22 Octubre 2003 Seguir en 
Tres años después de ocurrido, el alevoso crimen del remisero Dante Andrés Bazán podría comenzar a esclarecerse. Ayer, personal de la Dirección de Investigaciones y de la subdelegación de la Policía Federal de Termas de Río Hondo detuvo en esa ciudad santiagueña al principal sospechoso de caso. Además, un hermano del acusado, quien también podría estar vinculado con el hecho, ya estaba detenido en Santiago por otros delitos. Ambos podrían ser trasladados hoy a Tucumán para que la Fiscalía, si considera que tiene los elementos suficientes, los acuse de haber cometido el homicidio.
Bazán tenía 32 años cuando el 12 de junio de 2000 fue secuestrado por los delincuentes. El día de su desaparición la víctima había llamado a su domicilio y advertido que le había salido un viaje a Las Termas. Manejaba un Ford Orion rojo, patente BDB-124. Nunca más lo vieron.
Días después, el 23 de junio, un hachero encontró, semienterrado, el cuerpo de Bazán en un paraje cercano a Colonia Tinco, en Las Termas. Las pericias de ADN confirmaron la identidad de la víctima. Lo que nunca pudo establecer fehacientemente fue la forma en la que lo mataron. No se sabe si fue acuchillado, ultimado a balazos, o muerto a golpes y estrangulado. El 2 de julio de ese mismo año, la Policía de Santiago del Estero encontró el automóvil de Bazán estacionado en pleno centro. En el interior del baúl había tierra similar a la del lugar donde había sido hallado el cuerpo. Presuntamente los asesinos habían obligado al remisero a conducir hasta Las Termas, ciudad a la que ingresaron por un camino vecinal -su entrada no quedó registrada en el control caminero-. Luego, tras quitarle el poco dinero que llevaba, lo mataron, lo enterraron y siguieron su camino en el automóvil.
Conflicto de jurisdicciones
Pasó el tiempo y las pistas, de a poco, comenzaron a llegar. En el medio se produjo un conflicto de jurisdicciones, ya que a Bazán habían sido secuestrado en Tucumán, pero lo habían matado en Santiago del Estero. Finalmente la Justicia entendió que el caso debía seguir en manos de la fiscal III de Instrucción, Teresita Marnero. Un grupo de la sección seguridad personal, de Investigaciones, integrado por el comisario Julio López y los oficiales Luis Núñez y Miguel Montero, supervisados por los comisarios Luis Santana y Marcial Escobar, recibió información sobre dos hermanos que estarían implicados en el hecho. Ambos vivían en Santiago. Los policías tucumanos comenzaron a trabajar con personal de la Policía Federal, al mando del subcomisario Luis María Almirón.
Uno de los sospechosos, Roque Ramón Suárez (a) "El tuerto", de 38 años, ya había sido detenido por personal de la comisaría 40 de Las Termas, acusado por robos reiterados. Pero faltaba el principal sospechoso, Gerardo Orlando Suárez, de 41 años. Los policías supieron que este hombre, todos los meses, cobraba en la sucursal del Banco de Santiago del Estero los fondos acorados por el plan Jefas y Jefes de Hogar. Sabiendo el número de documento del sospechoso dedujeron la fecha en la que debía retirar el dinero, y lo esperaron. El hombre llegó en un remise con vidrios polarizados, disfrazado con peluca y bigote falso. Su mujer se bajó, entró al banco y le dijo al cajero que su esposo estaba impedido de caminar por un accidente, por lo que necesitaba que le llevaran el dinero hasta el auto. En ese momento, mientras cobraba, detuvieron a Suárez.
A pesar del paso del tiempo, los policías confían en que obtendrán pruebas contra los sospechosos.
Bazán tenía 32 años cuando el 12 de junio de 2000 fue secuestrado por los delincuentes. El día de su desaparición la víctima había llamado a su domicilio y advertido que le había salido un viaje a Las Termas. Manejaba un Ford Orion rojo, patente BDB-124. Nunca más lo vieron.
Días después, el 23 de junio, un hachero encontró, semienterrado, el cuerpo de Bazán en un paraje cercano a Colonia Tinco, en Las Termas. Las pericias de ADN confirmaron la identidad de la víctima. Lo que nunca pudo establecer fehacientemente fue la forma en la que lo mataron. No se sabe si fue acuchillado, ultimado a balazos, o muerto a golpes y estrangulado. El 2 de julio de ese mismo año, la Policía de Santiago del Estero encontró el automóvil de Bazán estacionado en pleno centro. En el interior del baúl había tierra similar a la del lugar donde había sido hallado el cuerpo. Presuntamente los asesinos habían obligado al remisero a conducir hasta Las Termas, ciudad a la que ingresaron por un camino vecinal -su entrada no quedó registrada en el control caminero-. Luego, tras quitarle el poco dinero que llevaba, lo mataron, lo enterraron y siguieron su camino en el automóvil.
Conflicto de jurisdicciones
Pasó el tiempo y las pistas, de a poco, comenzaron a llegar. En el medio se produjo un conflicto de jurisdicciones, ya que a Bazán habían sido secuestrado en Tucumán, pero lo habían matado en Santiago del Estero. Finalmente la Justicia entendió que el caso debía seguir en manos de la fiscal III de Instrucción, Teresita Marnero. Un grupo de la sección seguridad personal, de Investigaciones, integrado por el comisario Julio López y los oficiales Luis Núñez y Miguel Montero, supervisados por los comisarios Luis Santana y Marcial Escobar, recibió información sobre dos hermanos que estarían implicados en el hecho. Ambos vivían en Santiago. Los policías tucumanos comenzaron a trabajar con personal de la Policía Federal, al mando del subcomisario Luis María Almirón.
Uno de los sospechosos, Roque Ramón Suárez (a) "El tuerto", de 38 años, ya había sido detenido por personal de la comisaría 40 de Las Termas, acusado por robos reiterados. Pero faltaba el principal sospechoso, Gerardo Orlando Suárez, de 41 años. Los policías supieron que este hombre, todos los meses, cobraba en la sucursal del Banco de Santiago del Estero los fondos acorados por el plan Jefas y Jefes de Hogar. Sabiendo el número de documento del sospechoso dedujeron la fecha en la que debía retirar el dinero, y lo esperaron. El hombre llegó en un remise con vidrios polarizados, disfrazado con peluca y bigote falso. Su mujer se bajó, entró al banco y le dijo al cajero que su esposo estaba impedido de caminar por un accidente, por lo que necesitaba que le llevaran el dinero hasta el auto. En ese momento, mientras cobraba, detuvieron a Suárez.
A pesar del paso del tiempo, los policías confían en que obtendrán pruebas contra los sospechosos.
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