¿Cuánto nos cuesta a los tucumanos sostener la administración pública? Con simple cálculo matemático podríamos decir que, para que el Estado funcione, en 2013 cada uno de los habitantes de Tucumán debería aportar de su bolsillo $ 12.085. Eso le permitiría a la gestión del gobernador José Alperovich cubrir la pauta del gasto público proyectada para el año que viene y que ascenderá a los $ 17.500 millones. El mandatario enviará hoy a la Legislatura el décimo proyecto de Presupuesto desde que se hizo cargo de la gobernación, en 2003.
Eran otros tiempos. El presupuesto de hace casi una década era de $ 1.325 millones (casi 13 veces inferior a la pauta del año que viene). La planta permanente era de 43.606 agentes. Actualmente alcanza a los 70.203 estatales, un aumento del 62% en ese período. El Gobierno ha señalado que esta suba exponencial del plantel de trabajadores responde al refuerzo en áreas como seguridad y salud. Sin embargo, año tras año, reniega del impacto del gasto en Personal que llega a consumir cerca del 50% del total de las erogaciones.
Una gestión que ingresará al año electoral sin más preocupación que asegurar bancas en el Congreso para Cristina Fernández no debería estar tan preocupada en exprimir a los contribuyentes. Al menos a la mayoría que abona regularmente los impuestos, pero que ahora se encuentra con actualizaciones de valuaciones de sus propiedades, con un incremento en la carga de Ingresos Brutos por suba de alícuotas y hasta con una moratoria que, en teoría terminará hoy, pero que en la práctica se extenderá por 30 días más.
Alperovich necesita la plata que el Gobierno nacional ya no le garantiza. Por eso, la pauta de gasto para el año que viene es demasiado conservadora (entre un 14% y un 18%), pero no le alcanzará para cubrir las necesidades financieras. No hay manera de pensar en un ajuste de partidas. Esa es mala palabra en el sector público porque recuerda viejas épocas pre default. Pero Alperovich ya tuvo experiencia en la materia, en tiempos de ministro de Economía del renovado sindicalista Julio Miranda.
Emitir títulos en la actualidad para financiarse es casi imposible. El mercado no le cree ni a la Nación, en general, ni a Tucumán, en particular, por las inconductas del pasado y algunas del presente. Todos los días Alperovich le toca la puerta a la Casa Rosada para preguntar si puede rescatar anticipadamente los Consadep, pero hasta ahora nadie contesta. Tal vez la tácita respuesta esté en el anuncio formulado por el gobernador chaqueño, Jorge Capitanich, que dijo que esa operatoria le sugirió el Banco Central.
Crear dinero tampoco es una posibilidad para Alperovich. Nadie quiere la reaparición de los bonos de cancelación de deudas y otras cuasimonedas. Además, el Gobierno nacional mantendrá el cepo emisor porque de ese modo no cederá poder financiero para futuros lanzamientos políticos.
Aumentar los impuestos fue, es y será la alternativa más fácil para los gobernantes. El año que viene la boleta del impuesto Inmobiliario, por caso, vendrá con sorpresas para miles de contribuyentes. Por la determinación de oficio de la Dirección de Catastro o por la declaración jurada de los propietarios, respecto de las mejoras efectuadas en sus casas, el revalúo será importante. Por eso, habrá contribuyentes que pagarán más del 25% de aumento anunciado por Alperovich.
El año que viene también puede ser un período récord en materia de recaudación. El problema es que, mientras se exige más a los contribuyentes, el Estado sigue gozando de períodos de gracia dados por la Nación para postergar el pago de sus deudas. Aún así, la plata no le alcanza.
Eran otros tiempos. El presupuesto de hace casi una década era de $ 1.325 millones (casi 13 veces inferior a la pauta del año que viene). La planta permanente era de 43.606 agentes. Actualmente alcanza a los 70.203 estatales, un aumento del 62% en ese período. El Gobierno ha señalado que esta suba exponencial del plantel de trabajadores responde al refuerzo en áreas como seguridad y salud. Sin embargo, año tras año, reniega del impacto del gasto en Personal que llega a consumir cerca del 50% del total de las erogaciones.
Una gestión que ingresará al año electoral sin más preocupación que asegurar bancas en el Congreso para Cristina Fernández no debería estar tan preocupada en exprimir a los contribuyentes. Al menos a la mayoría que abona regularmente los impuestos, pero que ahora se encuentra con actualizaciones de valuaciones de sus propiedades, con un incremento en la carga de Ingresos Brutos por suba de alícuotas y hasta con una moratoria que, en teoría terminará hoy, pero que en la práctica se extenderá por 30 días más.
Alperovich necesita la plata que el Gobierno nacional ya no le garantiza. Por eso, la pauta de gasto para el año que viene es demasiado conservadora (entre un 14% y un 18%), pero no le alcanzará para cubrir las necesidades financieras. No hay manera de pensar en un ajuste de partidas. Esa es mala palabra en el sector público porque recuerda viejas épocas pre default. Pero Alperovich ya tuvo experiencia en la materia, en tiempos de ministro de Economía del renovado sindicalista Julio Miranda.
Emitir títulos en la actualidad para financiarse es casi imposible. El mercado no le cree ni a la Nación, en general, ni a Tucumán, en particular, por las inconductas del pasado y algunas del presente. Todos los días Alperovich le toca la puerta a la Casa Rosada para preguntar si puede rescatar anticipadamente los Consadep, pero hasta ahora nadie contesta. Tal vez la tácita respuesta esté en el anuncio formulado por el gobernador chaqueño, Jorge Capitanich, que dijo que esa operatoria le sugirió el Banco Central.
Crear dinero tampoco es una posibilidad para Alperovich. Nadie quiere la reaparición de los bonos de cancelación de deudas y otras cuasimonedas. Además, el Gobierno nacional mantendrá el cepo emisor porque de ese modo no cederá poder financiero para futuros lanzamientos políticos.
Aumentar los impuestos fue, es y será la alternativa más fácil para los gobernantes. El año que viene la boleta del impuesto Inmobiliario, por caso, vendrá con sorpresas para miles de contribuyentes. Por la determinación de oficio de la Dirección de Catastro o por la declaración jurada de los propietarios, respecto de las mejoras efectuadas en sus casas, el revalúo será importante. Por eso, habrá contribuyentes que pagarán más del 25% de aumento anunciado por Alperovich.
El año que viene también puede ser un período récord en materia de recaudación. El problema es que, mientras se exige más a los contribuyentes, el Estado sigue gozando de períodos de gracia dados por la Nación para postergar el pago de sus deudas. Aún así, la plata no le alcanza.







