La desregulación azucarera golpeó duro al pequeño cañero

Muchos productores de baja o mediana escala desaparecieron en los 90, a la vez que sus tierras pasaban a otros cultivos.

02 Noviembre 2003
En la década del 90 se registraron profundos cambios en la economía argentina. Algunos sectores se beneficiaron con la apertura económica y con la desregulación. Otros se vieron obligados a adaptarse a condiciones de competitividad a veces leoninas, con el efecto posterior de una fuerte concentración de la riqueza y la exclusión del sistema de muchos de sus actores.
En la actividad azucarera, como en otras, la convertibilidad trajo modernización y tecnología. Los ingenios se renovaron y la cosecha de caña pasó a ser totalmente mecanizada. Pero también ocasionó que el sector pierda muchas hectáreas, que pasaron a otros cultivos, y que una gran cantidad de cañeros se vean obligados a dedicarse a otra cosa.
Según un estudio realizado por el Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu), entre 1988 y 2002 se advierte la desaparición de más del 41% de los productores de caña minifundistas, los que a su vez cedieron el 45% de la tierra que poseían (ver infograma).
En la franja de productores medios (10 a 100 hectáreas), las cifras son aún mayores: allí desapareció el 64% de los productores, quienes también resignaron el 40% de la superficie que cultivaban.
"En el caso de las empresas hubo una disminución en el número de unidades, del orden del 69%, pero las que quedaron en pie tienen un 5,73% más de tierras", remarca el informe de Cactu.
En los 90 hubo una fuerte expansión -en detrimento de sector cañero tucumano- de actividades como el citrus y la soja, que crecieron fundamentalmente en su superficie cultivada.
"Hubo una fuerte tendencia a la concentración de los medios de producción, como consecuencia directa de la aplicación de una política de desregulación total en el sector desde fines de 1991", explicó el dirigente de Cactu, José del Pero.
Este fenómeno de la subdivisión y tenencia de la tierra se da específicamente en Tucumán, ya que en Jujuy y en Salta las empresas propietarias de los ingenios son también dueñas de las plantaciones con caña en más de un 90%.

Doble efecto
Si bien el impacto de la desregulación derivó en una depuración del sector azucarero, con la prevalecencia de los más competitivos tanto en campo como en industria, es indudable que el proceso también derivó en una notable disminución del impacto social de la actividad en la provincia. "Para dar una idea de la magnitud del daño económico causado, podemos afirmar categóricamente que desde 1991 a 2001 dejaron de ingresar a los bolsillos del Tucumán azucarero unos U$S 1.000 millones por la vía de los bajos precios del azúcar", entiende Del Pero. La pérdida de estos ingresos son, de alguna manera, la causa del éxodo y de la disolución de muchas familias tucumanas, de la caída de puestos de trabajo y del crecimiento de la indigencia en vastas zonas de la provincia.
"Desde nuestra entidad advertimos sobre los daños que causaría la desregulación a la economía de los productores. Hoy, el tiempo nos dio la razón", sostuvo Sergio Fara, presidente de UCIT. Esta institución realizó innumerables protestas durante toda la década pasada precisamente para oponerse al modelo económico que excluía a los pequeños y medianos cañeros.
El sector industrial apoyó la desregulación y continúa en favor de este proceso que no establece cupos de producción y que no permite el funcionamiento de entidades rectoras de la actividad, habitualmente signadas por la corrupción. "Antes de la desregulación había funcionarios que se enriquecían con las normas que regían al sector azucarero. Hoy en día, la salud del azúcar depende sólo de nosotros y de nuestra estrategia productivo-comercializadora del producto", opinó un industrial tucumano.

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