02 Noviembre 2003 Seguir en 
Una economía no puede crecer sostenidamente sin crédito. Esta afirmación, sin embargo, podría rebatirse: la economía argentina mostró en los últimos meses signos de recuperación, los pronósticos coinciden en un crecimiento para este año del 7%, lo que se logrará en medio de una significativa contracción del crédito.
La explicación a esta recuperación con restricción crediticia es simple: la fuerte devaluación del peso y la mejora de los precios internacionales de ciertos commodities, permitió a las empresas exportadoras mejorar su rentabilidad y autofinanciarse. Por su parte, las empresas ligadas al mercado interno se han financiado simplemente no cumpliendo con sus obligaciones financieras, no pagando dividendos y disminuyendo inversiones al mínimo.
Este mecanismo de expansión se produce además por la elevada capacidad productiva ociosa que existía debido a la prolongada recesión y a la inestabilidad macroeconómica de los últimos años.
Desde el comienzo de lo peor de la crisis, en diciembre de 2001 hasta setiembre de este año, el crédito bancario al sector privado muestra una contracción de casi el 50%. Si bien en los últimos meses hay una incipiente reaparición de los préstamos destinados a empresas, el stock de préstamos otorgados acumula en octubre unos $ 140 millones. La suba se da básicamente en la modalidad de adelantos en cuenta corriente, que es financiamiento de muy corto plazo.
Al mismo tiempo la evolución de los créditos otorgados a las familias, que con excepción del segmento de personales (crecieron $ 72 millones) muestran una caída de poco más de $ 220 millones durante octubre.
Es decir, si bien el flujo de crédito podría tener un leve repunte en los próximos meses, se trata de asistencia de corto plazo, que no se relaciona directamente con mejoras en la tasa de inversión.
El largo plazo
El problema de fondo sigue siendo la reconstrucción del crédito de largo plazo que promueva la inversión. Los indicadores de liquidez del sistema muestran una situación de holgura lo que hace que las entidades se encuentren con fondos ociosos que prácticamente no tienen aplicaciones. El problema de la oferta de fondos se debe a dos motivos: por un lado el fondeo, dada la corta duración promedio de los depósitos y por otro, las tasas que se ofrecen que todavía no se ajustan a la demanda, porque tienen un elevado componente de riesgo asociado y tienen que cubrir los costos operativos que no alcanzan a ser cubiertos con ingresos financieros.Cambio de reglasLa demanda sigue siendo muy baja porque también es baja la capacidad de endeudamiento y porque persiste la desconfianza en la evolución de la economía. El desafío es que el crédito vuelva a ser un motor de la inversión.Tanto los bancos como el sector privado demandante de fondos, deben adecuarse a un cambio de reglas que exigirá tiempo para ver sus resultados. Durante la convertibilidad había confianza en que el tipo de cambio no se movería, en que la inflación iba a estar controlada, había mercados para que las entidades se fondearan a largo plazo, pero las actuales condiciones no son esas. Después de la devaluación siguió empeorando la distribución del ingreso, aumentó la pobreza, y la situación del mercado laboral es muy precaria. Esto configura un contexto que no favorece el crédito de largo plazo, porque no hay horizontes claros.
La explicación a esta recuperación con restricción crediticia es simple: la fuerte devaluación del peso y la mejora de los precios internacionales de ciertos commodities, permitió a las empresas exportadoras mejorar su rentabilidad y autofinanciarse. Por su parte, las empresas ligadas al mercado interno se han financiado simplemente no cumpliendo con sus obligaciones financieras, no pagando dividendos y disminuyendo inversiones al mínimo.
Este mecanismo de expansión se produce además por la elevada capacidad productiva ociosa que existía debido a la prolongada recesión y a la inestabilidad macroeconómica de los últimos años.
Desde el comienzo de lo peor de la crisis, en diciembre de 2001 hasta setiembre de este año, el crédito bancario al sector privado muestra una contracción de casi el 50%. Si bien en los últimos meses hay una incipiente reaparición de los préstamos destinados a empresas, el stock de préstamos otorgados acumula en octubre unos $ 140 millones. La suba se da básicamente en la modalidad de adelantos en cuenta corriente, que es financiamiento de muy corto plazo.
Al mismo tiempo la evolución de los créditos otorgados a las familias, que con excepción del segmento de personales (crecieron $ 72 millones) muestran una caída de poco más de $ 220 millones durante octubre.
Es decir, si bien el flujo de crédito podría tener un leve repunte en los próximos meses, se trata de asistencia de corto plazo, que no se relaciona directamente con mejoras en la tasa de inversión.
El largo plazo
El problema de fondo sigue siendo la reconstrucción del crédito de largo plazo que promueva la inversión. Los indicadores de liquidez del sistema muestran una situación de holgura lo que hace que las entidades se encuentren con fondos ociosos que prácticamente no tienen aplicaciones. El problema de la oferta de fondos se debe a dos motivos: por un lado el fondeo, dada la corta duración promedio de los depósitos y por otro, las tasas que se ofrecen que todavía no se ajustan a la demanda, porque tienen un elevado componente de riesgo asociado y tienen que cubrir los costos operativos que no alcanzan a ser cubiertos con ingresos financieros.Cambio de reglasLa demanda sigue siendo muy baja porque también es baja la capacidad de endeudamiento y porque persiste la desconfianza en la evolución de la economía. El desafío es que el crédito vuelva a ser un motor de la inversión.Tanto los bancos como el sector privado demandante de fondos, deben adecuarse a un cambio de reglas que exigirá tiempo para ver sus resultados. Durante la convertibilidad había confianza en que el tipo de cambio no se movería, en que la inflación iba a estar controlada, había mercados para que las entidades se fondearan a largo plazo, pero las actuales condiciones no son esas. Después de la devaluación siguió empeorando la distribución del ingreso, aumentó la pobreza, y la situación del mercado laboral es muy precaria. Esto configura un contexto que no favorece el crédito de largo plazo, porque no hay horizontes claros.







