Sin peronistas

Los lujos que se puede permitir Alperovich.

17 Septiembre 2003
Por Juan Manuel Asis

Gobernar con el respaldo del peronismo pero sin la compañía de peronistas en el Gobierno será la prueba más difícil que enfrentará José Alperovich en el primer tramo de gestión. De cómo la enfrente dependerán su administración y su futuro político. A la vez, determinar hasta cuándo se extenderá el cheque en blanco dado a Alperovich sin que haya colaboradores justicialistas que lo observen de cerca (léase mirandistas dentro del futuro gabinete) será la decisión más difícil que deberá tomar la dirigencia que avaló al senador para suceder a Julio Miranda.
En medio de este juego de intereses políticos e institucionales está la Provincia. Una nueva sociedad se pondrá en marcha para conducirla el 29 de octubre, pero con socios que aún se miran con recelo pese a haberse subido al mismo tren. De cómo marche esa sociedad dependerá, por un lado, la marcha institucional de la Provincia y, por otro, cómo se dirime en el tiempo la relación Alperovich-peronismo.
Lamentablemente, Tucumán sufrirá los efectos de ese funcionamiento para bien o para mal. Padece una crisis que parece eterna y los gobernantes de los últimos años no la han atenuado en sus manifestaciones. Sólo la usaron de excusa para justificar los dramas sociales o las medidas de ajuste.
La crisis sigue siendo un gran desafío para los de arriba y una pesada carga para los de abajo. Para enfrentarla, Alperovich prepara escuderos nuevos, con apellidos que suenan extraños al peronismo. Le está permitido porque algunos dirigentes del PJ respetan ciertos códigos, especialmente aquel que dice que al victorioso siempre hay que darle tiempo y libertad de acción.
¿De cuánto? Es lo que deben determinar los que apuntalaron a Alperovich. No sólo para observar si en la gestión le va bien (lo que los haría decir "no nos equivocamos", trepándose sin pudor al carro victorioso) o mal (para lo cual ya tienen preparada la frase de la vergüenza: "nos equivocamos"), sino para seguir con lupa los pasos políticos del próximo gobernador.
Llegar al PE con 275.000 votos y con el aval del peronismo es un tremendo handicap para Alperovich. El suficiente para tentarse a gobernar sin peronistas en los primeros meses, precisamente por esos códigos que a veces se tienen en cuenta. Ahora bien, cuándo deba recurrir a los peronistas. ¿Lo hará? El poder seduce hasta la confusión. En los actos del justicialismo, Alperovich no se cansa de repetir que el triunfo del 29 de junio no fue suyo sino del peronismo. Ese reconocimiento no se traduce en la composición de su gabinete. Dice una cosa y hace otra.
Se puede dar el lujo de hacerlo porque el mirandismo depositó su confianza en el senador, no sólo porque pintaba mejor en las encuestas, sino porque vendía una imagen de funcionario laborioso. Cuando suceda a Miranda tendrá el poder para cambiar lo que no pudo cuando fue ministro, algo de lo que se quejó por lo bajo. Muchas veces se lo escuchó decir frustrado que sólo era un ministro y que otro era el dueño de las decisiones.
¿Cuándo recurrirá Alperovich a los peronistas? Sólo en dos casos: 1).- si el barco se hunde, para pedir auxilio; 2).- si saca a flote el barco, para armar su propio estructura interna. Para evitar el naufragio prepara a remeros conocidos, pero la mayoría sin filiación justicialista. Un mensaje a la sociedad independiente. Si ya tiene al peronismo detrás, sólo le resta sumar a los de la otra vereda para consolidarse.
Lo obvio es que tratará de que la nave no se hunda. Fue elegido para cumplir esa misión inexorablemente. Las preguntas que surgen inmediatamente es si lo intentará para no pedir auxilio al peronismo -y evitar esa dependencia política- o si ya está pensando en su propia estructura política. En el mirandismo ya están buscando las respuestas.

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