07 Diciembre 2012 Seguir en 
EL CAIRO.- Siete egipcios perdieron la vida en las últimas horas, en las batallas callejeras entre militantes islamistas seguidores del mandatario, Mohamed Mursi, y los manifestantes laicos y de izquierda de la oposición. Además, 771 personas resultaron heridos durante los disturbios frente el Palacio Presidencial que comenzaron en la noche del miércoles, mientras que la Policía detuvo a 150 movilizados, según cifras difundidas por la cadena árabe de noticias Al Yazeera.
La zona recuperó la calma ayer, luego de que el Ejército desplegara tanques y las tropas de élite de la Guardia Republicana rodearan el edificio, con el propósito declarado de "garantizar la seguridad ante posibles transgresiones". Ante el avance de los blindados circularon rumores sobre un posible golpe de Estado, que fueron desmentidos.
Los brutales enfrentamientos se produjeron por la polarización social respecto del decreto de Mursi, por el cual se aumentó sus poderes y vetó cualquier análisis judicial sobre las decisiones que tome tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo, ya que acumula ambas funciones porque la Justicia dispuso que haya nuevas elecciones parlamentarias. Las marchas opositoras también abarcan el rechazo a la nueva Constitución, elaborada en soledad por los moderados Hermanos Musulmanes y los radicales salafistas. Este texto será sometido a plebiscito el sábado 15.
Mursi está buscando una salida a la crisis, la más grave desde que asumió el cargo hace menos de seis meses, y podría proponerle a los opositores un nuevo debate constitucional. El vocero presidencial, Yaser Ali, confirmó que hay constantes reuniones con ministros para encontrar la forma de abordar la situación desde la seguridad, lo político y lo legal para conseguir la estabilidad.
El guía espiritual de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badía, hizo un llamamiento a la paz en su sermón semanal: "(debemos) unirnos para construir nuestra nación y hacer que los intereses supremos venzan a los personales, para reconstruir lo destruido por los opresores; nuestras discrepancias y divisiones no sirven más que a los enemigos de la umma (nación islámica)". A su vez, la importante institución islámica de Al Azhar pidió a Mursi que suspenda sus cuestionados decretos.
Otra prueba del volátil momento es la renuncia presentada al Partido Libertad y Justicia (el PLJ es el brazo político de los Hermanos Musulmanes), por su vicepresidente, el cristiano copto Rafiq Habib, quien también era asesor de Mursi. (Télam-DPA-Reuters)
La zona recuperó la calma ayer, luego de que el Ejército desplegara tanques y las tropas de élite de la Guardia Republicana rodearan el edificio, con el propósito declarado de "garantizar la seguridad ante posibles transgresiones". Ante el avance de los blindados circularon rumores sobre un posible golpe de Estado, que fueron desmentidos.
Los brutales enfrentamientos se produjeron por la polarización social respecto del decreto de Mursi, por el cual se aumentó sus poderes y vetó cualquier análisis judicial sobre las decisiones que tome tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo, ya que acumula ambas funciones porque la Justicia dispuso que haya nuevas elecciones parlamentarias. Las marchas opositoras también abarcan el rechazo a la nueva Constitución, elaborada en soledad por los moderados Hermanos Musulmanes y los radicales salafistas. Este texto será sometido a plebiscito el sábado 15.
Mursi está buscando una salida a la crisis, la más grave desde que asumió el cargo hace menos de seis meses, y podría proponerle a los opositores un nuevo debate constitucional. El vocero presidencial, Yaser Ali, confirmó que hay constantes reuniones con ministros para encontrar la forma de abordar la situación desde la seguridad, lo político y lo legal para conseguir la estabilidad.
El guía espiritual de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badía, hizo un llamamiento a la paz en su sermón semanal: "(debemos) unirnos para construir nuestra nación y hacer que los intereses supremos venzan a los personales, para reconstruir lo destruido por los opresores; nuestras discrepancias y divisiones no sirven más que a los enemigos de la umma (nación islámica)". A su vez, la importante institución islámica de Al Azhar pidió a Mursi que suspenda sus cuestionados decretos.
Otra prueba del volátil momento es la renuncia presentada al Partido Libertad y Justicia (el PLJ es el brazo político de los Hermanos Musulmanes), por su vicepresidente, el cristiano copto Rafiq Habib, quien también era asesor de Mursi. (Télam-DPA-Reuters)







