La camioneta 4x4 frenó abruptamente. Le dijo al chofer que no se fuera de inmediato. Al abrir la puerta, el sol le reflejó la jorobita altiva. Canoso, algo desdentado, con los arcos de los pies vencidos por el peso de la megalomanía, avanzó hacia la tranquera. Estaba desconcertado. No era, por cierto, lo que le habían prometido o, al menos, se había imaginado otra cosa. Intentó pasar, pero no pudo. Golpeó las manos reiteradamente. Impaciente porque ningún súbdito lo atendía, comenzó a gritar: "¿Quién atiende?" Al rato, un anciano con bastón se acercó:
"- ¿Qué se os ofrece, forastero? - Quiero saber si puedo comprar una hectárea en este lugar. - ¿Una hectárea? - Sí, para plantar soja, pero... convengamos que esto es un páramo. - Tiene una confusión. Este es un camposanto... - Sí, pero no soy cualquiera, sino alguien que han ingresado a la historia... ¿Cuáles son los requisitos? - Hay un período de tacha e impugnaciones... - ¿Como en la Junta de Clasificación? - Usted camina hacia el horizonte y le van apareciendo... - ¿Me daría una muestra gratis para ver cómo es?"
Le abrió la tranquera. Quiso atropellar, pero la mano lo detuvo: "¡Despacio escuela, forastero, debe descalzarse!" Intranquilo, comenzó a caminar, las piedritas le castigaban los pies. Al cabo de unos tres kilómetros, una mujer sentada le encendió la ansiedad. La interpeló. "¿Qué hace una dama sola a merced de los motoarrebatadores? ¿Supongo que me reconoce?" Ella lo observó inmutable. Se levantó y se colocó el delantal. Casi tres centenares de guardapolvos blancos brotaron de la tierra y lo rodearon. "¿Nos reconoce?", le dijo ella. Él temió que la próstata le jugara una mala pasada. "- Somos los 298 docentes municipales que usted no quiere titularizar. Nacimos en 1985, bajo el régimen del estatuto docente provincial, como los salarios eran escuálidos, en la época de la intervención nos convirtieron en empleadas municipales para que ganáramos unos mangos más, pero luego pese a que se elaboró el estatuto del docente municipal, no logramos que nos titularizaran... - (balbuceante) Yo siempre digo que no hay hacerle creer cosas a la gente con política barata, decirle: 'si te doy'. A la Provincia hay que manejarla bien. - (un maestro rural irritado) Ya lo vemos. Para construir la legislatura inteligente gastó $130 millones de los bolsillos tucumanos y ahora le da un presupuesto de $500 millones, ¿para qué? ¿Para levantar la mano y gozar de las mieles del poder? - (una directora enfadada) ¿Cuántos de ustedes viven como nosotros o cualquier hijo de vecina? - (una seño ofuscada) Queremos dejar de ser maestros de segunda y percibir, como los titulares, el incentivo docente que lo paga la Nación, más la diferencia por puntaje. ¿Cuál es el gasto? ¿Va a quebrar el erario?"
Las miradas de reproche lo hicieron caer antarca. Se incorporó. El sudor lo bañaba. Comenzó a correr desesperadamente, pero la tranquera se alejaba cada vez más. Observó que un grupo de ancianos irascibles le iban a cortar el paso. Gritos. "¡No huyas, sultán! ¡No incluiste en el presupuesto 2013 partidas para abonarnos el 82% móvil a los jubilados! ¡Ven a vivir con $1.925 mensuales y a morder el fango de tu injusticia!" Antes de zafar de los pellizcones, una anciana le sacudió el lomo de un paraguazo y logró derrotar las últimas resistencias prostáticas de Al Rachid. Llegó desencajado. Subió a la 4x4 e hizo mutis por el foro.
Antes de concluir las mil y ochenta noches, Scheherezade escanció un bienbec colaleño y preguntó: "¿En qué pensáis, amado mío?" Bebió. "Los autócratas se la pasan acumulando poder y dinero. Dicen que a ese camposanto entramos desnudos como vinimos al mundo. Nadie se lleva ni un pedazo de cobre... (mirándola a ella) tal vez un beso", dijo Shahriyar.
"- ¿Qué se os ofrece, forastero? - Quiero saber si puedo comprar una hectárea en este lugar. - ¿Una hectárea? - Sí, para plantar soja, pero... convengamos que esto es un páramo. - Tiene una confusión. Este es un camposanto... - Sí, pero no soy cualquiera, sino alguien que han ingresado a la historia... ¿Cuáles son los requisitos? - Hay un período de tacha e impugnaciones... - ¿Como en la Junta de Clasificación? - Usted camina hacia el horizonte y le van apareciendo... - ¿Me daría una muestra gratis para ver cómo es?"
Le abrió la tranquera. Quiso atropellar, pero la mano lo detuvo: "¡Despacio escuela, forastero, debe descalzarse!" Intranquilo, comenzó a caminar, las piedritas le castigaban los pies. Al cabo de unos tres kilómetros, una mujer sentada le encendió la ansiedad. La interpeló. "¿Qué hace una dama sola a merced de los motoarrebatadores? ¿Supongo que me reconoce?" Ella lo observó inmutable. Se levantó y se colocó el delantal. Casi tres centenares de guardapolvos blancos brotaron de la tierra y lo rodearon. "¿Nos reconoce?", le dijo ella. Él temió que la próstata le jugara una mala pasada. "- Somos los 298 docentes municipales que usted no quiere titularizar. Nacimos en 1985, bajo el régimen del estatuto docente provincial, como los salarios eran escuálidos, en la época de la intervención nos convirtieron en empleadas municipales para que ganáramos unos mangos más, pero luego pese a que se elaboró el estatuto del docente municipal, no logramos que nos titularizaran... - (balbuceante) Yo siempre digo que no hay hacerle creer cosas a la gente con política barata, decirle: 'si te doy'. A la Provincia hay que manejarla bien. - (un maestro rural irritado) Ya lo vemos. Para construir la legislatura inteligente gastó $130 millones de los bolsillos tucumanos y ahora le da un presupuesto de $500 millones, ¿para qué? ¿Para levantar la mano y gozar de las mieles del poder? - (una directora enfadada) ¿Cuántos de ustedes viven como nosotros o cualquier hijo de vecina? - (una seño ofuscada) Queremos dejar de ser maestros de segunda y percibir, como los titulares, el incentivo docente que lo paga la Nación, más la diferencia por puntaje. ¿Cuál es el gasto? ¿Va a quebrar el erario?"
Las miradas de reproche lo hicieron caer antarca. Se incorporó. El sudor lo bañaba. Comenzó a correr desesperadamente, pero la tranquera se alejaba cada vez más. Observó que un grupo de ancianos irascibles le iban a cortar el paso. Gritos. "¡No huyas, sultán! ¡No incluiste en el presupuesto 2013 partidas para abonarnos el 82% móvil a los jubilados! ¡Ven a vivir con $1.925 mensuales y a morder el fango de tu injusticia!" Antes de zafar de los pellizcones, una anciana le sacudió el lomo de un paraguazo y logró derrotar las últimas resistencias prostáticas de Al Rachid. Llegó desencajado. Subió a la 4x4 e hizo mutis por el foro.
Antes de concluir las mil y ochenta noches, Scheherezade escanció un bienbec colaleño y preguntó: "¿En qué pensáis, amado mío?" Bebió. "Los autócratas se la pasan acumulando poder y dinero. Dicen que a ese camposanto entramos desnudos como vinimos al mundo. Nadie se lleva ni un pedazo de cobre... (mirándola a ella) tal vez un beso", dijo Shahriyar.








