"Lugar siniestro este mundo, caballeros"

La edición definitiva de Los mundos reales, del mayor cuentista vivo de la Argentina, reúne en sus 496 páginas un universo de crueldades.

PARADIGMÁTICO. Castillo escribe cuentos, sistemas cerrados, y no meros relatos en los que no se pasa del recorte arbitrario de una situación, elogió Cortázar. ELGRANOTRO.COM PARADIGMÁTICO. "Castillo escribe cuentos, sistemas cerrados, y no meros relatos en los que no se pasa del recorte arbitrario de una situación", elogió Cortázar. ELGRANOTRO.COM
28 Octubre 2012

COMPILACIÓN

CUENTOS COMPLETOS

ABELARDO CASTILLO

(Alfaguara - Buenos Aires)

Él estaba cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio. Y ese 24 de diciembre iba a tener que celebrar con nadie, porque el cuartel estaba lo suficientemente lejos de su casa como para que pudiera viajar a pasar la Navidad con los suyos y regresar al día siguiente. El regimiento estaba casi vacío y su superior le dejó una botella de sarcasmo para que brindara. Lejos de condolerse por la solitaria velada que le esperaba al conscripto, le recomendó, de puro mal nacido nomás, que fuera a la ciudad, que tomara al primer borracho que encontrara, que lo invitara a cenar y que, tras hacerle pasar la noche más feliz de su vida, lo asesinara. Apenas se fue el milico, Abelardo Castillo tomó papel y lápiz y escribió ese relato terrible que forma parte de sus Cuentos completos, compilación excepcional que acaba de reeditar Alfaguara.

El director de la mítica Ornitorrinco, primera revista literaria de la resistencia cultural durante la última dictadura, rememoró hace años esa vivencia en una entrevista, cuya lectura recordé hace cinco años frente a la vidriera que tenía entre las Novedades ese volumen. Entonces, presentaba un significativo escarabajo de oro caminando por su tapa. En esta cuarta edición, el libro que acaba de publicarse exhibe la estética propia de la colección Obra reunida, en la cual se han publicado recientemente, también, los cuentos (completos, reunidos o seleccionados) de William Faulkner, Julio Cortázar, Hebe Uhart, Marguerite Yourcenar, Vladimir Nabokov, Juan Carlos Oneti y Rodolfo Fogwill, entre otros. Pero mantiene intacta su crueldad. Porque la crueldad es la que hilvana el rosario de historias del mayor cuentista vivo de la Argentina.

Fronteras de realidad
¿Qué es la crueldad? No es un marido que levanta un hacha sobre la cama en la que duerme plácidamente su esposa, bien dispuesto a matarla, sino lo que sigue al hecho de que ese hombre se arrepienta. Crueldad es que ella, en adelante, duerma cada noche tranquila, y hasta sintiéndose segura, con el tipo que estuvo a un movimiento de ultimarla. Las panteras y el templo es, entonces, sólo una de las muestras de lo que la inspiradora crueldad hace escribir a Castillo.

De hecho, el título de su segunda obra, nada menos que Cuentos crueles (1966), es el que más acabadamente ensarta las creaciones del autor de El Evangelio según Van Hutten, que nació en San Pedro, Buenos Aires, en 1935.

Crueles son los hombres, como los que protagonizan La madre de Ernesto, cuando quieren disfrutar de la indignidad de ella. O como el señor Sprach, cuando habló a sus compañeros de trabajo para anunciarles que todos debían morir. O como el amigo de Hernán, en El marica. O como el señor Milman (que no era Milman) con su hijo (que sí era su hijo), en Macabeo. O como Anselmo Arana con el nicoleño al que le quito la hombría y la mujer a fuerza de golpizas.

Cruel es la vida con Laura, en Capítulo para Laucha. Y con los hermanos Iglesias, corajudos y peronistas, en Los muertos de Piedras Negras. Y con Marcial Palma, un compadrito linchado a mano limpia por un cajetilla. Y con el hombre que quiere arreglar Una estufa para Matías Goldoni. Y con los soldados que están En el cruce. Y con el que vive al lado de ese enorme edificio blanco, lleno de gente que no ve, y que todo el tiempo golpea las paredes.

Ellas, ellos, él
Crueles son las mujeres, como Virginia, que un día ya no volvió, y como María Fernanda, que usa el recuerdo de la otra como verdades que son sablazos, en Los ritos. Como Erika de los pájaros, con ella misma y con su hombre de pies ensangrentados. Como la mujer del Patrón, con él, con don Antenor, que la buscó para tener ese hijo que tan perramente quiso. Como Asumpta con su hermano, aquella vez, cuando él volvió, en La que espera.

Crueles son los niños, como el dueño del juguete con su muñeco con cara de idiota, en Conejo. Y como la pequeña Carolina, en la cartita que le escribe al Niñito Dios, después de haber escrito la de su hermanito, Matías, porque él se lo pidió.

Cruel es Castillo consigo mismo, en El cruce del Aqueronte, que aunque forma parte de esta antología antológica, es el segundo capítulo de su segunda novela, El que tiene sed. Allí relata descarnadamente lo que el alcoholismo llegó a hacer con él.

Ineludiblemente humana
En un par de posfacios, Castillo revela que escribió, siempre, convencido de que todos sus cuentos debían pertenecer a un solo libro, este libro, que él pergeñó antes de cumplir 18 años. Los mundos reales, precisamente, es el subtítulo que le da a este volumen un nombre verdadero y mucho más profundo que el de Cuentos completos.

Sus 496 páginas siguen siendo paradigmáticas. Hay, entre la tapa y la contratapa, un universo de cuestiones que convive con un universo de respuestas. No hay lugar aquí para lugares comunes como los de que toda compilación total implica un intrínseco desnivel, porque reúnen grandes obras junto con creaciones de mediana calidad. Puede tomarse el índice y entrar al libro por donde se quiera. Salir es otra cosa. Porque toda esa crueldad hecha ficción, esta crueldad tan ineludiblemente humana, es lo que hace que que estos cuentos sean Los mundos reales.

"Castillo escribe cuentos, es decir, sistemas cerrados, y no meros relatos en los que habitualmente no se pasa del recorte arbitrario de una situación", describe Cortázar, en una cita que puede leerse en la contraportada de este ejemplar.

Los inspiradores
Cortázar, justamente, es uno de los "grandes" cuya influencia atraviesa estos cuentos. También se notan (y se hacen notar en dedicatorias y citas) Jorge Luis Borges, Thomas Mann, Roberto Arlt, Franz Kafka y Edgar Allan Poe. Del oscuro autor de La carta robada, Castillo tomara una confesión para confesarse: "El horror de mis cuentos no viene de Alemania, escribió Poe, viene de mi alma. Más o menos, pienso lo mismo de la literatura", se sincera el argentino.

De su honestidad da crédito la acabada construcción de estos cosmos tan reales como esféricos, a partir de la maldad, la traición, la miseria, la vergüenza, la venganza y el deshonor, entre otros muchos horrendos materiales. Repicará, cuando haya concluida la lectura, una advertencia de Nikolai Gogol: "Lugar siniestro este mundo, caballeros". De eso se trata la verdadera y única maldición.

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ALAVARO JOSÉ ARUANE
© LA GACETA


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