23 Julio 2012 Seguir en 
Imaginen un lienzo en blanco arriba del escenario. 30 colores esperan listos para saltar de la paleta que sostiene Manolo Alonso, el pintor sin pincel, pero que usa dedos, manos y el cuerpo entero para plasmar su obra. Desde abajo, con bailecitos, gritos y zapateos el público marca el rumbo de la creación, que empieza a latir desde abajo de la tierra. A dónde llegará es difícil de adivinar.
Eso es Late-Raza, un ensamble de percusionistas tucumanos que le pone sabor latino a sus actuaciones a partir de un fuerte componente de improvisación. Ayer volvieron a presentarse en su hogar, el Robert Nesta, y la creciente convocatoria anima cada vez más a sus mentores. Nacieron el año pasado con la excusa de presentarse en el tercer Encuentro de Percusión, y decidieron quedarse con un show fijo mensual.
Tres decenas de músicos conforman esta agrupación que hace vibrar los corazones a golpes de cueros, maderas y cuerdas. La mayoría de sus integrantes son alumnos y exalumnos de la escuela de percusión de Alonso, aunque también se fueron sumando músicos de trayectoria, como Café Valdez, Nancy Pedro y Sergio Marengo, entre otros.
"El grupo está inspirado en lo que hace La bomba de tiempo en Buenos Aires, un conjunto de 15 percusionistas conducidos por un director que reemplaza la batuta por un lenguaje de señas. Hay una serie de estructuras rítmicas armadas y el director va armando y desarmando ritmos a partir de este lenguaje compartido con los músicos", explicó Alonso.
El toque distintivo de Late-Raza es su clara impronta latina, más la incorporación de un bajista y un DJ fijos. "Mi objetivo es generar climas y agregar sonidos de animales sampleados. Es un aporte electrónico, pero hecho en tiempo real", explica el DJ BarbaDub, incorporado hace tres fechas al ensamble. Además, en cada concierto se presentan músicos invitados. Ayer fue el turno de Rodrigo Pereyra (armónica), Maximiliano Odstrcil (didgeridoo), "Pulpo" Ramos (teclado) y el conjunto Sikuris del Ayni.
Todo lo que pasa en el escenario se decide al momento. Nadie sabe qué es lo que ocurrirá dentro de cinco minutos ni qué es lo que mandarán las señas frenéticas de Alonso. "Siempre les digo a los chicos que hay un marco sobre el que dibujamos, borramos, volvemos. Hay una estructura, pero dentro de eso pueden suceder muchísimas cosas, en base a lo que se respira con el público; si el público o el grupo piden más, entonces vamos más arriba y después volvemos a bajar", explica el conductor.
Cocoliche musical
Las primeras presentaciones contaron con la voz siempre destacada de una cantante colombiana que siguió su rumbo en otras tierras. Ahora la banda se presenta con Nancy Pedro, tucumana que viene del folclore y que encuentra puntos en común entre el samba brasileño, el festejo peruano, la salsa y la chacarera. "El lugar al que apuntamos es la música popular latinoamericana. En esencia, en algún punto, somos todos iguales. Yo tengo un lenguaje, una pronunciación y un sonido que son muy tucumanos, pero de a poco voy captando el colorcito de Venezuela o Colombia, que tienen sus características. De todos modos, lo que une nuestros ritmos es el sentido espiritual de lo que se dice, es música que representa al pueblo", analiza.
El arco de edades del ensamble abarca desde los 20 a los 50 años; además de músicos hay agrónomos, médicos, psicólogos, constructores y estudiantes. En esa diversidad, indica Alonsa, radica la riqueza del grupo.
Una cosa es constante en este año de Late-Raza, y la presentación de ayer no fue la excepción: siempre tocan los domingos. "La idea es ofrecer una opción en un día en el que no hay nada. En el público hay gente joven que baila y familias enteras que disfrutan del espectáculo sentados en una mesa -apunta el director-. Queremos que pasen una linda tarde y que a las 22.30 ya estén en sus casas, tranquilos".
didgeridoo
el viaje al interior del ser humano
El didgeridoo es un instrumento de viento aborigen australiano, quizás el más antiguo de la historia, que no se ha modificado con el tiempo. Se construye con un palo hueco de eucalipto, en sus orígenes comido por las termitas. Las leyendas cuentan que fue descubierto buscando leña y que un indio lo sopló para correr a los insectos, provocando el sonido. El didgeridoo se utiliza mucho en meditación y sanación. Su sonido es muy especial, un tanto sombrío y difícilmente digerible. "A veces la gente no lo soporta, se levanta y se va. Te conecta mucho con tu interior y si las cosas ahí no están bien, las sensaciones no son las mejores", explicó Maximiliano Odstrcil, uno de los pocos tucumanos que fabrica y toca el didgeridoo.
Eso es Late-Raza, un ensamble de percusionistas tucumanos que le pone sabor latino a sus actuaciones a partir de un fuerte componente de improvisación. Ayer volvieron a presentarse en su hogar, el Robert Nesta, y la creciente convocatoria anima cada vez más a sus mentores. Nacieron el año pasado con la excusa de presentarse en el tercer Encuentro de Percusión, y decidieron quedarse con un show fijo mensual.
Tres decenas de músicos conforman esta agrupación que hace vibrar los corazones a golpes de cueros, maderas y cuerdas. La mayoría de sus integrantes son alumnos y exalumnos de la escuela de percusión de Alonso, aunque también se fueron sumando músicos de trayectoria, como Café Valdez, Nancy Pedro y Sergio Marengo, entre otros.
"El grupo está inspirado en lo que hace La bomba de tiempo en Buenos Aires, un conjunto de 15 percusionistas conducidos por un director que reemplaza la batuta por un lenguaje de señas. Hay una serie de estructuras rítmicas armadas y el director va armando y desarmando ritmos a partir de este lenguaje compartido con los músicos", explicó Alonso.
El toque distintivo de Late-Raza es su clara impronta latina, más la incorporación de un bajista y un DJ fijos. "Mi objetivo es generar climas y agregar sonidos de animales sampleados. Es un aporte electrónico, pero hecho en tiempo real", explica el DJ BarbaDub, incorporado hace tres fechas al ensamble. Además, en cada concierto se presentan músicos invitados. Ayer fue el turno de Rodrigo Pereyra (armónica), Maximiliano Odstrcil (didgeridoo), "Pulpo" Ramos (teclado) y el conjunto Sikuris del Ayni.
Todo lo que pasa en el escenario se decide al momento. Nadie sabe qué es lo que ocurrirá dentro de cinco minutos ni qué es lo que mandarán las señas frenéticas de Alonso. "Siempre les digo a los chicos que hay un marco sobre el que dibujamos, borramos, volvemos. Hay una estructura, pero dentro de eso pueden suceder muchísimas cosas, en base a lo que se respira con el público; si el público o el grupo piden más, entonces vamos más arriba y después volvemos a bajar", explica el conductor.
Cocoliche musical
Las primeras presentaciones contaron con la voz siempre destacada de una cantante colombiana que siguió su rumbo en otras tierras. Ahora la banda se presenta con Nancy Pedro, tucumana que viene del folclore y que encuentra puntos en común entre el samba brasileño, el festejo peruano, la salsa y la chacarera. "El lugar al que apuntamos es la música popular latinoamericana. En esencia, en algún punto, somos todos iguales. Yo tengo un lenguaje, una pronunciación y un sonido que son muy tucumanos, pero de a poco voy captando el colorcito de Venezuela o Colombia, que tienen sus características. De todos modos, lo que une nuestros ritmos es el sentido espiritual de lo que se dice, es música que representa al pueblo", analiza.
El arco de edades del ensamble abarca desde los 20 a los 50 años; además de músicos hay agrónomos, médicos, psicólogos, constructores y estudiantes. En esa diversidad, indica Alonsa, radica la riqueza del grupo.
Una cosa es constante en este año de Late-Raza, y la presentación de ayer no fue la excepción: siempre tocan los domingos. "La idea es ofrecer una opción en un día en el que no hay nada. En el público hay gente joven que baila y familias enteras que disfrutan del espectáculo sentados en una mesa -apunta el director-. Queremos que pasen una linda tarde y que a las 22.30 ya estén en sus casas, tranquilos".
didgeridoo
el viaje al interior del ser humano
El didgeridoo es un instrumento de viento aborigen australiano, quizás el más antiguo de la historia, que no se ha modificado con el tiempo. Se construye con un palo hueco de eucalipto, en sus orígenes comido por las termitas. Las leyendas cuentan que fue descubierto buscando leña y que un indio lo sopló para correr a los insectos, provocando el sonido. El didgeridoo se utiliza mucho en meditación y sanación. Su sonido es muy especial, un tanto sombrío y difícilmente digerible. "A veces la gente no lo soporta, se levanta y se va. Te conecta mucho con tu interior y si las cosas ahí no están bien, las sensaciones no son las mejores", explicó Maximiliano Odstrcil, uno de los pocos tucumanos que fabrica y toca el didgeridoo.







