La Legislatura se acomoda a los nuevos tiempos políticos. El 29 de octubre se abrirá otra etapa institucional, que será el espejo de los comicios del 29 de junio pasado.
Por la desigual cuantía de representantes de la alianza oficialista y de la oposición, el manejo de los resortes del poder ha quedado en manos de los vencedores de la elección provincial. El Frente Fundacional para el Cambio se aseguró el control efectivo con 26 votos propios -le falta sólo uno para conseguir los dos tercios que autorizan decisiones clave-. Los adversarios de la coalición gobernante suman 14 y provienen de distintas fuerzas.
Una desproporción aún mayor se verificó en la Legislatura bicameral entre 1973 y 1976, cuando Amado Juri -padre del vicegobernador actual- administraba la Provincia. El Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) regulaba a voluntad la dinámica parlamentaria con 29 diputados -sobre 40- en una de las cámaras y con 16 senadores -el total era 20- en la otra. Ambas ramas del Poder Legislativo eran conducidas por hombres del PJ.
Sólo las divergencias internas de ese pacto multipartidario -más precisamente en el PJ- sacudieron la modorra y dispararon la polémica ideológica.
A 30 años de esa situación, el justicialismo volverá a imponer su hegemonía en la Legislatura unicameral, quebrando la experiencia que se inició en 1983. La decisión de constituir una mesa de conducción monocolor sorprendió a los no peronistas, que razonan con códigos diferentes. Fernando Juri Debo, Alejandro Martínez y Roberto Castro garantizan la pertenencia de la presidencia subrogante y de los escalones inferiores de la mesa directiva de la Cámara para el oficialismo. Además, excluye el eventual reemplazo del futuro gobernador José Alperovich y del mismo Juri por un político ajeno a la sociedad que llegó a la Casa de Gobierno en 1999. La confianza se cierra en un círculo estrecho del peronismo. La decisión de este de reservarse el gobierno de las comisiones estratégicas del cuerpo -Juicio Político, Hacienda y Presupuesto, y Acuerdos, por citar algunas- aumentó el fastidio de los otros."Es el unicato", exclamó anoche el radical Juan Robles, tras ser notificado por el propio Juri de que el PJ conducirá la Cámara. Según el republicano Ernesto Padilla, "es una actitud hegemónica que no condice con el sistema democrático". Su par Carlos Canevaro consignó: "No hemos sido consultados".
Esa coincidencia de enfoques evidencia el descontento de las minorías. El vicegobernador electo ya conoce de esas divergencias, pero es imposible que retroceda porque desestabilizaría el equilibrio inestable alcanzado por las distintas líneas internas del peronismo.
La cuestión pasa por construir una imagen diferente de la Legislatura, empresa de la que son responsables oficialistas y opositores.
El ex diputado y ahora legislador Robles exige que el Poder fije la agenda política del Estado y actúe con transparencia. La Legislatura no puede desempeñarse como agencia convalidadora de los actos administrativos del Gobierno. Ese pensamiento subyace en el planteo radical.
José Constanzo machaca en tres exigencias del bussismo: la reforma de la Ley Orgánica de Municipalidades; la supresión de la Ley de Lemas y el pago del personal legislativo por cajeros automáticos.
El nuevo vicegobernador deslizó algunas definiciones que avanzan en la dirección reclamada por la opinión pública. Juri enfrenta el reto de trasladar el discurso ético a los hechos y de mantenerlo a lo largo de cuatro años, desde el 29 de octubre. La deslucida imagen que deja la actual Cámara pone en un brete a los nuevos representantes. El legado es muy pesado. Sólo se revertirá con trabajo eficiente y cristalinidad.
18 Septiembre 2003 Seguir en 
Por Carlos Abrehu







