los volúmenes de exportación, pero sin saturarlos. Ellos son muy serios. Debemos concentrarnos en brindarles cantidad, calidad y continuidad", acotó Lobo Zavalía.
En la primera incursión por Japón no hubo rechazos por cuestiones fitosanitarias. "Les interesa mucho que nuestras empresas tengan sistema de aseguramiento de la calidad. Ellos tienen organizaciones de consumidores que toman muestras de fruta y las someten a análisis", concluyó el profesional.
Los japoneses son conocidos por su moderación, virtud que no es ajena al mercado citrícola. Los nipones consumen desde hace 12 años la misma cantidad de limón: unos 5 millones de cajas de 17 kilos al año. Todos los años importan unas 5.000 toneladas. El 74% lo aporta Estados Unidos; el 17,2%, Chile, y el resto, entre Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Tucumán, en su primera exportación, colocó 800 toneladas. "Es un mercado muy cauto y difícil de desarrollar. Si mandás tres cajas de más pinchás el precio (sic). Hay que entrar de a poco, afianzar la marca y hacerse conocer", afirmó un joven agrónomo que viajó a Japón y que prefirió el anonimato.
A partir de abril, los envíos a Japón procedentes de Estados Unidos -principalmente de California- disminuyen. A partir de mayo suben las colocaciones de Chile. Los citricultores tucumanos quieren estar presentes entre mayo y junio, a diferencia de lo que ocurrió este año (la fruta estuvo en agosto porque la autorización llegó tarde). "Hay que ganar el espacio que comienza en mayo. Chile competirá con calidad, no con volumen, y EE.UU. con la presión de los californianos, que tienen representantes permanentes en Japón. Ellos les dicen a los japoneses: ?si le compran a Tucumán, ¿quién les asegurará fruta en enero y febrero??", reconoció un citricultor.







