22 Septiembre 2003 Seguir en 
Producción periodística: Ricardo Reinoso
En menos de dos años, los argentinos cambiaron sus hábitos de consumo de una manera asombrosa, obligados por la devaluación. Dejaron de lado la fidelidad a las primeras marcas y ahora se fijan primero en el precio, para luego comprobar la calidad. Sólo en los últimos meses, la deflación ha permitido un incipiente retorno a los artículos más valorados. Pero, según estimó el representante de un hipermercado, de diez personas que dejaron de lado las primeras marcas, sólo volvieron a consumirlas una o dos.
"Nuestros clientes fueron descubriendo entre las segundas marcas aquellas que tienen buena relación de precio y calidad", afirmó Rafael Conejero.
De acuerdo con un sondeo realizado por LA GACETA, un cliente de un supermercado que adquiere una decena de productos de consumo masivo (ver infografía) puede ahorrar cerca de un 50% si opta por segundas o terceras marcas. Sin embargo, no en todos los casos satisface la relación entre precio y calidad que ofrecen los productos de menor rango. En el caso de las gaseosas, por ejemplo, el consumidor sigue tratando de adquirir la marca preferida, aunque su precio triplique el de una "gaseosa agua".
"Las marcas buenas de jabón en polvo no se pueden dejar de comprar, porque con un producto barato no se lava la misma cantidad de ropa e incluso se puede dañar el lavarropas automático", admitió Angela de Sorrentino, presidenta de Adelco Tucumán. Advirtió, por otra parte, que los precios en nuestra provincia superan a los de otros distritos argentinos porque hay comerciantes que no bajaron los precios "a pesar de que desaparecieron los bonos". También alertó sobre marcas desconocidas que coparon el mercado y que tendrían un precio muy alto con respecto a su calidad.
Selectivo y racional
En un contexto donde las disparidades de precios y calidades pueden deparar más de una sorpresa, las entidades de defensa del consumidor aconsejan caminar, buscar y comparar. Puede suceder que se encuentre la misma leche en polvo un 35% más barata en un local ubicado a 300 metros del primero, como ocurre hoy en el microcentro tucumano.
También recomiendan analizar las ofertas, porque pueden resultar engañosas. "Ahora el consumo es muy selectivo y racional, fundado en los mejores precios de producto, sin importar si son primera o segunda marca, o si es una marca nueva", aseguró Ricardo Fernández, de la FET.
"En líneas generales, el consumidor compra lo imprescindible y busca la opción de menor precio -agregó-. Su comentario es: ?compré barato tal o cual cosa?".
Si bien los supermercados continúan canalizando el consumo masivo y atrayendo con ofertas diarias y puntuales, Fernández señaló que está resurgiendo el almacén de barrio. "Sus precios ahora son muy competitivos, dado el nuevo sistema de aprovisionamiento que se ha desarrollado debido a la falta de rentabilidad -dijo-. El almacén ha comenzado a comprar directamente a la fábrica, sin pasar por intermediarios o distribuidores, gracias a Internet, las comunicaciones, y la facilidad de un incipiente crédito a corto plazo".
En opinión de Roberto Nicolás, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Marketing, la restricción del consumo ha disminuido porque hay mayor confianza. Como ejemplo mencionó que la demanda de bienes durables, como los electrodomésticos, está casi a los niveles de 2000/2001. La gente se atreve a tomar más créditos a mediano plazo.
Nicolás señaló que ahora el público valora y cuida más el dinero, compara mucho los precios, hace compras más repetitivas y guarda menos fidelidad a un comercio o a una marca. "La única diferencia notable entre el consumidor de Buenos Aires y el del NOA, es que este último tiene menos posibilidades de compra -afirmó-. El nivel alto y medio, en Buenos Aires, representa el 30% de la población y acumula el 64% de la riqueza. En Buenos Aires, como en Mendoza y Córdoba, los hogares en los cuales trabajan al menos dos personas alcanzan al 57%, mientras que en Tucumán llegan al 47%. En consecuencia, hay menor poder de compra".
El especialista citó otras estadísticas: en Buenos Aires los hogares con dos autos constituyen el 35% y los que tienen PC llegan al 28%. En Tucumán representan el 22% y el 16%, respectivamente.
Racionales y pobres
"Antes de la crisis, se consideraba que el 55% de los consumidores eran ?marquistas?. Luego bajaron al 25% los que priorizan marcas. Las segundas marcas pasaron a ser primeras para el consumidor", agregó Nicolás. Dijo que ahora se prioriza el contenido y no el envase, lo cual benefició a las marcas regionales.
Además, destacó que la crisis de 2002 volvió a los consumidores más racionales y más pobres. Se amplió la brecha entre el precio de los productos y las capacidades de la gente; más aún en Tucumán, donde hay serios problemas estructurales de desempleo. Las inversiones que hay en algunos sectores no tienen hoy a Tucumán como centro del NOA. Y como ejemplo mencionó que en Salta se están construyendo dos hoteles de alta categoría, mientras que nuestra provincia no tiene ningún proyecto concreto.
El nuevo consumidor se muestra mucho más racional
"Antes de concretar su compra, pregúntese si lo que está adquiriendo es realmente lo que busca y cuánto desea gastar en ese producto", recomiendan los especialistas en consumo.El nuevo consumidor argentino, más racional que antes, ha hecho crecer las segundas marcas, los empaques más económicos y canceló numerosos servicios.
Mucha gente habituada a darse los gustos más elementales, ahora los posterga y aprende a reprimir las compras impulsivas.
Se puede economizar mucho empleando pequeños trucos, como los que aconseja Angela de Sorrentino, presidenta de la filial Tucumán de Adelco. "El pan aumentó al triple de lo que costaba, así que ahora compro flauta o baguette, que no tienen desperdicio de miga. Al pan que me sobra lo tuesto en el horno y lo guardo en un frasco de vidrio. De esa manera, lo quedo seguir consumiendo durante varios días -detalló-. Hay gente que fabrica pan amasado en su casa. Porque si compra pan barato, uno se arriesga a consumir un producto de dudosa sanidad alimentaria".
De Sorrentino mencionó que la crisis incrementó la venta al menudeo, al punto de que en algunos almacenes de barrio se comercializa fraccionado el aceite. "La gente lleva una taza, compra solamente lo que necesita en ese momento, y sale del paso -reveló-. Con una olla o sartén de teflón se puede cocinar casi sin aceite, con un poco de agua".
De Sorrentino recomendó también revisar con detenimiento las etiquetas de balanza electrónica en el súper. "Hay ocasiones en que no coincide el precio con el de la góndola, a veces por mal manejo de este sistema digital", explicó. Y respecto del monitoreo de precios que iba a iniciar la Dirección de Comercio, dijo que no se concretó, ni se puso a disposición del público un 0800 -para denuncias-, como había anunciado el Gobierno provincial.
ALGUNAS CIFRAS
2003 será el primer año con el consumo en crecimiento desde 1998
El consumo empieza a dar señales de recuperación. En 2003, las ventas de los súper subirían 2%. Los productos que se comercializan en súper, hipermercados y negocios minoristas, llegarán a mover unos $ 46.000 millones a fines de 2003, contra los $ 36.000 millones que se vendieron el año pasado. Este será el primer año con el consumo masivo en crecimiento, desde 1998.
Más de la mitad de la "torta" está en manos del 20% más adinerado
La clase media y las franjas más bajas de la población siguen perdiendo posiciones en el reparto de la "torta del ingreso", según datos del INDEC. Hoy el 20% más rico se queda con el 54,5% de los ingresos, el 40% medio con el 33,5% y el 40% más bajo -con ingresos inferiores a los 300 pesos- recibe apenas el 12%.
Si bien el reparto siempre fue desigual, nunca llegó a semejantes desniveles. Por ejemplo, a mediados de los 70 el 20% más rico acaparaba el 41% de los ingresos -un 25% menos que ahora-, lo que permitía que casi el 60% de los ingresos se distribuyera entre el 80% restante de la población. Por eso, de tener en los 70 una distribución del ingreso que se asemejaba a algunos países europeos, la Argentina tiene ahora un mapa social comparable a los de otros países latinoamericanos, con una mayor desigualdad de ingresos.
Dos tercios de la población quedaron casi excluidos del mercado de consumo
El gerente de una cadena de hipermercados, Rafael Conejero, observa que antes de la devaluación, los consumidores se dividían en tres sectores, de alto, mediano y bajo poder adquisitivo. "Quedaron solamente dos: el que tiene y el que no. Dos terceras partes no tienen. El tercio de la población que estaba en un nivel medio, quedó abajo", dijo. Conejero afirmó que en los hipermercados se nota más la dificultad del consumo, porque son lugares de gran capacidad. Si las ventas bajan, los grandes espacios parecen vacíos.
En menos de dos años, los argentinos cambiaron sus hábitos de consumo de una manera asombrosa, obligados por la devaluación. Dejaron de lado la fidelidad a las primeras marcas y ahora se fijan primero en el precio, para luego comprobar la calidad. Sólo en los últimos meses, la deflación ha permitido un incipiente retorno a los artículos más valorados. Pero, según estimó el representante de un hipermercado, de diez personas que dejaron de lado las primeras marcas, sólo volvieron a consumirlas una o dos.
"Nuestros clientes fueron descubriendo entre las segundas marcas aquellas que tienen buena relación de precio y calidad", afirmó Rafael Conejero.
De acuerdo con un sondeo realizado por LA GACETA, un cliente de un supermercado que adquiere una decena de productos de consumo masivo (ver infografía) puede ahorrar cerca de un 50% si opta por segundas o terceras marcas. Sin embargo, no en todos los casos satisface la relación entre precio y calidad que ofrecen los productos de menor rango. En el caso de las gaseosas, por ejemplo, el consumidor sigue tratando de adquirir la marca preferida, aunque su precio triplique el de una "gaseosa agua".
"Las marcas buenas de jabón en polvo no se pueden dejar de comprar, porque con un producto barato no se lava la misma cantidad de ropa e incluso se puede dañar el lavarropas automático", admitió Angela de Sorrentino, presidenta de Adelco Tucumán. Advirtió, por otra parte, que los precios en nuestra provincia superan a los de otros distritos argentinos porque hay comerciantes que no bajaron los precios "a pesar de que desaparecieron los bonos". También alertó sobre marcas desconocidas que coparon el mercado y que tendrían un precio muy alto con respecto a su calidad.
Selectivo y racional
En un contexto donde las disparidades de precios y calidades pueden deparar más de una sorpresa, las entidades de defensa del consumidor aconsejan caminar, buscar y comparar. Puede suceder que se encuentre la misma leche en polvo un 35% más barata en un local ubicado a 300 metros del primero, como ocurre hoy en el microcentro tucumano.
También recomiendan analizar las ofertas, porque pueden resultar engañosas. "Ahora el consumo es muy selectivo y racional, fundado en los mejores precios de producto, sin importar si son primera o segunda marca, o si es una marca nueva", aseguró Ricardo Fernández, de la FET.
"En líneas generales, el consumidor compra lo imprescindible y busca la opción de menor precio -agregó-. Su comentario es: ?compré barato tal o cual cosa?".
Si bien los supermercados continúan canalizando el consumo masivo y atrayendo con ofertas diarias y puntuales, Fernández señaló que está resurgiendo el almacén de barrio. "Sus precios ahora son muy competitivos, dado el nuevo sistema de aprovisionamiento que se ha desarrollado debido a la falta de rentabilidad -dijo-. El almacén ha comenzado a comprar directamente a la fábrica, sin pasar por intermediarios o distribuidores, gracias a Internet, las comunicaciones, y la facilidad de un incipiente crédito a corto plazo".
En opinión de Roberto Nicolás, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Marketing, la restricción del consumo ha disminuido porque hay mayor confianza. Como ejemplo mencionó que la demanda de bienes durables, como los electrodomésticos, está casi a los niveles de 2000/2001. La gente se atreve a tomar más créditos a mediano plazo.
Nicolás señaló que ahora el público valora y cuida más el dinero, compara mucho los precios, hace compras más repetitivas y guarda menos fidelidad a un comercio o a una marca. "La única diferencia notable entre el consumidor de Buenos Aires y el del NOA, es que este último tiene menos posibilidades de compra -afirmó-. El nivel alto y medio, en Buenos Aires, representa el 30% de la población y acumula el 64% de la riqueza. En Buenos Aires, como en Mendoza y Córdoba, los hogares en los cuales trabajan al menos dos personas alcanzan al 57%, mientras que en Tucumán llegan al 47%. En consecuencia, hay menor poder de compra".
El especialista citó otras estadísticas: en Buenos Aires los hogares con dos autos constituyen el 35% y los que tienen PC llegan al 28%. En Tucumán representan el 22% y el 16%, respectivamente.
Racionales y pobres
"Antes de la crisis, se consideraba que el 55% de los consumidores eran ?marquistas?. Luego bajaron al 25% los que priorizan marcas. Las segundas marcas pasaron a ser primeras para el consumidor", agregó Nicolás. Dijo que ahora se prioriza el contenido y no el envase, lo cual benefició a las marcas regionales.
Además, destacó que la crisis de 2002 volvió a los consumidores más racionales y más pobres. Se amplió la brecha entre el precio de los productos y las capacidades de la gente; más aún en Tucumán, donde hay serios problemas estructurales de desempleo. Las inversiones que hay en algunos sectores no tienen hoy a Tucumán como centro del NOA. Y como ejemplo mencionó que en Salta se están construyendo dos hoteles de alta categoría, mientras que nuestra provincia no tiene ningún proyecto concreto.
"Antes de concretar su compra, pregúntese si lo que está adquiriendo es realmente lo que busca y cuánto desea gastar en ese producto", recomiendan los especialistas en consumo.El nuevo consumidor argentino, más racional que antes, ha hecho crecer las segundas marcas, los empaques más económicos y canceló numerosos servicios.
Mucha gente habituada a darse los gustos más elementales, ahora los posterga y aprende a reprimir las compras impulsivas.
Se puede economizar mucho empleando pequeños trucos, como los que aconseja Angela de Sorrentino, presidenta de la filial Tucumán de Adelco. "El pan aumentó al triple de lo que costaba, así que ahora compro flauta o baguette, que no tienen desperdicio de miga. Al pan que me sobra lo tuesto en el horno y lo guardo en un frasco de vidrio. De esa manera, lo quedo seguir consumiendo durante varios días -detalló-. Hay gente que fabrica pan amasado en su casa. Porque si compra pan barato, uno se arriesga a consumir un producto de dudosa sanidad alimentaria".
De Sorrentino mencionó que la crisis incrementó la venta al menudeo, al punto de que en algunos almacenes de barrio se comercializa fraccionado el aceite. "La gente lleva una taza, compra solamente lo que necesita en ese momento, y sale del paso -reveló-. Con una olla o sartén de teflón se puede cocinar casi sin aceite, con un poco de agua".
De Sorrentino recomendó también revisar con detenimiento las etiquetas de balanza electrónica en el súper. "Hay ocasiones en que no coincide el precio con el de la góndola, a veces por mal manejo de este sistema digital", explicó. Y respecto del monitoreo de precios que iba a iniciar la Dirección de Comercio, dijo que no se concretó, ni se puso a disposición del público un 0800 -para denuncias-, como había anunciado el Gobierno provincial.
ALGUNAS CIFRAS
2003 será el primer año con el consumo en crecimiento desde 1998
El consumo empieza a dar señales de recuperación. En 2003, las ventas de los súper subirían 2%. Los productos que se comercializan en súper, hipermercados y negocios minoristas, llegarán a mover unos $ 46.000 millones a fines de 2003, contra los $ 36.000 millones que se vendieron el año pasado. Este será el primer año con el consumo masivo en crecimiento, desde 1998.
Más de la mitad de la "torta" está en manos del 20% más adinerado
La clase media y las franjas más bajas de la población siguen perdiendo posiciones en el reparto de la "torta del ingreso", según datos del INDEC. Hoy el 20% más rico se queda con el 54,5% de los ingresos, el 40% medio con el 33,5% y el 40% más bajo -con ingresos inferiores a los 300 pesos- recibe apenas el 12%.
Si bien el reparto siempre fue desigual, nunca llegó a semejantes desniveles. Por ejemplo, a mediados de los 70 el 20% más rico acaparaba el 41% de los ingresos -un 25% menos que ahora-, lo que permitía que casi el 60% de los ingresos se distribuyera entre el 80% restante de la población. Por eso, de tener en los 70 una distribución del ingreso que se asemejaba a algunos países europeos, la Argentina tiene ahora un mapa social comparable a los de otros países latinoamericanos, con una mayor desigualdad de ingresos.
Dos tercios de la población quedaron casi excluidos del mercado de consumo
El gerente de una cadena de hipermercados, Rafael Conejero, observa que antes de la devaluación, los consumidores se dividían en tres sectores, de alto, mediano y bajo poder adquisitivo. "Quedaron solamente dos: el que tiene y el que no. Dos terceras partes no tienen. El tercio de la población que estaba en un nivel medio, quedó abajo", dijo. Conejero afirmó que en los hipermercados se nota más la dificultad del consumo, porque son lugares de gran capacidad. Si las ventas bajan, los grandes espacios parecen vacíos.







