Ni resistentes ni compulsivos

Federico Türpe
Por Federico Türpe 25 Noviembre 2012
Somos de la generación de la que muchos melómanos dijeron "jamás voy a comprar un disco compacto". Era la resistencia del purismo del vinilo, en una época en donde era normal resistirse a todo cambio impuesto por el materialismo cultural.  Es la misma generación que hoy, en las postrimerías del CD, es la única que sigue comprando esos disquitos de acrílico tan poco prácticos. Y pensar que una de las principales cualidades del CD, además de su sonido digital, era su tamaño.
Es la misma generación que una vez dijo "internet es idiotizante", "no pienso contratar cable", o "nunca tendré Facebook". Ocurrió lo mismo siempre, porque tanto la resistencia al cambio como la compulsión por cambiar todo son inherentes al ser humano. Lo distinto hoy es que la revolución industrial abarató y masificó la tecnología a niveles hace décadas impensados. Y como la tecnología evoluciona de acuerdo a la demanda, no solo del mercado sino también del uso y la costumbre, ya no es una elite la que decide cuándo y qué cambiar, sino que hay cientos de millones de ansiosos usuarios empujando las actualizaciones.
Mucha gente cambia equipos que funcionan bien y siguen siendo útiles solo por esnobismo, consumismo, idiotismo o arrastrados por un mercado que los convence de comprar algo nuevo sin saber muy bien para qué. Pasó siempre. Antes se decía que tener la mejor zapatilla o más cantidad de pares no te hacían mejor deportista.
Hoy un celular de 200 pesos tiene una cámara de fotos superior a la que llevó al Apolo 11 a la Luna, lo que no significa que haremos fotos más importantes que Armstrong, Aldrin y Collins. La gente habla de megapixeles como si fueran la cuenta bancaria, cuanto más tengamos mejor, aunque la mayoría no sabe usarlos. Más del 90% de las funciones que tienen los equipos (celulares, tablets, notebooks, TV, etc) no se utilizan y sin embargo la pregunta obligada cuando alguien compra algo es: "¿qué tiene?".
No son los equipos lo que valen, sino lo que podemos o queremos hacer con ellos. Las cosas que nos gustan o nos importan son las mismas de siempre: sacar y mirar fotos, filmar, dibujar o pintar, leer, escribir, hacer cálculos, jugar, estudiar, curiosear, conversar, conocer gente, etc. Salvo que seamos compradores compulsivos (una patología) antes de adquirir algo hay que preguntarse ¿para qué? ¿Qué necesito hacer? ¿Tiene sentido gastar miles de pesos en un celular solo para hablar, mandar mensajes y revisar el correo? Un tema para pensar unplugged...

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