12 Noviembre 2003 Seguir en 
Horace Rumbold se llamaba el embajador de Gran Bretaña en la Argentina en 1880. En su libro de memorias, "The Great Silver River", hay una interesante narración de la ceremonia -que presenció- en la cual el tucumano Julio Argentino Roca asumió la presidencia de la República. "El nuevo presidente es un hombre de apariencia juvenil, de talla mediana y contextura fina y descarnada, prematuramente calvo, con ralos y rubios cabellos en las sienes, y barba y bigote débiles", escribe Rumbold. "A primera vista, su rostro expresa más refinamiento que energía; muestra, sin embargo, un inequívoco sello de resolución, y tiene en los ojos, de frío azul grisáceo, un brillo como de acero". En la fatigosa ceremonia, siempre de pie, mostraba un aire impasible. "No es posible discernir en su rostro cansado el más ligero indicio de exultación o de inquietud, clara prueba de fortaleza y de dominio de sí mismo".
En el momento de pronunciar el mensaje, comienza leyendo "en voz baja y en tonos deliberadamente mesurados; pero cuando llega al pasaje en que expresa su determinación inalterable de emplear sin restricciones los poderes de su investidura para reprimir cualquier atentado contra la unidad de la Nación, hay en su acento una fuerza repentina, casi un desafío, que llega directamente a quienes lo escuchan".
Al terminar la lectura, se escuchan "bravos". El eco muestra que ha obtenido "un triunfo pleno y de la mejor clase", observa Rumbold. Le parece que "nadie, ni aun el más empecinado opositor, puede negar que la banda azul y blanca sienta bien y graciosamente a este soldado pálido y sereno, de aire nada presuntuoso pero resuelto".
En el momento de pronunciar el mensaje, comienza leyendo "en voz baja y en tonos deliberadamente mesurados; pero cuando llega al pasaje en que expresa su determinación inalterable de emplear sin restricciones los poderes de su investidura para reprimir cualquier atentado contra la unidad de la Nación, hay en su acento una fuerza repentina, casi un desafío, que llega directamente a quienes lo escuchan".
Al terminar la lectura, se escuchan "bravos". El eco muestra que ha obtenido "un triunfo pleno y de la mejor clase", observa Rumbold. Le parece que "nadie, ni aun el más empecinado opositor, puede negar que la banda azul y blanca sienta bien y graciosamente a este soldado pálido y sereno, de aire nada presuntuoso pero resuelto".







