14 Octubre 2003 Seguir en 
El mayor costo de los insumos de envase y etiquetado -junto a las mejores perspectivas de exportación- incrementaron el precio del vino, después de la devaluación, en un 61%. Pero ahora, a pesar de la caída del dólar, el precio del producto de las bodegas no retrocede.
Las razones son diversas, según pudo averiguar LA GACETA. A pesar del aumento, la demanda interna sigue creciendo, porque el vino se ha visto favorecido por los cambios en los hábitos de consumo, que hoy tienden a revalorizarlo.
Según las estadísticas, el precio del vino de mesa al consumidor final subió un 61% -pasó de $ 0,94 en enero de 2002 a $ 1,51 en julio de 2003-, mientras que el precio del vino blanco en el mercado de traslado, según datos de la Bolsa de Comercio de Mendoza, tuvo un incremento del 334%: subió de $ 0,076, en enero de 2002, a $ 0,33 en julio de 2003.
Pero los consumidores argentinos no dejan de comprar. El aumento no retrajo la demanda de vino de mesa y deja margen para subir aún más los precios finales del producto e incrementar la facturación, por efecto de la tenue recuperación que se observa en la economía argentina.
El enólogo Miguel López Calabresi, de una vinoteca ubicada en Bolívar y Jujuy, comentó que en el aumento de los vinos finos incidió la escasez de envases de vidrio.
Sólo dos cristalerías
"Hay solamente dos cristalerías en el país que están haciendo casi todos los envases. Tienen problemas de abastecimiento de materia prima y de insumos importados. Por eso, el costo de los vinos finos subió un promedio del 15% desde enero de 2002. Etiquetas, corchos, capuchones, todo tiene incidencia en el precio final", detalló el especialista.
En opinión de Juan Carlos López Torres, representante local de una veintena de "bodegas boutique", en este momento el negocio más atractivo para los productores es la exportación. "Al mercado interno lo regulan manteniendo precios relativamente bajos, pero aunque hay aumentos graduales los productores siguen creciendo en calidad y eso hace que no caiga la demanda -estimó-. Hoy los consumidores le están dando al vino la jerarquía que tiene, a pesar de que en Tucumán la cultura de la degustación todavía no está tan difundida como en otras ciudades", concluyó.
Las razones son diversas, según pudo averiguar LA GACETA. A pesar del aumento, la demanda interna sigue creciendo, porque el vino se ha visto favorecido por los cambios en los hábitos de consumo, que hoy tienden a revalorizarlo.
Según las estadísticas, el precio del vino de mesa al consumidor final subió un 61% -pasó de $ 0,94 en enero de 2002 a $ 1,51 en julio de 2003-, mientras que el precio del vino blanco en el mercado de traslado, según datos de la Bolsa de Comercio de Mendoza, tuvo un incremento del 334%: subió de $ 0,076, en enero de 2002, a $ 0,33 en julio de 2003.
Pero los consumidores argentinos no dejan de comprar. El aumento no retrajo la demanda de vino de mesa y deja margen para subir aún más los precios finales del producto e incrementar la facturación, por efecto de la tenue recuperación que se observa en la economía argentina.
El enólogo Miguel López Calabresi, de una vinoteca ubicada en Bolívar y Jujuy, comentó que en el aumento de los vinos finos incidió la escasez de envases de vidrio.
Sólo dos cristalerías
"Hay solamente dos cristalerías en el país que están haciendo casi todos los envases. Tienen problemas de abastecimiento de materia prima y de insumos importados. Por eso, el costo de los vinos finos subió un promedio del 15% desde enero de 2002. Etiquetas, corchos, capuchones, todo tiene incidencia en el precio final", detalló el especialista.
En opinión de Juan Carlos López Torres, representante local de una veintena de "bodegas boutique", en este momento el negocio más atractivo para los productores es la exportación. "Al mercado interno lo regulan manteniendo precios relativamente bajos, pero aunque hay aumentos graduales los productores siguen creciendo en calidad y eso hace que no caiga la demanda -estimó-. Hoy los consumidores le están dando al vino la jerarquía que tiene, a pesar de que en Tucumán la cultura de la degustación todavía no está tan difundida como en otras ciudades", concluyó.







