"Ahora sé que no tenemos a nadie que nos defienda"

La mujer que fue asaltada el sábado relató el robo y lo difícil que fue hacer la denuncia. Cuando los ladrones se fueron, las mujeres salieron y los vecinos las ayudaron. Deambularon por dos comisarías.

CONTENCIÓN. Teresa Campos abraza a su hija Camila, luego de relatar el violento hecho en el que pensó que los delincuentes las iban a matar. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO
CONTENCIÓN. Teresa Campos abraza a su hija Camila, luego de relatar el violento hecho en el que pensó que los delincuentes las iban a matar. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO
09 Enero 2013
La cara de Teresa Campos denota tristeza. Dice que la dejaron sin nada. Le robaron los documentos personales y los del auto y todos sus ahorros. Pero no está dispuesta a ceder. Quiere que la Policía detenga a las personas que la asaltaron el sábado y que no vuelvan a repetirse situaciones como la que le tocó vivir.

"Estoy tomando pastillas para los nervios porque me agarra la desesperación. Pasa el tiempo y no los detienen. Necesito recuperar la documentación del auto para poder salir", manifestó Campos, que recibió a LA GACETA en su casa.

El sábado a las 14.15, cuatro personas que simularon ser clientes ingresaron al negocio que la mujer tiene en su casa, en Américo Vespucio al 2.400. Los ladrones encañonaron a Teresa y a su hija, las ataron, y se escaparon en el auto de la mujer con dinero, ropa, tarjetas y un televisor plasma.

Sólo a conocidos
Teresa vive con su hija Camila de 14 años, y se gana la vida vendiendo ropa. A la mayoría de sus clientes los visita, pero hace unos meses comenzó a instalar un pequeño negocio en el frente de su vivienda. "Sólo le abro a los conocidos. Pero esta señora que vino primero no me pareció sospechosa", dijo al referirse al ardid que utilizaron los ladrones para conseguir que les abriera la puerta. "Me dijo que necesitaba una bermudita para el hijo. Le abrí y otra pareja apareció, diciendo que también necesitaban comprar ropa. Por eso creo que me estaban marcando", manifestó.

Esa pareja no era la primera vez que aparecía por el negocio. "Habían venido en varias ocasiones, la mujer elegía las prendas y decía, 'me olvidé la billetera', y se iban", contó. En otra oportunidad, después de revisar la mercadería, se retiraron diciendo que preferían traer a los niños para medirles la ropa. Todas esas veces había otros clientes o vecinos en la vereda. "Empecé a sospechar y le dije a mi hija que no los iba a atender más", relató la comerciante.

Pero volvieron, y la agarraron desprevenida. "Saqué una bermudita para mostrarles, y me ponen el revólver en la frente", contó la víctima. "Esto es un asalto, quedate callada, no hables nada", le repetía el hombre que le apuntaba, quien la llevó hacia el interior de la casa.

"Yo gritaba de la desesperación. Mi hija sacó la cabeza por el pasillo, vio que me llevaban y trató de esconderse en el baño. La agarró uno de los hombres y la metió en el dormitorio conmigo", contó. Con una calza, ataron las manos de la mujer. Camila se mantuvo tranquila, y los ladrones le pidieron que buscara la llave del ropero, porque querían dinero.

Teresa continuaba gritando. "Calmala a tu mamá porque si no te hacemos boleta", le dijo uno de los asaltantes a la adolescente. Al escuchar la amenaza, la mujer optó por el silencio.

"Les supliqué que se llevaran todo, pero que nos dejen con vida, que no nos hagan nada. Creía que era nuestro final, que nos iban a matar", dijo la mujer. Los ladrones subieron todo al auto de la mujer (un taxi que había pertenecido a su difunto marido), y se fueron. Antes, ataron con un cable a Camila.

Las mujeres salieron corriendo a la vereda apenas escucharon que los asaltantes se fueron. Los vecinos las ayudaron a desatarse, y comenzó una nueva odisea: comunicarse con la Policía.

Cuestión de jurisdicción
"No nos llevaba el apunte nadie de la Policía, era para morirse. Yo no tenía idea de lo desprotegidos que estamos, hasta que me ha pasado esto. Ahora sé que no tenemos a nadie que nos defienda", consideró la víctima.

Apenas se enteraron del violento asalto, los vecinos comenzaron a llamar al 101, pero no les respondieron, según dijeron Campos y su hija. Desesperada, la mujer subió a un taxi para dirigirse a la comisaría, pero le pidió luego al chofer que regresara. Estaba muy nerviosa, y temía descompensarse.

Un conocido les avisó que el auto estaba abandonado en avenida Independencia y canal Sur. Mientras el yerno de Teresa fue a buscar el vehículo, la víctima se dirigió a la seccional 13ª. Le dijeron que el lugar del asalto era jurisdicción de la seccional 8ª. Pero en la otra comisaría la respuesta fue a la inversa. En rigor, la casa de Teresa está en el límite de las jurisdicciones de ambas seccionales. A las 19 le tomaron la denuncia en la primera comisaría.

Un patrullero llegó a esa hora al barrio. Los vecinos, indignados, les recriminaron las cuatro horas de demora. "Se han hecho los locos, respondieron que le reclamen a quien le corresponde, y se fueron", contó Mariana, hija de la víctima.

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