19 Octubre 2003 Seguir en 
En el mundo de los negocios inquietan cuatro cosas del gobierno que debutará en pocos días en Tucumán. Una es la soledad del poder, a pesar de los votos que respaldan al alperovichismo y del apoyo que siempre reciben los administradores entrantes.
Otra es cómo manejará los delicados problemas sociales tucumanos, entre ellos las secuelas de la pobreza y los reclamos salariales de los empleados estatales, que están dispuestos a provocar ásperos zamarreos. La tercera son las dificultades políticas con el peronismo, que conforma la base de sustentación del equipo que llega. Es una especie de potro brioso, difícil de dominar. La dirigencia justicialista está buscando conductores y en esa lucha salvaje quedó envuelto Alperovich. La última es cómo hará el gobernador electo para cortar toda relación con el mirandismo. Será la única forma de captar con rapidez inversiones, que se espantaron de una provincia que quedó fuera de control, sucia, violenta y desordenada.
Las crisis política y social son obstáculos difíciles de digerir. Quizás en la economía se ubiquen las posibilidades más seguras para lograr resultados inmediatos.
Las empresas y los bancos sienten cada vez con mayor vigor un viento a favor que las alienta a volver a crecer, impulsado por las exportaciones, un buen contexto internacional y el ascenso de varias actividades. Pero la principal condición para lograr éxitos es que el gobierno no cometa errores y que avance con paso seguro, apelando a una estrategia sensata.
Por ahora, la economía sigue girando casi de contado, con movimientos que sólo están pendientes del corto plazo. Todos esperan que el gobierno haga lo necesario para defender a las empresas tucumanas. Sólo el 25% de las compañías privadas está en la lista de ganadores. Otro 25% trata de recuperar su nivel de flotación y el 50% restante permanece sumergido y con grandes dificultades.
Incentivos y condiciones
También tienen esperanzas en la City en que Alperovich se anime a producir incentivos y a crear condiciones para que puedan ponerse en marcha nuevos emprendimientos, lo que no es fácil en un mundo globalizado. A la vez, se reclama que todos tengan un horizonte a largo plazo.
La caída fue tan grande que queda mucho margen para la expansión, pero todo tiene un límite, en especial cuando el crédito está prohibido y las posibilidades de conseguir gas y electricidad enfrentan controversias.
A los industriales les preocupa lo que ocurrirá con las empresas privatizadas y por eso congelaron inversiones gruesas. No saben si tendrán combustibles suficientes para sus maquinarias ni cuáles serán las nuevas tarifas.
El último tramo de 2003 puede insuflar más optimismo en la economía real, si se mantiene la estabilidad de los precios, si el nuevo gobierno actúa con realismo y si el mercado afianza su recuperación. Estas mejoras se pueden complicar a causa de las contradicciones oficiales y de los altos niveles de desocupación y de pobreza, además de la parálisis del crédito.
Al sucesor de Miranda no le puede ir mal si hace un balance racional sobre las ventajas y oportunidades que tiene Tucumán, en un mundo que se mueve con tasas bajas, con grandes capitales dispuestos a invertir, con fondos que no encuentran colocaciones rentables en el país y con Brasil en mejor situación.
Otra es cómo manejará los delicados problemas sociales tucumanos, entre ellos las secuelas de la pobreza y los reclamos salariales de los empleados estatales, que están dispuestos a provocar ásperos zamarreos. La tercera son las dificultades políticas con el peronismo, que conforma la base de sustentación del equipo que llega. Es una especie de potro brioso, difícil de dominar. La dirigencia justicialista está buscando conductores y en esa lucha salvaje quedó envuelto Alperovich. La última es cómo hará el gobernador electo para cortar toda relación con el mirandismo. Será la única forma de captar con rapidez inversiones, que se espantaron de una provincia que quedó fuera de control, sucia, violenta y desordenada.
Las crisis política y social son obstáculos difíciles de digerir. Quizás en la economía se ubiquen las posibilidades más seguras para lograr resultados inmediatos.
Las empresas y los bancos sienten cada vez con mayor vigor un viento a favor que las alienta a volver a crecer, impulsado por las exportaciones, un buen contexto internacional y el ascenso de varias actividades. Pero la principal condición para lograr éxitos es que el gobierno no cometa errores y que avance con paso seguro, apelando a una estrategia sensata.
Por ahora, la economía sigue girando casi de contado, con movimientos que sólo están pendientes del corto plazo. Todos esperan que el gobierno haga lo necesario para defender a las empresas tucumanas. Sólo el 25% de las compañías privadas está en la lista de ganadores. Otro 25% trata de recuperar su nivel de flotación y el 50% restante permanece sumergido y con grandes dificultades.
Incentivos y condiciones
También tienen esperanzas en la City en que Alperovich se anime a producir incentivos y a crear condiciones para que puedan ponerse en marcha nuevos emprendimientos, lo que no es fácil en un mundo globalizado. A la vez, se reclama que todos tengan un horizonte a largo plazo.
La caída fue tan grande que queda mucho margen para la expansión, pero todo tiene un límite, en especial cuando el crédito está prohibido y las posibilidades de conseguir gas y electricidad enfrentan controversias.
A los industriales les preocupa lo que ocurrirá con las empresas privatizadas y por eso congelaron inversiones gruesas. No saben si tendrán combustibles suficientes para sus maquinarias ni cuáles serán las nuevas tarifas.
El último tramo de 2003 puede insuflar más optimismo en la economía real, si se mantiene la estabilidad de los precios, si el nuevo gobierno actúa con realismo y si el mercado afianza su recuperación. Estas mejoras se pueden complicar a causa de las contradicciones oficiales y de los altos niveles de desocupación y de pobreza, además de la parálisis del crédito.
Al sucesor de Miranda no le puede ir mal si hace un balance racional sobre las ventajas y oportunidades que tiene Tucumán, en un mundo que se mueve con tasas bajas, con grandes capitales dispuestos a invertir, con fondos que no encuentran colocaciones rentables en el país y con Brasil en mejor situación.







