Hay que ordenar la venta del limón al exterior

El productor afirma que las empresas deben trabajar en conjunto para no inundar con la fruta tucumana algunos países.

21 Septiembre 2003
Cuando en 1977 se radicó en Tucumán por razones de trabajo -es ingeniero electromecánico-, el esloveno José Zakelj empezó a interesarse por la citricultura, pero como un simple hobby. Hoy, en cambio, reparte sus horas y el esfuerzo entre la producción de limones y de palta, su nueva obsesión.

-¿Cuál es hoy el principal desafío de la citricultura?
- Ordenarnos, principalmente en la exportación. No podemos mandar cantidades ciegas al exterior, sin saber lo que hace el otro. Hay que lograr lo que se hizo con Japón, en que las cinco empresas que llegaron a ese mercado lo hicieron con una sola marca. No podemos inundar un mercado con nuestra producción, porque, además de atorarlo, tiramos el precio. Esto pasó a fines de julio en Europa, que estaba abarrotada con nuestra fruta. Debería haber un organismo que regule las cantidades que salen o bien las empresas deberían sentarse, ponerse de acuerdo y decir: "Muchachos, cosechemos, vendamos tanto, frenemos o regulemos la entrega".

- Además de la búsqueda de orden, ¿cuál debe ser la prioridad?
- Nuestro problema no es de calidad, sino de qué hacemos con el excedente. Y esto sólo se resuelve abriendo mercados alternativos. Es prioritario recuperar el espacio norteamericano, donde ellos se defienden como gato panza arriba (sic) con tal de que no entre la fruta argentina. Los productores inventaron un juicio, pero no contra nosotros, sino contra su propio gobierno, porque consideran que no controló bien. Es una excusa, pero que puede frenar nuestro ingreso a ese país por años.

- ¿En EE.UU. le temen al limón tucumano?
- En 2001, durante un viaje a California, un técnico de la empresa Limoneira me reconoció que estaban muy preocupados y que con el juicio habían recuperado la esperanza de no perder su mercado. El limón de Estados Unidos no es de la calidad del nuestro. Además, ellos tienen condiciones más difíciles para producir por las insistentes heladas (tienen que calefaccionar las quintas) y porque el agua les cuesta unos U$S 2.000 por hectárea, por año.

- ¿Cuáles son los otros mercados que se pueden desarrollar?
- Hay mercados que aún no investigamos, como el oeste asiático, Malasia o China. Si le diéramos un limoncito a cada chino nos quedaríamos sin fruta. Tenemos que mandar gente al exterior para que analice los mercados. La citricultura es una actividad progresista, porque el gobierno no se metió, hay profesionales capacitados, la actividad privada trabajó bien y se adquirió la tecnología necesaria. Montamos una maquinaria lista para producir y lo está haciendo. Ahora tenemos que armar otra maquinaria, pero preparada para comercializar.

- ¿Cómo se logra eso?
- Hay que mantener la seriedad y la calidad de lo que producimos, porque los argentinos tenemos malos antecedentes. Así como el SENASA controla a los productores y a los empacadores sobre lo que embalan y envían a los puertos, urge que haya un organismo oficial que regule las cantidades que se envían al exterior. Japón es una gran promesa y son muy quisquillosos, pero hay que satisfacerlos y si quieren una fruta anaranjada, pues pintemos nuestros limones (se ríe).

- ¿Y qué pasa con la palta?
- En Argentina está todo por hacerse. México produce 1 millón de toneladas y exporta poco, porque el consumo interno es de 10 kilo per capita por año; el de los chilenos es de 3 kilos y el nuestro no llega a los 200 gramos. En Tucumán, desde hace mucho tiempo hay plantas de origen desconocido que crecían en los fondos de las casas; de allí viene la idea de que la palta no se vende, sino que se regala (ríe). Hoy tenemos 1.200 hectáreas plantadas con variedades reconocidas y certificadas. Somos los principales productores del país, con entre 4.000 y 5.000 toneladas por año.

- ¿Cómo se puede avanzar?
- El principal problema es que la palta alterna buenas años de producción con otros que no lo son tanto. Y esto sólo se puede mitigar, porque a la planta le cuesta mucho menos en consumo de agua y de nutrientes recuperarse de la energía que le significó la producción de un año. De todos modos, es el complemento ideal de otras actividades, aunque no hay que confundirse. Además de que no cualquier suelo es apto, no es lo mismo tener 100 hectáreas con caña o con limón que con palta. Esta es muy exigente y requiere de un control individual, planta por planta. Nosotros estamos aprendiendo a hacer esto y tenemos que adaptar la tecnología mundial a nuestras condiciones.

- ¿La actividad tiene futuro?
- Sí, porque nuestro consumo interno es bajo. Si sólo lo duplicáramos o triplicáramos, estaríamos bien. La educación para inducir al consumo es lenta y no es por decreto. Hay que trabajar con los niños y hablarles de las bondades medicinales y nutritivas de la palta. En California gastan U$S 20 millones por año en la promoción del consumo.

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