El año 2015 puede resultar muy lejano para cualquiera que no mida el tiempo con la lógica de la política. Pero para aquellos que hacen de la estrategia un arte, dos años pueden significar la nada misma. Y más aún cuando se avecinan varios frentes de batalla entre amayistas y alperovichistas. La guerra fría que se libró en diciembre de 2011 entre los dos espacios peronistas de poder se torna cada vez más agresiva. Cuando hubo fuego cruzado entre las huestes, siempre fue mayor el temor a la destrucción mutua. Rápidamente, amayistas y alperovichistas acordaban una nueva tregua. Pero esta vez, el jefe municipal fue más allá. Como si se tratara de un juego de ajedrez, Amaya decidió reemplazar a un peón por un alfil. Decidió llevar a la reserva a Elsa Arias y colocar en la trinchera a José Franco, un soldado con más experiencia en el terreno bélico. El teléfono rojo que indica el inicio de las hostilidades resonó en la Casa de Gobierno.
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