buenos aires.- La decisión del duhaldismo de proponer a Néstor Kirchner como presidente del Partido Justicialista es un reconocimiento de que la notoria esperanza puesta en su gestión por la mayoría de las encuestas, se está transformando en manifiesta confianza. Por lo demás, responde a la tradición peronista que identifica la Presidencia de la Nación con la del PJ, tan sólo incumplida durante el brevísimo gobierno de Héctor Cámpora. Es muy probable que esa decisión de Eduardo Duhalde aliente la teoría del hegemonismo que algunos analistas y ciertos sectores políticos -incluidos peronistas de viejo cuño- atribuyen a Kirchner. En el país actual hay quienes confunden con facilidad la hegemonía con el liderazgo, sin advertir que la sociedad o el pueblo, como quiera llamárselos, es multitudinariamente mayor que los que, como antaño, reunían en la Plaza de Mayo. Comenzando por el hecho de que el justicialismo dejó de ser tras la restauración democrática una fuerza política unitaria, para convertirse de hecho en una organización o movimiento federal. Esto le ha permitido a Kirchner su gran intento político transversal, airoso con muy raras excepciones en los comicios realizados hasta el momento.
Vacancias previas
Por otra parte, la vacancia de liderazgos es -desde el ocaso de Raúl Alfonsín y Carlos Menem- tan considerable, que el perfil singular, humano y político, así como alejado del gran centro del poder nacional, de Kirchner, le ha permitido colmar velozmente el vacío dejado por el frustrado ballottaje presidencial. Toda una paradoja que el Presidente ha sabido utilizar con habilidad impensada. La forma como fue presentado el acuerdo con el FMI e, inmediatamente después, los resultados electorales, le han permitido al jefe del gobierno por otra parte supeditar públicamente a sus decisiones al ministro Roberto Lavagna, quien hasta ese momento aparecía como una personalidad demasiado autónoma y "sine qua nom". El jefe del Palacio de Hacienda ha debido asumir así los cambios impuestos a su proyecto de Presupuesto 3004 por la Casa Rosada, tal cual había ocurrido en el caso del default con el Fondo.
El Presidente ha dejado a la decisión exclusiva del oficialismo parlamentario la propuesta sobre anulación de los indultos a militares y guerrilleros aplicados por Carlos Menem, cuando este hizo uso de la facultad constitucional. Es por ello que la sesión de Diputados del martes fracasó por falta de número, pues no había hasta ese momento una decisión unánime en el bloque del PJ. Como oportunamente se señaló aquí, la anulación es posible en los casos de procesados, pero no cuando se trate de penados. Patricia Walsh, promotora de la anulación total, cometió el error de incluir a montoneros, de lo cual se arrepintió tardíamente. (De nuestra Sucursal)







