12 Octubre 2003 Seguir en 
Durante la convertibilidad, con el uno a uno, se desató una fiebre del consumo a partir de una sobre oferta de líneas de préstamo. Con la devaluación, los argentinos tuvieron que acostumbrarse a que las cosas perduraran o a arreglarlas (a partir de diciembre de 2001 fueron muy requeridos plomeros, gasistas y electricistas). Ahora, paulatina y tímidamente, la gente vuelve a comprar a crédito, sobre todo con tarjetas o mediante los planes que ofrecen los hipermercados y grandes casas y tiendas de electrodomésticos y artículos para el hogar, aunque todavía con tasas que no son las ideales (el interés ronda el 36% anual en el caso de las operaciones de hasta 12 meses, y trepa por encima del 80% anual cuando se hacen a 24 meses). En el caso de Tucumán esta situación también fue ayudada por la salida de circulación de los Bonos de Cancelación de Deudas (Bocade).
A mediados de 2002, según los consultados por LA GACETA, prácticamente nadie compraba a crédito y todas las operaciones se hacían de contado. Pero, desde este año, comenzaron a resurgir las facilidades, primero con las tarjetas provinciales. "Hace seis meses no había posibilidad de adquirir productos con plásticos nacionales en tres cuotas y sin intereses y ahora sí. Esto es un síntoma de confianza en el mercado", aseguró Carlos Said, gerente de una cadena nacional de electrodomésticos.
"En los últimos meses, creció la participación de las operaciones a crédito en las ventas. Esto se debe a que la gente, que tiene cierta capacidad y los papales en orden, está aprovechando las facilidades que les ofrecemos; para las compras de artefactos para el hogar y electrodomésticos con tarjeta, por ejemplo, existen planes de entre 6 y 12 cuotas sin intereses", aseguró el gerente de Relaciones Públicas de un hipermercado, Rafael Conejero.
Como creció la demanda, muchas tarjetas de crédito, sobre todo las provinciales, comenzaron a implementar planes de financiación con cuotas fijas por un determinado período de validez. "Hasta hasta cinco meses sólo había posibilidad de comprar en tres cuotas (con el mismo precio de contado) y hoy hay 6, 9 y 12 meses de plazo. Además, antes había que pagar la primera cuota al momento de concretar la operación, mientras que ahora se lo puede hacer a los 30, a los 60 y a los 90 días; claro, todo depende del plan y de la tasa", explicó Gustavo Ramos, gerente administrativo de otra cadena nacional de electrodomésticos.
¡Chau bonos!
Además de la opción con tarjetas de crédito, si la gente camina un poco consigue firmas que tienen financiación propia. Esta llega a los 24 meses, aunque, por lo general, los propios consumidores prefieren entre 12 y 15 meses. Cuando las operaciones se hacen a un año las tasas, en promedio, rondan el 3% mensual (36% anual) y superan el 80% anual (alcanzan el 88% en muchos casos) si el plazo de devolución se estira a los dos años. La explicación es que las empresas, a su vez, tienen que fondearse a tasas muy altas. A ello hay que sumarle la elevada morosidad (los informes de las organizaciones encargadas de relevar la situación financiera de cada persona son muy rigurosos) y que hacer previsiones en la Argentina por dos años sigue siendo difícil.
"Hoy, por suerte, la gente sale a renovar el televisor, la heladera o el equipo de audio. Antes se daba maña reparando el producto o con parches, como solía decirse. Hay una mayor demanda y a ello ayudó mucho el retiro de los Bocade de la plaza. El bono hacía que Tucumán viviera en dos realidades. Una persona cobraba $ 100, pero, en los hechos, tenía $ 85. Ahora, en cambio, el dinero vale lo que dice en el billete", señaló Luis Ojeda, gerente de ventas de una casa ubicada en Mendoza 477.
Pedro Gómez, gerente de la sucursal de otra cadena nacional, coincidió con Ojeda. "En estos últimos tres meses se notó una suba promedio de entre 2% y 3% en la línea de rendimiento. Si bien aún no se recuperó la confianza del todo, la gente quiere financiación. Además, como ya no existe el desagio que teníamos por los bonos, podemos competir con los precios", manifestó.
El empresario Oscar Castillo concluyó con un análisis de lo que sucede. "La oferta y la demanda no dependen de una empresa en particular, sino del ritmo de la economía del país. Aún existe desconfianza por el futuro y esta se exterioriza en las entidades financieras y en las compañías que dan crédito. No obstante, como para vender hay que conceder préstamos, debemos asumir riesgos y darlos hasta 18 meses, aun a costa de sufrir una alta morosidad por el elevado desempleo. Antes, había dos o tres personas que aportaban al presupuesto familiar, y hoy lo hace una a lo sumo y los otros, con suerte, reciben un bolsón. Esto genera falta de demanda, aunque, tímidamente, se animando y calentando el mercado", aseveró.
Punto de vista
Por José Mario Laks, asesor de empresas
A la gente aún le cuesta asimilar el golpe que significó la devaluación y la debacle económica de 2001. Aquel horror todavía está muy fresco en la memoria. Aún persiste el temor de endeudarse, porque todavía existen dudas sobre el futuro.
El crédito todavía es algo caro, limitado y, por ende, valioso en términos económicos y financieros; es un bien muy preciado y restringido, como el agua en el desierto.
En el caso de los precios de los electrodomésticos, si bien no subieron tanto como el dólar, se duplicaron. No obstante, para alentar el consumo, las grandes cadenas y casas de ventas ahora ofrecen préstamos personales, aún caros. Esto se debe al hecho de que otorgan créditos a 24 meses, lo que ante semejante crisis es un plazo de devolución muy largo y el riesgo de morosidad de los tomadores es muy alto. Por otra parte, aquellas empresas suelen pedir informes a organizaciones como Veraz, ante la cual gran parte de la población está registrada -y, por ende, con el crédito restringido en los hechos-, a veces por simples atrasos en el pago de alguna cuota correspondiente a una obligación financiera asumida. Por ende, no les queda otra que cubrirse con altas tasas de interés. Estas bajarán, pero paulatinamente. Hay que dejar que pase el tiempo y que la gente recupere la confianza en la medida en que aumente el empleo, la estabilidad económica y la productividad.
Hay que olvidarse de los milagros rápidos e instantáneos, como los tan publicitados en la década de 1990. Es preferible un crecimiento lento, pero consolidado, basado en la capitalización constante de utilidades antes que en el endeudamiento y en el festival indiscriminado de créditos blandos. Esta última opción brinda resultados en el corto plazo, pero a la larga genera crisis, como la que hoy vive el país. Las consecuncias de la primera, en cambio, demoran en verse, pero son más sólidas.
A mediados de 2002, según los consultados por LA GACETA, prácticamente nadie compraba a crédito y todas las operaciones se hacían de contado. Pero, desde este año, comenzaron a resurgir las facilidades, primero con las tarjetas provinciales. "Hace seis meses no había posibilidad de adquirir productos con plásticos nacionales en tres cuotas y sin intereses y ahora sí. Esto es un síntoma de confianza en el mercado", aseguró Carlos Said, gerente de una cadena nacional de electrodomésticos.
"En los últimos meses, creció la participación de las operaciones a crédito en las ventas. Esto se debe a que la gente, que tiene cierta capacidad y los papales en orden, está aprovechando las facilidades que les ofrecemos; para las compras de artefactos para el hogar y electrodomésticos con tarjeta, por ejemplo, existen planes de entre 6 y 12 cuotas sin intereses", aseguró el gerente de Relaciones Públicas de un hipermercado, Rafael Conejero.
Como creció la demanda, muchas tarjetas de crédito, sobre todo las provinciales, comenzaron a implementar planes de financiación con cuotas fijas por un determinado período de validez. "Hasta hasta cinco meses sólo había posibilidad de comprar en tres cuotas (con el mismo precio de contado) y hoy hay 6, 9 y 12 meses de plazo. Además, antes había que pagar la primera cuota al momento de concretar la operación, mientras que ahora se lo puede hacer a los 30, a los 60 y a los 90 días; claro, todo depende del plan y de la tasa", explicó Gustavo Ramos, gerente administrativo de otra cadena nacional de electrodomésticos.
¡Chau bonos!
Además de la opción con tarjetas de crédito, si la gente camina un poco consigue firmas que tienen financiación propia. Esta llega a los 24 meses, aunque, por lo general, los propios consumidores prefieren entre 12 y 15 meses. Cuando las operaciones se hacen a un año las tasas, en promedio, rondan el 3% mensual (36% anual) y superan el 80% anual (alcanzan el 88% en muchos casos) si el plazo de devolución se estira a los dos años. La explicación es que las empresas, a su vez, tienen que fondearse a tasas muy altas. A ello hay que sumarle la elevada morosidad (los informes de las organizaciones encargadas de relevar la situación financiera de cada persona son muy rigurosos) y que hacer previsiones en la Argentina por dos años sigue siendo difícil.
"Hoy, por suerte, la gente sale a renovar el televisor, la heladera o el equipo de audio. Antes se daba maña reparando el producto o con parches, como solía decirse. Hay una mayor demanda y a ello ayudó mucho el retiro de los Bocade de la plaza. El bono hacía que Tucumán viviera en dos realidades. Una persona cobraba $ 100, pero, en los hechos, tenía $ 85. Ahora, en cambio, el dinero vale lo que dice en el billete", señaló Luis Ojeda, gerente de ventas de una casa ubicada en Mendoza 477.
Pedro Gómez, gerente de la sucursal de otra cadena nacional, coincidió con Ojeda. "En estos últimos tres meses se notó una suba promedio de entre 2% y 3% en la línea de rendimiento. Si bien aún no se recuperó la confianza del todo, la gente quiere financiación. Además, como ya no existe el desagio que teníamos por los bonos, podemos competir con los precios", manifestó.
El empresario Oscar Castillo concluyó con un análisis de lo que sucede. "La oferta y la demanda no dependen de una empresa en particular, sino del ritmo de la economía del país. Aún existe desconfianza por el futuro y esta se exterioriza en las entidades financieras y en las compañías que dan crédito. No obstante, como para vender hay que conceder préstamos, debemos asumir riesgos y darlos hasta 18 meses, aun a costa de sufrir una alta morosidad por el elevado desempleo. Antes, había dos o tres personas que aportaban al presupuesto familiar, y hoy lo hace una a lo sumo y los otros, con suerte, reciben un bolsón. Esto genera falta de demanda, aunque, tímidamente, se animando y calentando el mercado", aseveró.
Por José Mario Laks, asesor de empresas
A la gente aún le cuesta asimilar el golpe que significó la devaluación y la debacle económica de 2001. Aquel horror todavía está muy fresco en la memoria. Aún persiste el temor de endeudarse, porque todavía existen dudas sobre el futuro.
El crédito todavía es algo caro, limitado y, por ende, valioso en términos económicos y financieros; es un bien muy preciado y restringido, como el agua en el desierto.
En el caso de los precios de los electrodomésticos, si bien no subieron tanto como el dólar, se duplicaron. No obstante, para alentar el consumo, las grandes cadenas y casas de ventas ahora ofrecen préstamos personales, aún caros. Esto se debe al hecho de que otorgan créditos a 24 meses, lo que ante semejante crisis es un plazo de devolución muy largo y el riesgo de morosidad de los tomadores es muy alto. Por otra parte, aquellas empresas suelen pedir informes a organizaciones como Veraz, ante la cual gran parte de la población está registrada -y, por ende, con el crédito restringido en los hechos-, a veces por simples atrasos en el pago de alguna cuota correspondiente a una obligación financiera asumida. Por ende, no les queda otra que cubrirse con altas tasas de interés. Estas bajarán, pero paulatinamente. Hay que dejar que pase el tiempo y que la gente recupere la confianza en la medida en que aumente el empleo, la estabilidad económica y la productividad.
Hay que olvidarse de los milagros rápidos e instantáneos, como los tan publicitados en la década de 1990. Es preferible un crecimiento lento, pero consolidado, basado en la capitalización constante de utilidades antes que en el endeudamiento y en el festival indiscriminado de créditos blandos. Esta última opción brinda resultados en el corto plazo, pero a la larga genera crisis, como la que hoy vive el país. Las consecuncias de la primera, en cambio, demoran en verse, pero son más sólidas.







