Enarenados de vientos, de dunas, mojados de tiempo, los ojos se despabilan de asombro. Casi todo le resulta mágico. Los años no le han quitado la curiosidad. Gracias a los viajes ha descubierto que no todo el planeta es un desierto, que hay hombres con un baldío en el lugar del corazón. Observa a la distancia un gesto de eso que llaman amor. Mientras ella duerme entre sus brazos, él le acaricia con la mirada el alma y le susurra a la sombra de un tarco:
"En mi insomnio es chasquido de luz la sombra de tu beso"
. Las mil y setenta y cuatro noches van convertirse en cinco en el villorrio surrealista.
Algo absurdo le sucede, lo pone nervioso. Visiones. Quizás alucinaciones. ¿Algún hongo desconsiderado? ¿Agua contaminada? Lo cierto es que algunas personas se deforman súbitamente en la calle. Al pasar por la imponente torre vidriada de 137 millones de dinares y por el palacio del sultán, ha observado gente a la que le salía una giba al ingresar y al marcharse. Pero al parecer sólo él lo percibe. Se detiene en la esquina de San Martín y Monteagudo. Una fuerte discusión se produce entre hombres y mujeres corcovados con otros que, al parecer, no lo son. "¿Por qué discuten, moradora?", le pregunta su ama a una mujer delgada que encabeza un grupo de vecinas enojadas. "¡Estamos hartas! Han aprobado una ordenanza a libro cerrado... ¡Están construyendo una planta transformadora de electricidad en la calle Ayacucho al 200!" "¡En pleno centro!", grita otra. "¿Y cuál es el problema?", interviene Shahriyar. "- Que comenzaron a construirla hace unas semanas sin la aprobación del Concejo y ahora de rompe y raja, sin que ninguna comisión haya estudiado si va a perjudicar la salud del vecindario... Tenemos miedo... ¿Qué pasa si hay un incendio, una explosión?" "- ¿Pero acaso ellos no representan al pueblo?" "- No, representan los intereses de Al Rachid. El séquito se limita a levantar la mano, nadie discute, todos obedecen, debe ser que los premios son más que apetecibles", acota un manisero.
Al llegar a la plaza Independencia, un contingente de escolares en pupitres le llama la atención. Un individuo trajeado y jorobado comienza a dar una clase sobre que deben sentirse felices de tener el mejor sultán de la historia. Les reparte estampitas con su imagen, con una leyenda: "Ayudarlos no tiene precio".
"¿Es una clase de religión?", pregunta Scheherezade. Una jubilada con bastón y rostro desencajado: "Y sí, ¿por qué no? Como necesita ser reelecto por cuarta vez, va a reformar la Constitución, van a votar los chicos de 10 años..." "¿Lo harán acompañados de la maestra o del puntero de barrio?", interrumpe un anciano fumador de pipa. "¡Se atornillan al poder para poder seguir viviendo de las costillas del pueblo! ¡Sólo basta ver el crecimiento patrimonial de cada uno de la mayoría de los enriques que nos gobiernan!", vociferó una abuela que llevaba a su nieto de la mano y ante la mirada perpleja de la doncella, acota: "El mote viene de enriquecer..."
Los ojos se abren aún más cuando ve jorobados que salen de la playa del Palacio conduciendo costosos vehículos que llevan la propaganda de la empresa del sultán. Divisa enormes pancartas que cuelgan del balcón con la leyenda: "Con la emperatriz voy más allá del cementerio". Scheherezade pregunta a Shahriyar: "¿Qué habrá luego del camposanto en este Jardín?" "Quizás emprendimientos inmobiliarios, mi flor..."
Los inesperados parientes corcovados que ha descubierto inquietan a Almanzor. Acaban de explicarle que a los mendaces les crece una joroba, pero los camellos nada tienen que ver en el asunto. "El día que el pueblo se saque la venda verá las gibas de sus representantes. ¡Oh, Alá, apiádate de ellos!", murmura.
"En mi insomnio es chasquido de luz la sombra de tu beso"
. Las mil y setenta y cuatro noches van convertirse en cinco en el villorrio surrealista.
Algo absurdo le sucede, lo pone nervioso. Visiones. Quizás alucinaciones. ¿Algún hongo desconsiderado? ¿Agua contaminada? Lo cierto es que algunas personas se deforman súbitamente en la calle. Al pasar por la imponente torre vidriada de 137 millones de dinares y por el palacio del sultán, ha observado gente a la que le salía una giba al ingresar y al marcharse. Pero al parecer sólo él lo percibe. Se detiene en la esquina de San Martín y Monteagudo. Una fuerte discusión se produce entre hombres y mujeres corcovados con otros que, al parecer, no lo son. "¿Por qué discuten, moradora?", le pregunta su ama a una mujer delgada que encabeza un grupo de vecinas enojadas. "¡Estamos hartas! Han aprobado una ordenanza a libro cerrado... ¡Están construyendo una planta transformadora de electricidad en la calle Ayacucho al 200!" "¡En pleno centro!", grita otra. "¿Y cuál es el problema?", interviene Shahriyar. "- Que comenzaron a construirla hace unas semanas sin la aprobación del Concejo y ahora de rompe y raja, sin que ninguna comisión haya estudiado si va a perjudicar la salud del vecindario... Tenemos miedo... ¿Qué pasa si hay un incendio, una explosión?" "- ¿Pero acaso ellos no representan al pueblo?" "- No, representan los intereses de Al Rachid. El séquito se limita a levantar la mano, nadie discute, todos obedecen, debe ser que los premios son más que apetecibles", acota un manisero.
Al llegar a la plaza Independencia, un contingente de escolares en pupitres le llama la atención. Un individuo trajeado y jorobado comienza a dar una clase sobre que deben sentirse felices de tener el mejor sultán de la historia. Les reparte estampitas con su imagen, con una leyenda: "Ayudarlos no tiene precio".
"¿Es una clase de religión?", pregunta Scheherezade. Una jubilada con bastón y rostro desencajado: "Y sí, ¿por qué no? Como necesita ser reelecto por cuarta vez, va a reformar la Constitución, van a votar los chicos de 10 años..." "¿Lo harán acompañados de la maestra o del puntero de barrio?", interrumpe un anciano fumador de pipa. "¡Se atornillan al poder para poder seguir viviendo de las costillas del pueblo! ¡Sólo basta ver el crecimiento patrimonial de cada uno de la mayoría de los enriques que nos gobiernan!", vociferó una abuela que llevaba a su nieto de la mano y ante la mirada perpleja de la doncella, acota: "El mote viene de enriquecer..."
Los ojos se abren aún más cuando ve jorobados que salen de la playa del Palacio conduciendo costosos vehículos que llevan la propaganda de la empresa del sultán. Divisa enormes pancartas que cuelgan del balcón con la leyenda: "Con la emperatriz voy más allá del cementerio". Scheherezade pregunta a Shahriyar: "¿Qué habrá luego del camposanto en este Jardín?" "Quizás emprendimientos inmobiliarios, mi flor..."
Los inesperados parientes corcovados que ha descubierto inquietan a Almanzor. Acaban de explicarle que a los mendaces les crece una joroba, pero los camellos nada tienen que ver en el asunto. "El día que el pueblo se saque la venda verá las gibas de sus representantes. ¡Oh, Alá, apiádate de ellos!", murmura.






