Despedida de soltero categoría senior - LA GACETA Tucumán

Despedida de soltero categoría senior

Cuatro amigos de la infancia, con mucha historia en común, están ya pisando los 70 años y viven realidades distintas aunque con lógicos puntos de coincidencia. Deciden encontrarse en Las Vegas para concretar la despedida de soltero de uno de ellos, que está a punto de casarse con una joven de poco más de 30 años.

25 Ene 2014
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Suele definirse el “ángel” como ese imponderable que hace que un actor o una actriz subyugue a los espectadores desde el escenario o la pantalla, sin mayores explicaciones racionales. Suele relacionárselo con el carisma o la simpatía, y tiene mucho que ver con estas características, pero el “ángel” es menos explicable y tangible y, por lo tanto, absolutamente misterioso. Es precisamente sobre esta mágica condición que adorna a los cuatro protagonistas (habría que poner en primer término a Morgan Freeman y añadir a Mary Steenburgen) que se asienta esta comedia; de otro modo, el guión más que previsible y muchas de las situaciones que se plantean no resultarían siquiera soportables.

Esta historia de los cuatro amigos de la infancia (la presentación sobre viejas fotos en blanco y negro durante los títulos anuncia que el filme no va a aportar mayores novedades al género) que deciden darse un fin de semana de parranda en Las Vegas para celebrar la boda de uno de ellos ya se ha visto demasiadas veces en la pantalla, con abordajes más o menos desenfrenados. En esta oportunidad se la propone desde el punto de vista de la tercera edad, pero resulta excesivo (y conspira contra la eficacia humorística del relato) el repiqueteo de las situaciones alrededor de la senectud de los personajes. Es cierto que algunos chistes verbales dan en el blanco, pero también lo es que, una vez planteado el esquema argumental, no se detectan mayores originalidades y todo se resuelve dentro de lo que ya se ha visto y oído demasiadas veces. Y también queda claro que no habrá ningún desvío por fuera de lo aceptado como válido por los convencionalismos morales.

La comedia está pensada para proponer poco más de una hora y media de diversión liviana, sin planteos perturbadores ni excesos que ofendan a nadie. Dentro de esos carriles, el filme cumple con los objetivos, y no es poca cosa. Pero deja en el espectador la sensación de que disponía de un elenco de “pesos pesados” que, de haber tenido entre manos un material dramático más consistente, hubiera podido entregar algo más que un entretenimiento aceptable.

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