La noche fabulosa

Carlos Werner
Por Carlos Werner 04 Octubre 2012
Habré tenido 17, 18, ¡qué sé yo! Allá, en el campo, eso importa poco y nada; bah, sí, si tenés que levantarte antes que el sol, tomar unos mates, ordeñar, limpiar, darle alfalfa y agua a los animales, arar la tierra. Y encima llegar a la nochecita lozano para cuando venga la Carmen. Ahí te quiero ver. Así estaba un día, de un lado a otro, buscando la sombrita de las primeras hojas de los árboles de primavera, cuando viene mi abuelo y me dice: "chango, tengo una tarea para vos" (y yo pensé, lo que hago todos los días). Lo miro al "viejo". Escucho. "¿Viste ese camioncito que me compré el otro día? Bueno, todo bien pero el fulano que me lo vendió quedó en traerme unos papeles y, hasta hoy, nada. ¿Sabés? No hay que sacarle el caballo de encima y yo estoy medio malito para ir a buscarlo al pueblo. Pensé que vos podrías, es cerquita para un chango como vos".

Hoy que las piernas me pesan como los mil diablos, aún me acuerdo de ese día. Allá voy, monte, cielo, camino y horizonte. Meta y meta con el pedal. Qué sé yo, salí a la mañanita, llegué a la siesta. Nada mal, unos 70 kilómetros de caminos imposibles y con una de esas bici de paseo, ¿no? Claro, la lengua afuera, sediento, las manos echas puré, pero llegué.

A lo mío. Anduve de casa en casa, preguntando por el fulano. Almacén, boliche, iglesia, campitos de los alrededores, y nada che. Parecía que lo había tragado la tierra. A eso, la tardecita ya estaba entrada. Metí la mano en el bolsillo, un billete y dos monedas, poco para pagar una pieza y pasar la noche. Hurgué en la bolsa, dos apretaditos de queso de cabra y pan, más la cantimplora. Qué más da. Se me ocurrió y listo. No quería que la noche me ganara en el camino. Y rumbeé al río, caminito hecho por las vacas. Llegué, junté leña, hice un colchoncito con tierra arcillosa y puse la bicicleta al lado. Al calor del fueguito, si vieran qué delicia el apretadito. ¡Y la camita! La gorra de almohada y por sábanas la noche.

No me pregunten si llegué a ver al fulano y si me dio los papeles. Ya no me acuerdo. Lo que sí recuerdo es que, por no haberlo hallado aquel día, pasé la noche más fabulosa de mis 70 años de vida, al abrigo de las estrellas.

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