05 Octubre 2003 Seguir en 
Si no se repiten los gruesos errores de los últimos años, a Tucumán le esperan, irremediablemente, tiempos mejores.
Al futuro gobierno se le presenta un panorama alentador, computando a favor los virajes optimistas que hay en la economía. Sólo estará condenado al fracaso si opera con torpeza o si se queda empantanado en inmanejables conspiraciones políticas. El peronismo se sigue afirmando en todo el país, pero Tucumán es el paraíso del complot.
El Estado recibirá bocanadas adicionales de oxígeno financiero, derivadas de la creciente coparticipación federal, con ingresos que permitirán pagar los costos salariales sin sofocones.También se beneficiará con el visible aumento de la recaudación impositiva provincial.
La refinanciación de la deuda pública y la desafectación de los recortes de la coparticipación, logradas por el mirandismo, funcionarán como factores positivos para atemperar las angustias del sector estatal.
Se deberán superar las deudas pendientes en el campo social, para que la gente no se muera de hambre, reciba una atención adecuada a sus problemas de salud y sea educada como corresponde. Otro tarea incumplida es proporcionar a la sociedad un sistema de seguridad que garantice tranquilidad para las personas y los bienes.
La herencia social que recibirá Alperovich será nefasta. El 70% de los tucumanos (950.000 personas) está debajo de la línea de pobreza y el 33% (unas 450.000) vive empantanado en la indigencia. Sólo con el repunte del consumo mejorarán la producción y las ventas, cederá el desempleo y el Estado podrá recaudar más y tolerar los reclamos salariales.
Con lentitud
La reactivación de la economía, que va levantando cabeza, pero no en los niveles espectaculares deseados, colaborará para que, pese a la larga depresión del mercado interno, el crecimiento impulse la creación de puestos de trabajo y derrame optimismo.
En Tucumán se esperan que las cosechas de 2004 sean importantes: caña de azúcar, limón y soja (si no se repite la sequía).
Como el dólar continuará en niveles elevados, favorecerá a las exportaciones. Al mismo tiempo, la depreciación del peso y la desocupación mantendrá los costos laborales bajos.
Los precios de los productos primarios, en especial la soja, que muestra una potente realidad, se muestran favorables.
El escenario que enfrentará el futuro gobierno no estará jaqueado por una alta inflación, aunque el presupuesto calcula que los precios subirán un 10%, por el inevitable ajuste de las tarifas de servicios privatizados.
Pese a que el Estado es ineficiente y gasta de más, esta provincia tiene empresas que se tecnificaron, les sobra capacidad y manejan un valioso capital humano. La fuga de los inversores es superable con una gestión que administre para todos, sin corrupción y sin rencores.
En soledad, el gobierno terminará con los abucheos como los que conmovieron al mirandismo frente al presidente Néstor Kirchner. El equipo saliente cree que hizo las cosas bien y que no se escucharán las voces de muchos heridos que dejó atrás en estos años, a los que solamente barrió debajo de la alfombra.
Siempre que no apunten discrecionalmente a beneficiar a pocos, los incentivos y las regulaciones estatales serán resortes útiles para hacer funcionar a pleno a compañías que vienen muy golpeadas y bajoneadas.
Si consigue supera las conspiraciones, Alperovich tendrá una oportunidad excepcional para colocar a Tucumán en lugar que le corresponde y aportar bienestar a la gente.
Es un momento único para salir del pozo, en una provincia que es más conocida en el mundo por los chicos muertos de hambre que por lo bueno que produce.
Al futuro gobierno se le presenta un panorama alentador, computando a favor los virajes optimistas que hay en la economía. Sólo estará condenado al fracaso si opera con torpeza o si se queda empantanado en inmanejables conspiraciones políticas. El peronismo se sigue afirmando en todo el país, pero Tucumán es el paraíso del complot.
El Estado recibirá bocanadas adicionales de oxígeno financiero, derivadas de la creciente coparticipación federal, con ingresos que permitirán pagar los costos salariales sin sofocones.También se beneficiará con el visible aumento de la recaudación impositiva provincial.
La refinanciación de la deuda pública y la desafectación de los recortes de la coparticipación, logradas por el mirandismo, funcionarán como factores positivos para atemperar las angustias del sector estatal.
Se deberán superar las deudas pendientes en el campo social, para que la gente no se muera de hambre, reciba una atención adecuada a sus problemas de salud y sea educada como corresponde. Otro tarea incumplida es proporcionar a la sociedad un sistema de seguridad que garantice tranquilidad para las personas y los bienes.
La herencia social que recibirá Alperovich será nefasta. El 70% de los tucumanos (950.000 personas) está debajo de la línea de pobreza y el 33% (unas 450.000) vive empantanado en la indigencia. Sólo con el repunte del consumo mejorarán la producción y las ventas, cederá el desempleo y el Estado podrá recaudar más y tolerar los reclamos salariales.
Con lentitud
La reactivación de la economía, que va levantando cabeza, pero no en los niveles espectaculares deseados, colaborará para que, pese a la larga depresión del mercado interno, el crecimiento impulse la creación de puestos de trabajo y derrame optimismo.
En Tucumán se esperan que las cosechas de 2004 sean importantes: caña de azúcar, limón y soja (si no se repite la sequía).
Como el dólar continuará en niveles elevados, favorecerá a las exportaciones. Al mismo tiempo, la depreciación del peso y la desocupación mantendrá los costos laborales bajos.
Los precios de los productos primarios, en especial la soja, que muestra una potente realidad, se muestran favorables.
El escenario que enfrentará el futuro gobierno no estará jaqueado por una alta inflación, aunque el presupuesto calcula que los precios subirán un 10%, por el inevitable ajuste de las tarifas de servicios privatizados.
Pese a que el Estado es ineficiente y gasta de más, esta provincia tiene empresas que se tecnificaron, les sobra capacidad y manejan un valioso capital humano. La fuga de los inversores es superable con una gestión que administre para todos, sin corrupción y sin rencores.
En soledad, el gobierno terminará con los abucheos como los que conmovieron al mirandismo frente al presidente Néstor Kirchner. El equipo saliente cree que hizo las cosas bien y que no se escucharán las voces de muchos heridos que dejó atrás en estos años, a los que solamente barrió debajo de la alfombra.
Siempre que no apunten discrecionalmente a beneficiar a pocos, los incentivos y las regulaciones estatales serán resortes útiles para hacer funcionar a pleno a compañías que vienen muy golpeadas y bajoneadas.
Si consigue supera las conspiraciones, Alperovich tendrá una oportunidad excepcional para colocar a Tucumán en lugar que le corresponde y aportar bienestar a la gente.
Es un momento único para salir del pozo, en una provincia que es más conocida en el mundo por los chicos muertos de hambre que por lo bueno que produce.







