21 Septiembre 2003 Seguir en 
Tienen entre 16 y 17 años. Estudian y trabajan. Pero no son empleados de nadie sino los dueños de sus propias empresas. Son los jóvenes que participan en el programa "La Compañía" de la Fundación Junior Achievement, que este año convocó a 400 estudiantes secundarios del Gran San Miguel de Tucumán.
Aunque se trata de una escala de microempresa, la responsabilidad que asumen los chicos los hacer ver la vida de otra manera. Se sienten más adultos, no se les ocurre faltar a la escuela salvo que tengan una real necesidad de quedarse en la casa (por una enfermedad o un problema familiar) e incluso el colegio cobra una dimensión distintas porque se transforma "en las oficinas, en el edificio" de la compañía según ellos mismos reconocen. Estos chicos representan la contracara de un Tucumán que exhibe altos índices de deserción escolar, de adolescentes que no estudian o no quieren seguir estudiando y de alumnos que prefieren "hacerse la yuta" en vez de ir a clases.Durante un extenso diálogo entre LA GACETA y un un grupo de estos jóvenes, todos coincidieron en que se trató de una experiencia incomparable que, además, les permitió ganar dinero. Los emprendimientos comprendieron fabricación de distintos dulces caseros, alfajores, mermeladas, galletitas, todos envasados o presentados en envoltorios o cajas artesanales. También hicieron jabones de glicerina y unos decorativos geles autoportantes para pegar sobre vidrios.
Aprendizaje valioso
"Es una forma de introducirnos en el ámbito de las empresas. Y nos ayuda a muchas cosas, por ejemplo, a saber qué nos gusta hacer como para decidir qué carrera vamos a seguir", contó Guillermo Muñoz Díaz, de 18 años, de 5º año de la Escuela de comercio 1.
"Más allá de que en el futuro tengamos o no una empresa, nos sirve muchísimo el hecho de saber lo que significa ganarse la plata", replicó Ileana Espeche, de 16 años, del 2º curso del Polimodal del colegio Nueva Concepción. "Salir a la calle a vender nuestros productos me costó muchísimo pero también me ayudó a aprender cómo se enfrenta a la gente, de qué manera hay que ofrecer lo que uno hace; todo el aprendizaje me pareció muy valioso", añadió.
"También nos sirvió para darnos cuenta de que es posible tener una empresa que funcione en forma paralela con el trabajo. Por ejemplo, uno puede ser ingeniero o abogado o lo que le guste y tener, además, un negocio", afirmó seguro Pablo Nieva, de 17 aos, del Instituto San Pablo Apóstol, de la localidad de San Pablo.
"Nos preparan para trabajar, porque desde Junior nos ponen frente a situaciones difíciles y a veces nos retan. Pero eso nos obliga a hacernos responsables, a saber cuándo contestar y cuándo quedarse callada. En fin, nos preparan para cuando tengamos un jefe", señaló María Bianchi, de 17 años, de 2º año del Polimodal del colegio Pablo Apóstol, de Yerba Buena.
Menos faltas
A la hora de hablar de hacerse la yuta o faltar porque no estudiaron para la prueba, también la visión de estos chicos es diferente. "Nos pasó varias veces que queríamos faltar pero íbamos lo mismo a la escuela para cumplir la actividad de la compañía", recordó Mariana Luna, de 16 años, del colegio Pablo Apóstol.
"Lo que pasa es que la escuela se transformó en un punto de encuentro. Ibamos no solamente para estudiar sino también para estar informados de lo que pasaba en la compañía, se había problemas en la producción, si faltaba plata, si se había ganado. En la escuela se mueve toda la compañía", comentó Marcelo Toledo, de 16 años, del 2º año del Polimodal del Instituto Kennedy.
"A veces estaba por irme a dormir y me llamaban por teléfono para decirme que había un problema y tenía que salir inmediatamente", agregó Daniela Marranzino, de 16 años, del Instituto Kennedy. "Claro que si estábamos enfermas faltábamos igual, pero siempre pensábamos si nos estarían necesitando o cómo mandarles un mensaje a los compañeros", aseguró Florencia Gómez de Marco, de 2º del Polimodal del Santa Rosa.
Enseñanzas para siempre
"A mí me ayudó a entender mejor cómo es la vida de mis padres. Y los problemas que tienen cuando nosotros les pedimos algo y ellos tienen tantas cosas para resolver y sin embargo nos atienden. Yo veía que a veces nosotros tenemos más tiempo que ellos y no sabemos organizarnos", fue el testimonio de Juan Pablo Gómez Omil, de 16 años, de 2º del Polimodal del colegio Nueva Concepción.
"Lo más valioso para mí es haber aprendido a trabajar en equipo, a darme cuenta de que nadie es autosuficiente sino que se necesita de los otros y que entre todos se puede hacer mucho más que solo", dijo María Emilia Forenza, de 2º del Polimodal del colegio Santa Rosa.
"Es una experiencia distinta de todo lo que veníamos haciendo, que era estudiar en los libros. Para mí fue un proceso de maduración, no sólo en lo profesional. Ahora, además de entender lo que es la rentabilidad o el punto de equilibrio de una empresa, he crecido como personas y he incorporado una serie de valores que creo que son muy importantes para el futuro", expresó María Infante Sotelo, de 17 años, de 3º del Polimodal del colegio Fasta.
"La experiencia nos mostró una forma de vida. Hemos aprendido a ejercer y a valorar la honestidad, la puntualidad, la responsabilidad. La conclusión es que uno se maneja con esos valores, si es una buena persona, va a andar bien en lo que sea que haga en el futuro", manifestó Gonzalo Gil Romero, de 17 años, de 2º del Polimodal de la escuela Gabriela Mistral.
"Se aprende a resolver las tensiones y los enojos dentro del grupo", comentó Carla Sosa, de 17 años, de 2º del Polimodal del Instituto Decroly.
"Vimos lo duro que es estudiar y trabajar al mismo tiempo; hay mucha gente que lo hace y es para aplaudirlos porque es mucho sacrificio", opinó Ariana López, de 17 años, de 3º de Polimodal de Fasta.
EJEMPLOS
" A mí me quedó como enseñanza que es mejor no hacer negocios con los amigos. Prefiero priorizar la amistad".
BELEN ALZAGA, 16 años, 2º del Polimodal el Instituto Decroly.
"Creo que sí se puede hacer negocios con los amigos, pero hay que saber diferenciar las relaciones y los roles".
NATALIO CORONA, del Colegio Boisdron.
"Se puede manejar una empresa, estudiar y sacar buenas notas si se organizan los tiempos".
BELEN BUSTOS, del colegio Nuestra Señora del Valle de Banda del Río Salí.
"Me permitió llevar a la práctica muchas de las cosas que había estudiado en los libros".
PRISCILA METTOLA, del Guillermina.
Aunque se trata de una escala de microempresa, la responsabilidad que asumen los chicos los hacer ver la vida de otra manera. Se sienten más adultos, no se les ocurre faltar a la escuela salvo que tengan una real necesidad de quedarse en la casa (por una enfermedad o un problema familiar) e incluso el colegio cobra una dimensión distintas porque se transforma "en las oficinas, en el edificio" de la compañía según ellos mismos reconocen. Estos chicos representan la contracara de un Tucumán que exhibe altos índices de deserción escolar, de adolescentes que no estudian o no quieren seguir estudiando y de alumnos que prefieren "hacerse la yuta" en vez de ir a clases.Durante un extenso diálogo entre LA GACETA y un un grupo de estos jóvenes, todos coincidieron en que se trató de una experiencia incomparable que, además, les permitió ganar dinero. Los emprendimientos comprendieron fabricación de distintos dulces caseros, alfajores, mermeladas, galletitas, todos envasados o presentados en envoltorios o cajas artesanales. También hicieron jabones de glicerina y unos decorativos geles autoportantes para pegar sobre vidrios.
Aprendizaje valioso
"Es una forma de introducirnos en el ámbito de las empresas. Y nos ayuda a muchas cosas, por ejemplo, a saber qué nos gusta hacer como para decidir qué carrera vamos a seguir", contó Guillermo Muñoz Díaz, de 18 años, de 5º año de la Escuela de comercio 1.
"Más allá de que en el futuro tengamos o no una empresa, nos sirve muchísimo el hecho de saber lo que significa ganarse la plata", replicó Ileana Espeche, de 16 años, del 2º curso del Polimodal del colegio Nueva Concepción. "Salir a la calle a vender nuestros productos me costó muchísimo pero también me ayudó a aprender cómo se enfrenta a la gente, de qué manera hay que ofrecer lo que uno hace; todo el aprendizaje me pareció muy valioso", añadió.
"También nos sirvió para darnos cuenta de que es posible tener una empresa que funcione en forma paralela con el trabajo. Por ejemplo, uno puede ser ingeniero o abogado o lo que le guste y tener, además, un negocio", afirmó seguro Pablo Nieva, de 17 aos, del Instituto San Pablo Apóstol, de la localidad de San Pablo.
"Nos preparan para trabajar, porque desde Junior nos ponen frente a situaciones difíciles y a veces nos retan. Pero eso nos obliga a hacernos responsables, a saber cuándo contestar y cuándo quedarse callada. En fin, nos preparan para cuando tengamos un jefe", señaló María Bianchi, de 17 años, de 2º año del Polimodal del colegio Pablo Apóstol, de Yerba Buena.
Menos faltas
A la hora de hablar de hacerse la yuta o faltar porque no estudiaron para la prueba, también la visión de estos chicos es diferente. "Nos pasó varias veces que queríamos faltar pero íbamos lo mismo a la escuela para cumplir la actividad de la compañía", recordó Mariana Luna, de 16 años, del colegio Pablo Apóstol.
"Lo que pasa es que la escuela se transformó en un punto de encuentro. Ibamos no solamente para estudiar sino también para estar informados de lo que pasaba en la compañía, se había problemas en la producción, si faltaba plata, si se había ganado. En la escuela se mueve toda la compañía", comentó Marcelo Toledo, de 16 años, del 2º año del Polimodal del Instituto Kennedy.
"A veces estaba por irme a dormir y me llamaban por teléfono para decirme que había un problema y tenía que salir inmediatamente", agregó Daniela Marranzino, de 16 años, del Instituto Kennedy. "Claro que si estábamos enfermas faltábamos igual, pero siempre pensábamos si nos estarían necesitando o cómo mandarles un mensaje a los compañeros", aseguró Florencia Gómez de Marco, de 2º del Polimodal del Santa Rosa.
"A mí me ayudó a entender mejor cómo es la vida de mis padres. Y los problemas que tienen cuando nosotros les pedimos algo y ellos tienen tantas cosas para resolver y sin embargo nos atienden. Yo veía que a veces nosotros tenemos más tiempo que ellos y no sabemos organizarnos", fue el testimonio de Juan Pablo Gómez Omil, de 16 años, de 2º del Polimodal del colegio Nueva Concepción.
"Lo más valioso para mí es haber aprendido a trabajar en equipo, a darme cuenta de que nadie es autosuficiente sino que se necesita de los otros y que entre todos se puede hacer mucho más que solo", dijo María Emilia Forenza, de 2º del Polimodal del colegio Santa Rosa.
"Es una experiencia distinta de todo lo que veníamos haciendo, que era estudiar en los libros. Para mí fue un proceso de maduración, no sólo en lo profesional. Ahora, además de entender lo que es la rentabilidad o el punto de equilibrio de una empresa, he crecido como personas y he incorporado una serie de valores que creo que son muy importantes para el futuro", expresó María Infante Sotelo, de 17 años, de 3º del Polimodal del colegio Fasta.
"La experiencia nos mostró una forma de vida. Hemos aprendido a ejercer y a valorar la honestidad, la puntualidad, la responsabilidad. La conclusión es que uno se maneja con esos valores, si es una buena persona, va a andar bien en lo que sea que haga en el futuro", manifestó Gonzalo Gil Romero, de 17 años, de 2º del Polimodal de la escuela Gabriela Mistral.
"Se aprende a resolver las tensiones y los enojos dentro del grupo", comentó Carla Sosa, de 17 años, de 2º del Polimodal del Instituto Decroly.
"Vimos lo duro que es estudiar y trabajar al mismo tiempo; hay mucha gente que lo hace y es para aplaudirlos porque es mucho sacrificio", opinó Ariana López, de 17 años, de 3º de Polimodal de Fasta.
EJEMPLOS
" A mí me quedó como enseñanza que es mejor no hacer negocios con los amigos. Prefiero priorizar la amistad".
BELEN ALZAGA, 16 años, 2º del Polimodal el Instituto Decroly.
"Creo que sí se puede hacer negocios con los amigos, pero hay que saber diferenciar las relaciones y los roles".
NATALIO CORONA, del Colegio Boisdron.
"Se puede manejar una empresa, estudiar y sacar buenas notas si se organizan los tiempos".
BELEN BUSTOS, del colegio Nuestra Señora del Valle de Banda del Río Salí.
"Me permitió llevar a la práctica muchas de las cosas que había estudiado en los libros".
PRISCILA METTOLA, del Guillermina.







