Es necesario invertir en el aprendizaje

La gestión del conocimiento es indispensable para una empresa. (Por José María Blunda - Especialista en Desarrollo del Capital Humano).

19 Octubre 2003
Nuestras organizaciones buscan denodadamente salir de la crisis y para esto se preguntan como mejorar su efectividad. El desafío, en muchos casos, debe empezar por preguntarse que entienden los empresarios y empresas por efectividad. Quizás la respuesta a esta pregunta nos lleve a una creencia o concepto erróneo o incompleto.
Siempre se relaciona a la efectividad, sólo con la posibilidad de cualquier organización de producir resultados (incrementar ventas, mejorar facturación, incrementar volúmenes de producción o rentabilidad). Si bien esta apreciación es acertada, es sólo una parte de la idea; debemos incluir en este concepto al cuidado y mejoramiento de nuestra capacidad para producir los resultados.
Es recurrente y notorio en las empresas y grupos ver que no se cuida e invierte en su capacidad para producir; no existen programas de capacitación, intenciones de mejorar el clima laboral, o espacios de aprendizaje para el desarrollo de actitudes personales, y esto es, precisamente, atender este aspecto descuidado de la efectividad.
La gestión del conocimiento es indispensable para que una empresa pueda competir. La intensa evolución tecnológica y las tendencias hacia la desregulación han cambiado las reglas del juego. En este nuevo contexto, las fuentes tradicionales de ventaja competitiva de las empresas están a disposición de todos los agentes que compiten en el mercado. Por esta razón, el desarrollo de capacidades se convierte en una necesidad. Estas capacidades distintivas suelen ser difíciles de imitar y se basan en las competencias de las personas (podemos tener igual tecnología o hasta inclusive, trabajar los mismos productos y marcas, pero cuando nuestra competencia toma ventaja con el servicio o la calidad de las personas que atienden, marca la diferencia). Hoy, además de parámetros como los costos y la rentabilidad, se empieza a hablar de un tercer parámetro: el capital intelectual, o los activos intangibles, como la base fundamental de la creación de ventajas competitivas.

Una verdadera llave
En esta gestión del capital humano, el aprendizaje es la llave para su perfeccionamiento. El aprendizaje no sólo de los aspectos vinculados a los conocimientos en materias o áreas específicas (idiomas, computación, contabilidad, gestión comercial, etc.), sino un aprendizaje integral. Para usar esquemas de los teóricos en la materia, me refiero a las tres áreas del saber: el bien ser, el bien hacer, el bien estar.
Con el "bien ser": me refiero a generar espacios y prácticas que moldeen nuestro carácter, que permitan centrarnos en principios universales e indiscutibles, como el ser honestos, respetuosos, amigables. En otras culturas como la oriental, se observa por ejemplo el natural alineamiento con principios fundamentales como "si no es tuyo debe ser de alguien". Si esta lapicera te la encontraste en un escritorio debe ser de alguien, entonces devuélvela.
El "bien hacer" es haz las cosas bien, entrégate a tus objetivos o metas. Estos, dependen de tus acciones, por esto pregúntate y pregunta en tu empresa, cómo podemos hacer mejor ésto, como entender a los procesos organizacionales dentro de esquemas de mejora continua, ... de esto dependerá mejorar la calidad de nuestros resultados y por ende, nuestra continuidad y vigencia en el mercado. ¿Se ve como nuevamente, se hace presente esto de incrementar nuestra capacidad de producir, para ser verdaderamente efectivos?
Por supuesto, es necesario también contemplar dentro de esta nueva visión de la efectividad, el "bien estar". Existe una relación muy estrecha entre nuestra calidad de vida y nuestra calidad de trabajo. Busquemos comprometernos con acciones que cuiden nuestro "bien estar" y el de nuestra gente. Capacitemos en cómo administrar recursos (tiempo y dinero), en cómo cuidar nuestras relaciones y la salud personal, que sin duda esto incrementará nuestra capacidad y nos permitirá acceder a acciones muchos más efectivas.
Quizás estemos frente a un gran desafío de los líderes y empresarios que quieran adherir a esta visión integradora de efectividad, empezando por promover mejores estados de ánimos, donde el optimismo y la actitud positiva sean cada vez más observables, porque recuerden que la diferencia entre una empresa de excelencia y las otras, es que en las primeras la gente no tiene que trabajar, sino que quiere trabajar.

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