Las sociedades desarrolladas son aquellas que priorizan la educación de sus habitantes, bajo una cobertura sanitaria eficiente y la redistribución del ingreso. Pero esto, entiende Martín Santiago Herrero, no se construye sólo a través del Estado, sino con la interacción de otros actores, públicos y privados, como las camáras empresariales y los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. “Sin un sector privado activamente involucrado tanto en la protección del medio ambiente como en la generación de empleo decente, la promoción de productos con mayor valor agregado, en articulación con el sector público, es imposible pensar en el logro del desarrollo humano deseado”, dice a LA GACETA el coordinador residente del Plan Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Y ese camino transita Tucumán. El martes a las 11.30, en la Legislatura, renovará su compromiso para avanzar en planes de largo plazo cuando se presenten los “Lineamientos Estratégicos para el Desarrollo (LED) 2016-2020”. Santiago Herrero habló de eso en una entrevista concedida a LA GACETA.
-¿Por qué cuesta pensar a largo plazo cuando hablamos de desarrollo humano?
-El concepto de Desarrollo Humano abarca un conjunto de dimensiones básicas y de carácter estructural, que hacen a la salud, la educación y el ingreso, así como también otras que van desde cuestiones de sostenibilidad ambiental hasta ámbitos relacionados con la expansión de derechos de las personas. Por lo tanto, pensar en el desarrollo humano implica hacerlo en problemáticas estructurales de largo aliento cuyo abordaje significa esfuerzos sostenidos en el tiempo. Pero a veces los incentivos individuales, económicos y políticos apuntan mayormente a obtener ventajas de corto plazo. Se trata entonces de un problema de generación de horizontes para las personas y las instituciones, que permitan una coordinación social y política efectiva y sostenida en el tiempo.
-¿Se ha comprendido el concepto de que el capital humano es hoy un insumo fundamental para la innovación productiva?
-En términos generales, hay bastante comprensión del concepto. Sin embargo ello no siempre se traduce en las consecuentes acciones educativas y de política tecnológica. Hay que hacer más esfuerzos para que se visualice efectivamente el vínculo entre capacidades adquiridas en el proceso educativo, así como en la capacitación laboral, con la generación de nuevas tecnologías. El impacto que el vínculo entre capital humano e innovación tiene en los niveles de productividad, competitividad y posibilidades de inserción internacional es enorme y no puede descuidarse.

-¿Qué políticas deberían potenciarse para reducir la brecha de desigualdad?
-Debe continuar mejorándose la distribución del ingreso y, al mismo tiempo, potenciar políticas de inclusión educativa y en el sistema de salud, a la vez que se mejora sustantivamente la calidad en estas dimensiones.
-¿Cree que puede detenerse la inmigración interna hacia el conurbano bonaerense en busca de oportunidades?
-La migración responde tanto a factores de expulsión como de atracción, que usualmente actúan simultáneamente. La reducción de la pobreza y la desigualdad en las provincias reduciría los factores de expulsión. Y el agotamiento de oportunidades, junto con el deterioro de las condiciones vida en el conurbarno bonaerense reducirían los factores de atracción. La dinámica contrapuesta de estos dos factores es la que determinará la dinámica de la migración de ciudadanos, y es algo muy difícil de predecir.
-¿Dónde está parada Tucumán respecto de sus indicadores?
-Tucumán ha sido una de las pocas provincias que se han apropiado de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) como herramienta de planificación estratégica. En este sentido ha realizado un proceso de adaptación de esas metas e indicadores a su propia realidad. Ello se vio coronado en un informe publicado en 2009. Por otra parte, pese a sus avances sociales y económicos, Tucumán no escapa a la realidad de la propia Argentina, en tanto país de renta media alta, posee una buena performance en los promedios que, sin embargo, no debe ocultarnos que existen brechas de desigualdad que alcanzan tanto a las personas como a los territorios.
-¿Qué le falta a la provincia para ese desarrollo humano pleno?
-Si analiza las cifras del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2013, es notable la evolución favorable del Indice de Desarrollo Humano (IDH) de Tucumán respecto de la media nacional, en el período comprendido entre 1996 y 2011. Si miramos la situación del NOA, Tucumán se encuentra más cercana a la media nacional. Quedan cuestiones pendientes y es necesario profundizar y consolidar políticas públicas orientadas hacia la inclusión social y la no discriminación a partir de una fuerte presencia del Estado.
-¿Cuándo cree que las provincias estarán en condiciones de subirse al tren del desarrollo?
-Las provincias son un conglomerado heterogéneo, y a su vez presentan considerables heterogeneidades internas, con zonas desarrolladas y otras muy subdesarrolladas. Se debe de avanzar en una convergencia que reduzca ambos tipos de heterogeneidades, algo que debe plantearse como objetivo de mediano y largo plazo.
-¿Cuál es la clave del éxito de un país considerado desarrollado?
-No existe una clave única. El desarrollo es un proceso multidimensional que depende de la trayectoria histórica y cultural de los países. La innovación productiva y la calidad de los sistemas de salud y educación, así como la construcción de instituciones económicas, sociales y políticas eficientes y equitativas son condiciones para acceder al desarrollo, pero no son suficientes. Usualmente deben complementarse con cuestiones particulares que hacen al sendero específico de desarrollo histórico de cada país.







