05 Octubre 2003 Seguir en 
El empresario textil Héctor Mario Ledesma afirma que, tras la salida de la devaluación, los precios se volvieron competitivos, por lo que ahora llegó el turno de hacer lo mismo con las organizaciones.
- ¿Cuál es hoy la situación del sector textil?
- Es buena comparada con los meses anteriores a la devaluación. El problema es que los precios se volvieron competitivos, pero las empresas aún no. Se perdió mucha gente en los últimos años, cerraron numerosas compañías, principalmente las chicas, con lo que disminuyó la cantidad de personal afectado a la industria. Esto sucedió desde los años 90 en adelante, lo que tuvo que ver con el hecho de que la industria textil no era muy profesional en el país. Por ello, muchos podían encarar alguna que otra aventura textilera.
- ¿Y qué pasó a partir de la devaluación?
- Muchos creyeron que, al volverse competitivos los precios, sucedería lo mismo, automáticamente, con las organizaciones, sobre todo porque se podía vender al exterior. Entonces, no se preocuparon por mejorar la calidad y los importadores comenzaron a rechazarles los productos, y a pedir rebajas o resarcimientos. No vieron que necesitamos equiparnos tecnológicamente o que debemos refaccionar nuestras viejas máquinas, muchas veces con piezas de afuera por las que hay que pagar precios en dólares. Durante la convertibilidad quienes compraban afuera se acostumbraron a adquirid cosas de calidad con precios interesantes. Cuando se produjo la devaluación y la sustitución se enteraron de que tenían buenos precios, pero que nuestra calidad no era competitiva por culpa de las empresas que no tienen espíritu profesional. Tenemos que capacitarnos y fijarnos en quienes hacen bien las cosas.
- ¿Cómo se cambia la mentalidad?
- Pensando en que no sólo hay que mejorar los precios. Esto es una rueda, en la que invierten muchos factores (quien produce el algodón, quien envía los fardos, quien transforma ese material, etcétera), que deben coordinar sus esfuerzos. Uno se demora más trabajando de esa manera, pero a la larga se vuelve más competitivo. Además, no hay que temerle a las innovaciones. Por ejemplo, en nuestra planta de Lules tenemos 50 personas que forman parte de nuestro personal permanente y que comenzaron por medio de los planes Jefes y jefas de hogar desocupados. Cuando aceptamos esta modalidad, muchos pensaron que estábamos locos. Pero de los 56 que ingresaron por esa vía, sólo seis no continuaron. Es un orgullo que hayan preferido seguir trabajando más allá del paliativo social que significan los planes.
- ¿Ve señales de reactivación en la Argentina?
- Sin dudas, pero el problema sigue siendo la falta de competitividad. Estamos trabajando a "full", pero si no hacemos las cosas profesionalmente, no avanzaremos. Además, ya se incrementó el costo de la mano de obra y pronto pasará lo mismo con los servicios (energía, agua y gas). Estas subas harán que seamos menos competitivos si, previamente, no lo somos como empresas. De todos modos, las compañías que quedaron en pie son buenas, porque, de lo contrario, hubieran desaparecido por el caos que hubo. Ahora deberán preguntarse qué hay que hacer: ¿seguir aprovechando el veranito o hacer bien las cosas para progresar sostenidamente.
- ¿Y ayuda la dirección elegida por el gobierno nacional?
- Nunca hay que prescindir de lo que piensa la gente y acá hay esperanzas de un cambio, aunque aún no sabemos si para bien o para mal. Existe un aire nuevo, se lo nota en toda clase de personas, y esperemos que sea para el bien de todos. De todas formas falta un plan económico. Los anteriores fallaron porque nunca hubo voluntad política para llevarlos adelante. Las leyes estaban, pero no había actitud. Y, para lograr eso, lo primero es tener fortaleza política. En eso están trabajando ahora.
- Desde el punto de vista jurídico, ¿se sienten seguras las empresas?
- La seguridad jurídica e institucional es clave. Nadie vendrá a invertir, ni lo seguirán haciendo, en el caso de que ya estén radicados en el país, si no están seguros de que sus inversiones estarán protegidas. Políticamente se deben tomar recaudos y dar alguna importante señal para dar tranquilidad y no desalentar iniciativas. En Tucumán falta lo mismo que en la Nación: no gastar más de lo que se gana; lo de doña Rosa, lo que hacemos en nuestros hogares debemos hacerlo con lo público. Y la producción es clave. Hay que trabajar sobre ella, porque es la fuente de riquezas. Si las industrias pueden contratar más gente y pagarle bien, eso se vuelva al Estado, que podrá bajar impuestos si no gasta de más. Entonces, el empresario podrá reinvertir, tendrá seguridad y generará más trabajo; es una pelota que debe ir creciendo.
- ¿Cuál es hoy la situación del sector textil?
- Es buena comparada con los meses anteriores a la devaluación. El problema es que los precios se volvieron competitivos, pero las empresas aún no. Se perdió mucha gente en los últimos años, cerraron numerosas compañías, principalmente las chicas, con lo que disminuyó la cantidad de personal afectado a la industria. Esto sucedió desde los años 90 en adelante, lo que tuvo que ver con el hecho de que la industria textil no era muy profesional en el país. Por ello, muchos podían encarar alguna que otra aventura textilera.
- ¿Y qué pasó a partir de la devaluación?
- Muchos creyeron que, al volverse competitivos los precios, sucedería lo mismo, automáticamente, con las organizaciones, sobre todo porque se podía vender al exterior. Entonces, no se preocuparon por mejorar la calidad y los importadores comenzaron a rechazarles los productos, y a pedir rebajas o resarcimientos. No vieron que necesitamos equiparnos tecnológicamente o que debemos refaccionar nuestras viejas máquinas, muchas veces con piezas de afuera por las que hay que pagar precios en dólares. Durante la convertibilidad quienes compraban afuera se acostumbraron a adquirid cosas de calidad con precios interesantes. Cuando se produjo la devaluación y la sustitución se enteraron de que tenían buenos precios, pero que nuestra calidad no era competitiva por culpa de las empresas que no tienen espíritu profesional. Tenemos que capacitarnos y fijarnos en quienes hacen bien las cosas.
- ¿Cómo se cambia la mentalidad?
- Pensando en que no sólo hay que mejorar los precios. Esto es una rueda, en la que invierten muchos factores (quien produce el algodón, quien envía los fardos, quien transforma ese material, etcétera), que deben coordinar sus esfuerzos. Uno se demora más trabajando de esa manera, pero a la larga se vuelve más competitivo. Además, no hay que temerle a las innovaciones. Por ejemplo, en nuestra planta de Lules tenemos 50 personas que forman parte de nuestro personal permanente y que comenzaron por medio de los planes Jefes y jefas de hogar desocupados. Cuando aceptamos esta modalidad, muchos pensaron que estábamos locos. Pero de los 56 que ingresaron por esa vía, sólo seis no continuaron. Es un orgullo que hayan preferido seguir trabajando más allá del paliativo social que significan los planes.
- ¿Ve señales de reactivación en la Argentina?
- Sin dudas, pero el problema sigue siendo la falta de competitividad. Estamos trabajando a "full", pero si no hacemos las cosas profesionalmente, no avanzaremos. Además, ya se incrementó el costo de la mano de obra y pronto pasará lo mismo con los servicios (energía, agua y gas). Estas subas harán que seamos menos competitivos si, previamente, no lo somos como empresas. De todos modos, las compañías que quedaron en pie son buenas, porque, de lo contrario, hubieran desaparecido por el caos que hubo. Ahora deberán preguntarse qué hay que hacer: ¿seguir aprovechando el veranito o hacer bien las cosas para progresar sostenidamente.
- ¿Y ayuda la dirección elegida por el gobierno nacional?
- Nunca hay que prescindir de lo que piensa la gente y acá hay esperanzas de un cambio, aunque aún no sabemos si para bien o para mal. Existe un aire nuevo, se lo nota en toda clase de personas, y esperemos que sea para el bien de todos. De todas formas falta un plan económico. Los anteriores fallaron porque nunca hubo voluntad política para llevarlos adelante. Las leyes estaban, pero no había actitud. Y, para lograr eso, lo primero es tener fortaleza política. En eso están trabajando ahora.
- Desde el punto de vista jurídico, ¿se sienten seguras las empresas?
- La seguridad jurídica e institucional es clave. Nadie vendrá a invertir, ni lo seguirán haciendo, en el caso de que ya estén radicados en el país, si no están seguros de que sus inversiones estarán protegidas. Políticamente se deben tomar recaudos y dar alguna importante señal para dar tranquilidad y no desalentar iniciativas. En Tucumán falta lo mismo que en la Nación: no gastar más de lo que se gana; lo de doña Rosa, lo que hacemos en nuestros hogares debemos hacerlo con lo público. Y la producción es clave. Hay que trabajar sobre ella, porque es la fuente de riquezas. Si las industrias pueden contratar más gente y pagarle bien, eso se vuelva al Estado, que podrá bajar impuestos si no gasta de más. Entonces, el empresario podrá reinvertir, tendrá seguridad y generará más trabajo; es una pelota que debe ir creciendo.







