Urge liberalizar el comercio agrícola

Los países desarrollados insisten en subsidiar sus producciones, lo que perjudica a los más débiles. (Por Hugo Ferullo).

21 Septiembre 2003
Después de la Segunda Guerra Mundial, las naciones económicamente más desarrolladas comenzaron a comprometerse en un programa de paulatino y gradual desactivación de la fortaleza que protegía de la competencia internacional a las empresas de virtualmente todos los países. Ese desarme aduanero, que empezó a acordarse de manera multilateral, dejó afuera a los bienes agrícolas.
Con el recuerdo inmediato y patético de la guerra, el argumento de la seguridad alimentaria se imponía casi sin discusión. Apareció así la política agrícola común de los países europeos en proceso de integración, que se tradujo en un fenomenal subsidio a la producción europea de alimentos. Con este programa, Europa se convirtió en el principal exportador de bienes alimentarios del mundo.
La protección al agro norteamericano y japonés fue análoga a la europea. Por esta razón, el conjunto de países económicamente más poderosos, de manera flagrante, cerraba el comercio con muchos países más pobres, que tenían tradicionalmente fuertes ventajas comparativas en la producción agrícola.

Un mensaje cínico
Probablemente, no existe ejemplo más elocuente del cinismo reinante en el mundo económico actual que el que se da en esta materia. Se enseñan las bondades del intercambio libre y voluntario como base del comercio mundial, a la par que se defienden estos gigantescos subsidios a la producción agrícola de los países más ricos.
Este viejo problema es el que hoy está poniendo en jaque a la Organización Mundial del Comercio (OMC), como lo muestra el fracaso de la reunión recientemente realizada en Cancún.
Países como la Argentina se vieron extraordinariamente perjudicados por las reglas de liberalización del comercio mundial imperantes desde la segunda mitad del siglo XX. En ellas se advierte una una total asimetría entre los bienes industriales y los agrícolas.
Un conjunto de países reclama hoy con firmeza la liberalización del comercio agrícola mundial. Lamentablemente, las naciones económicamente más desarrollados, más allá de los discursos a favor del libre cambio, no están dispuestos a desmantelar la fortaleza protectora de su producción agrícola interna.
La situación resultante es una muestra clara de lo necesario que es rediseñar las instituciones internacionales creadas hace medio siglo, cuando el problema central era la reconstrucción de los países después de la guerra, y el fortalecimiento del intercambio de bienes industriales.
El mundo actual instaló las cuestiones vinculadas con la justicia distributiva en el centro del debate y las instituciones vigentes tienen graves dificultades pare afrontar estos problemas.

Tamaño texto
Comentarios