12 Octubre 2003 Seguir en 
En Tucumán operan miles de empresas en condiciones de trabajar con eficiencia, ganar plata y ocupar gente; hay muchos dólares disponibles de los sectores dinámicos (agro, exportadores, industrias); hay abundante mano de obra disponible (más de 100.000 tienen planes Jefas y Jefes) y todos tratan de explotar la estabilidad.
Además, un nuevo gobierno asume dentro de 17 días, con los temores que causan sus criticados movimientos, encaminados a construir poder con un hacha, en lugar de usar un bisturí, y las esperanzas de que la renovación gubernamental cambie la realidad para bien y no para mal.Hay aspectos preocupantes. Como la falta de crédito o las tasas caras que cobran los bancos; el miedo a gastar de los consumidores; la demora en que se derrame la reactivación al 70% de la economía que falta, que depende del mercado doméstico, o los problemas para llegar con dinero a fin de mes.Los empresarios esperan del gobernador electo, en primer lugar, seguridad jurídica. Que no sea alterada por un mandatario que se trepe sobre la suma del poder público y ponga en peligro los bienes y la tranquilidad de quienes no piensen como él.
También plantean la necesidad de que el gobierno abandone el cortoplacismo y esboce una visión a largo plazo, para que las inversiones se animen a salir de sus escondites y Tucumán vuelva a un camino de crecimiento.
Quieren saber cuál será la estrategia estatal. A dónde piensa el alperovichismo que puede llevar la provincia, a qué sectores piensa dar incentivos o qué hará para que el Estado funcione. Cómo operarán las compañías que no exportan y demandan mucho empleo, que hará con los impuestos o quién impulsará a las PyME, con préstamos accesibles.Sin una tarea sensata, constructiva, sin odios, no será posible crecer como lo hacen los países civilizados. Es decir, con un fuerte ataque contra la pobreza, el desempleo y la inflación, con redistribución de la riqueza y con empresas rentables.
Tucumán sufre mucho. No admite más divisiones ni fracturas. No hay que echar más nafta al fuego. No puede haber confrontaciones inaceptables entre pobres y ricos, entre peronistas y no peronistas, entre acreedores y deudores, entre sectores postergados y eficientes, por cuestiones religiosas o educativas, entre los que se salvarán y los condenados a quedar postergados.
La dirigencia tiene que bajarse del Tucumán artificial en el que vive, cómoda, adinerada, sin dramas para el futuro. De otra forma, reducir la tasa de pobreza será un milagro, tanto como terminar con la inseguridad y lograr que los gobernantes gobiernen, porque, a pesar de que el Estado nadará en dinero (aunque la pileta no es muy honda) el mayor peligro se asienta en el mal manejo de la cosa pública.
Una difícil tarea
Tucumán, que retrocedió a la Edad Media por la crisis social y la inoperancia gubernamental, debe volver a encaramarse al plantel de provincias confiables, sin demagogias ni autoritarismos, abandonando el estilo barrabrava. Conviene mirar para adelante, pero con conciencia de lo que se dejó atrás, sobre todo de los errores.
Es cierto que serán calificados por los resultados que logren, pero las personas pasan y las instituciones quedan. Hay inversores interesados en enterrar su dinero aquí, en especial cuando detectan negocios baratos, pero requieren previsibilidad y miran siempre qué trama el gobierno.
Ser creíble, gobernar para todos y hacer las cosas bien a veces tiene un alto precio, que sólo los estadistas serios están en condiciones de pagar.
Además, un nuevo gobierno asume dentro de 17 días, con los temores que causan sus criticados movimientos, encaminados a construir poder con un hacha, en lugar de usar un bisturí, y las esperanzas de que la renovación gubernamental cambie la realidad para bien y no para mal.Hay aspectos preocupantes. Como la falta de crédito o las tasas caras que cobran los bancos; el miedo a gastar de los consumidores; la demora en que se derrame la reactivación al 70% de la economía que falta, que depende del mercado doméstico, o los problemas para llegar con dinero a fin de mes.Los empresarios esperan del gobernador electo, en primer lugar, seguridad jurídica. Que no sea alterada por un mandatario que se trepe sobre la suma del poder público y ponga en peligro los bienes y la tranquilidad de quienes no piensen como él.
También plantean la necesidad de que el gobierno abandone el cortoplacismo y esboce una visión a largo plazo, para que las inversiones se animen a salir de sus escondites y Tucumán vuelva a un camino de crecimiento.
Quieren saber cuál será la estrategia estatal. A dónde piensa el alperovichismo que puede llevar la provincia, a qué sectores piensa dar incentivos o qué hará para que el Estado funcione. Cómo operarán las compañías que no exportan y demandan mucho empleo, que hará con los impuestos o quién impulsará a las PyME, con préstamos accesibles.Sin una tarea sensata, constructiva, sin odios, no será posible crecer como lo hacen los países civilizados. Es decir, con un fuerte ataque contra la pobreza, el desempleo y la inflación, con redistribución de la riqueza y con empresas rentables.
Tucumán sufre mucho. No admite más divisiones ni fracturas. No hay que echar más nafta al fuego. No puede haber confrontaciones inaceptables entre pobres y ricos, entre peronistas y no peronistas, entre acreedores y deudores, entre sectores postergados y eficientes, por cuestiones religiosas o educativas, entre los que se salvarán y los condenados a quedar postergados.
La dirigencia tiene que bajarse del Tucumán artificial en el que vive, cómoda, adinerada, sin dramas para el futuro. De otra forma, reducir la tasa de pobreza será un milagro, tanto como terminar con la inseguridad y lograr que los gobernantes gobiernen, porque, a pesar de que el Estado nadará en dinero (aunque la pileta no es muy honda) el mayor peligro se asienta en el mal manejo de la cosa pública.
Una difícil tarea
Tucumán, que retrocedió a la Edad Media por la crisis social y la inoperancia gubernamental, debe volver a encaramarse al plantel de provincias confiables, sin demagogias ni autoritarismos, abandonando el estilo barrabrava. Conviene mirar para adelante, pero con conciencia de lo que se dejó atrás, sobre todo de los errores.
Es cierto que serán calificados por los resultados que logren, pero las personas pasan y las instituciones quedan. Hay inversores interesados en enterrar su dinero aquí, en especial cuando detectan negocios baratos, pero requieren previsibilidad y miran siempre qué trama el gobierno.
Ser creíble, gobernar para todos y hacer las cosas bien a veces tiene un alto precio, que sólo los estadistas serios están en condiciones de pagar.







