02 Noviembre 2003 Seguir en 
Entre 1998 y 2002 la Argentina sufrió una de sus más graves crisis económicas, etapas que generalmente la hacen retroceder a niveles del pasado. Los valores alcanzados por el Producto Bruto Interno (PBI) en 1993 y diez años después (en 2002), son casi los mismos, pero como la población siempre crece, resulta que los valores por habitante han caído casi un 22 % y el bienestar se ha reducido a la mitad.
Según un estudio del economista e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, Franco Eugenio Nanni, los cambios más dramáticos tuvieron lugar entre los años 1998 y 2003.
En ese período, la cantidad de bienes y servicios disponibles por habitante (producto per cápita) se redujo el 19% y la pobreza se triplicó, parte debido a la caída del producto y parte por el incremento en la tasa de desempleo.
La recesión no golpea parejo
Cuando el producto de toda la economía cae, es sabido que no lo hace en la misma proporción para todas las clases sociales, puesto que las recesiones castigan con mayor dureza a los sectores con menores capacidades y recursos (analfabetos, indigentes, etc.)
Considera Nanni que la Argentina parece seguir el llamado "paso del peregrino", es decir que avanza un paso y retrocede dos.
Luego observa que si solamente se hubiera crecido a la tasa moderada de 4% anual en esos 23 años, el producto no estaría hoy más bajo que en 1978, sino que sería el doble y la pobreza no significaría la amenaza que hoy es para la Argentina.
Sin embargo, una vez que el ciclo de la actividad económica llegó a su punto más bajo, como siempre ocurre, la economía comenzó de nuevo a crecer en 2003.
La recuperación
Señala el investigador que si la economía nacional experimentara tres años seguidos de crecimiento al 7% podría recuperar hacia 2006 los niveles de 1998. Lo cierto es que el producto por habitante, tanto en el país como en Tucumán se encuentra por debajo de los valores de 1978, "un retroceso de 23 años", resalta el economista de la UNT.
El aumento en los porcentajes de pobreza desde 18% hasta 53% en los grandes aglomerados urbanos de la provincia de Buenos Aires fue todavía peor en el Noroeste y en el Noreste argentinos.
La gran crisis del 2001, expresión final de una recesión que ya había comenzado tres años antes (a mediados de 1998), destruyó gran parte de lo que se había logrado en los años de crecimiento, durante la primera parte del controvertido plan de convertibilidad.
Sin embargo -advierte Nanni-, cuando se publican las cifras del producto hay que ser muy cuidadoso con su interpretación. En primer lugar porque el producto medido en dólares no refleja las variaciones en el producto real si el valor del dólar está variando a tasas diferentes que el valor de los bienes internos. Por ejemplo, el PBI medido en dólares ha caído desde los 300.000 millones en 1998, a casi 100.000 millones en 2002.
Pero esto -destaca el analista-, no significa que se hayan perdido 2/3 del PBI medido en bienes y servicios. La medición que refleja el poder de compra del PBI es la que se hace a moneda constante en pesos y no en dólares. Desde este punto de vista, la pérdida ocasionada por la crisis fue del orden del 22%.
Si se pretende que esa medición refleje de algún modo el bienestar de los argentinos tiene que realizarse por habitante (per cápita).
Según un estudio del economista e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, Franco Eugenio Nanni, los cambios más dramáticos tuvieron lugar entre los años 1998 y 2003.
En ese período, la cantidad de bienes y servicios disponibles por habitante (producto per cápita) se redujo el 19% y la pobreza se triplicó, parte debido a la caída del producto y parte por el incremento en la tasa de desempleo.
La recesión no golpea parejo
Cuando el producto de toda la economía cae, es sabido que no lo hace en la misma proporción para todas las clases sociales, puesto que las recesiones castigan con mayor dureza a los sectores con menores capacidades y recursos (analfabetos, indigentes, etc.)
Considera Nanni que la Argentina parece seguir el llamado "paso del peregrino", es decir que avanza un paso y retrocede dos.
Luego observa que si solamente se hubiera crecido a la tasa moderada de 4% anual en esos 23 años, el producto no estaría hoy más bajo que en 1978, sino que sería el doble y la pobreza no significaría la amenaza que hoy es para la Argentina.
Sin embargo, una vez que el ciclo de la actividad económica llegó a su punto más bajo, como siempre ocurre, la economía comenzó de nuevo a crecer en 2003.
La recuperación
Señala el investigador que si la economía nacional experimentara tres años seguidos de crecimiento al 7% podría recuperar hacia 2006 los niveles de 1998. Lo cierto es que el producto por habitante, tanto en el país como en Tucumán se encuentra por debajo de los valores de 1978, "un retroceso de 23 años", resalta el economista de la UNT.
El aumento en los porcentajes de pobreza desde 18% hasta 53% en los grandes aglomerados urbanos de la provincia de Buenos Aires fue todavía peor en el Noroeste y en el Noreste argentinos.
La gran crisis del 2001, expresión final de una recesión que ya había comenzado tres años antes (a mediados de 1998), destruyó gran parte de lo que se había logrado en los años de crecimiento, durante la primera parte del controvertido plan de convertibilidad.
Sin embargo -advierte Nanni-, cuando se publican las cifras del producto hay que ser muy cuidadoso con su interpretación. En primer lugar porque el producto medido en dólares no refleja las variaciones en el producto real si el valor del dólar está variando a tasas diferentes que el valor de los bienes internos. Por ejemplo, el PBI medido en dólares ha caído desde los 300.000 millones en 1998, a casi 100.000 millones en 2002.
Pero esto -destaca el analista-, no significa que se hayan perdido 2/3 del PBI medido en bienes y servicios. La medición que refleja el poder de compra del PBI es la que se hace a moneda constante en pesos y no en dólares. Desde este punto de vista, la pérdida ocasionada por la crisis fue del orden del 22%.
Si se pretende que esa medición refleje de algún modo el bienestar de los argentinos tiene que realizarse por habitante (per cápita).







