BUENOS AIRES.- El banquero citó a su deudor y preocupado por la mora y por la falta de garantías le dijo: "señor, págueme el crédito". El cliente puso su mejor cara de póker y le respondió: "ahora, no puedo, porque si le pago, mis ingresos no me alcanzarían para atender mis demás gastos".
Acostumbrado a lidiar con vuelteros de todo pelaje y color, el hombre de números insistió con algo más de firmeza: "entonces, venda el auto". Sin ponerse colorado el deudor le retrucó: "Ah, no ¿y cómo me muevo? Pero, además lo tengo prendado. En todo caso, si no me fundo antes, pase a cobrar en unos años".
"¿Y por qué no usa plata de su mujer, que es prestamista?", insistió el banquero. "Sabe lo que pasa, ella no es muy ducha. Le prestó casi todo a un mismo acreedor, su padre; y como éste no le paga y le renueva siempre no tiene liquidez. Además, no le puede hacer juicio. ¿Se imagina el lío de familia?", chicaneó.
Ante tanto desparpajo, el banquero pensó en ejecutar irremediablemente él mismo a su deudor, aun sabiendo que era una causa de difícil resolución, pero decidió negociar algún camino intermedio por aquello de conseguir un mal arreglo, antes que ganar un buen juicio.
Los jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) no son banqueros inmisericordes, pero tampoco son de hielo.
Es más que probable que casi ninguno de ellos admita que se los pedalee como lo hace cualquier pícaro deudor con acreedores poco expertos.
Y en estas horas de tanta tensión entre los poderes deben sentir, además, que el Ejecutivo, a través del titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), una vez más los ha dejado mal parados. Si no, no se explica por qué los datos de la reunión entre las partes surgieron de fuentes del Palacio de Tribunales.
Algún resabio de bronca contenida habrá quedado entre los ministros para que se filtre así, tan descarnadamente, una reunión, de la que de acuerdo al tenor bien lavado de su comunicado, la Administración Nacional de Seguridad Social parece no estar decidida a blanquear. Ocurre que para los jueces hay personas de por medio y que muchas de ellas son ancianas, lo que transforma el caso en algo que se sale de los cánones de la letra fría. De allí, que se busque una solución que el increíble deudor dice que no puede aportar, con tantos argumentos y chicanas como en el cuento.
Acostumbrado a lidiar con vuelteros de todo pelaje y color, el hombre de números insistió con algo más de firmeza: "entonces, venda el auto". Sin ponerse colorado el deudor le retrucó: "Ah, no ¿y cómo me muevo? Pero, además lo tengo prendado. En todo caso, si no me fundo antes, pase a cobrar en unos años".
"¿Y por qué no usa plata de su mujer, que es prestamista?", insistió el banquero. "Sabe lo que pasa, ella no es muy ducha. Le prestó casi todo a un mismo acreedor, su padre; y como éste no le paga y le renueva siempre no tiene liquidez. Además, no le puede hacer juicio. ¿Se imagina el lío de familia?", chicaneó.
Ante tanto desparpajo, el banquero pensó en ejecutar irremediablemente él mismo a su deudor, aun sabiendo que era una causa de difícil resolución, pero decidió negociar algún camino intermedio por aquello de conseguir un mal arreglo, antes que ganar un buen juicio.
Los jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) no son banqueros inmisericordes, pero tampoco son de hielo.
Es más que probable que casi ninguno de ellos admita que se los pedalee como lo hace cualquier pícaro deudor con acreedores poco expertos.
Y en estas horas de tanta tensión entre los poderes deben sentir, además, que el Ejecutivo, a través del titular de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), una vez más los ha dejado mal parados. Si no, no se explica por qué los datos de la reunión entre las partes surgieron de fuentes del Palacio de Tribunales.
Algún resabio de bronca contenida habrá quedado entre los ministros para que se filtre así, tan descarnadamente, una reunión, de la que de acuerdo al tenor bien lavado de su comunicado, la Administración Nacional de Seguridad Social parece no estar decidida a blanquear. Ocurre que para los jueces hay personas de por medio y que muchas de ellas son ancianas, lo que transforma el caso en algo que se sale de los cánones de la letra fría. De allí, que se busque una solución que el increíble deudor dice que no puede aportar, con tantos argumentos y chicanas como en el cuento.
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