Fingen un problema de salud para huir de la celda
Buscan a cinco prófugos que huyeron de la comisaría de Los Pocitos, y ordenan la detención de un oficial que abrió la puerta del calabozo. Los presos pedían ayuda y un oficial abrió el calabozo para ver qué pasaba; en ese instante, lo golpearon y aprovecharon para escapar.
22 Julio 2012 Seguir en 
La comisaría de Los Pocitos da la misma sensación de abandono que muchas de las seccionales de la provincia. Las manchas y los carteles de personas desaparecidas quién sabe cuando cubren el amarillo de las paredes, ya descascaradas por el paso del tiempo. Dos pequeñas oficinas se ubican a cada costado de la puerta principal, que da paso a una sala vacía cuyo único mueble es una mesa de madera tan vieja que cuatro ladrillos le hacen de soporte a sus patas.
Después de atravesar esa habitación, un estrecho pasillo conduce al calabozo, que es imposible no mirar. Un enorme candado custodia la puerta metálica que, en su parte superior, fue ahuecada para introducir un televisor de 14", apenas sostenido con cables y cintas. Adentro, los detenidos conviven en un espacio de cuatro por cinco metros, aproximadamente.
Ayer a la madrugada, mientras la mayoría de la gente festejaba el Día del Amigo, ocho individuos que llevaban casi un año esperando el traslado al penal de Villa Urquiza elaboraron una estrategia sencilla pero arriesgada. Y al final la operación tuvo éxito, pero a medias, ya que sólo cinco de ellos pudieron huir.
Cuatro policías estaban al frente de la comisaría esa noche: el oficial de turno (de apellido Lobo) y tres compañeros a cargo de la guardia. "Alrededor de la 1.20 recibieron un llamado de emergencia del barrio UTA y los tres oficiales salieron en la camioneta", contó a LA GACETA una autoridad policial. Media hora después, el oficial de turno escuchó gritos y pedidos de auxilio que venían del calabozo.
"En un acto humanitario, él sale corriendo, busca la llave y abre, entonces lo empujan, lo tiran al piso y lo golpean", relató la fuente policial. En ese sentido, precisó que el oficial presentaba raspones en las manos y un tobillo, un chichón en la cabeza y una herida en la boca, producto de una trompada.
Desde la Policía expresaron que el oficial consiguió levantarse y cerrar la puerta, pero hasta eso ya se habían escapado cinco presos, que salieron por la puerta principal y hasta ayer no fueron encontrados. Se trata de tres jóvenes de 20 años y dos hombres de 29 y 30 años.
Las causas por las que estaban privados de su libertad van desde robo agravado hasta homicidio, pasando por tenencia de estupefacientes.
Sin rastros
Frente a la comisaría se extiende un terreno baldío, detrás del cual pasa el Canal Norte y se asoma un asentamiento. Los uniformados creen que los fugitivos pudieron haberse escapado por esa zona.
En cuanto logró cerrar nuevamente la puerta del calabozo, donde a esa hora quedaban tres detenidos, el oficial de turno se comunicó con la Infantería, la Patrulla Motorizada, la Brigada de Investigaciones y las comisarías de Tafí Viejo y Villa Mariano Moreno.
Desde ese momento se realizaron diversos allanamientos y rastrillajes, según señalaron desde la fuerza. Además, visitaron las casas de los familiares de los prófugos, pero todos aseguraron desconocer dónde podrían encontrarse.
Hasta el cierre de esta edición, dos grupos de la Brigada de Investigaciones, con la colaboración de otras dependencias policiales, continuaban buscando a los prófugos.
Después de atravesar esa habitación, un estrecho pasillo conduce al calabozo, que es imposible no mirar. Un enorme candado custodia la puerta metálica que, en su parte superior, fue ahuecada para introducir un televisor de 14", apenas sostenido con cables y cintas. Adentro, los detenidos conviven en un espacio de cuatro por cinco metros, aproximadamente.
Ayer a la madrugada, mientras la mayoría de la gente festejaba el Día del Amigo, ocho individuos que llevaban casi un año esperando el traslado al penal de Villa Urquiza elaboraron una estrategia sencilla pero arriesgada. Y al final la operación tuvo éxito, pero a medias, ya que sólo cinco de ellos pudieron huir.
Cuatro policías estaban al frente de la comisaría esa noche: el oficial de turno (de apellido Lobo) y tres compañeros a cargo de la guardia. "Alrededor de la 1.20 recibieron un llamado de emergencia del barrio UTA y los tres oficiales salieron en la camioneta", contó a LA GACETA una autoridad policial. Media hora después, el oficial de turno escuchó gritos y pedidos de auxilio que venían del calabozo.
"En un acto humanitario, él sale corriendo, busca la llave y abre, entonces lo empujan, lo tiran al piso y lo golpean", relató la fuente policial. En ese sentido, precisó que el oficial presentaba raspones en las manos y un tobillo, un chichón en la cabeza y una herida en la boca, producto de una trompada.
Desde la Policía expresaron que el oficial consiguió levantarse y cerrar la puerta, pero hasta eso ya se habían escapado cinco presos, que salieron por la puerta principal y hasta ayer no fueron encontrados. Se trata de tres jóvenes de 20 años y dos hombres de 29 y 30 años.
Las causas por las que estaban privados de su libertad van desde robo agravado hasta homicidio, pasando por tenencia de estupefacientes.
Sin rastros
Frente a la comisaría se extiende un terreno baldío, detrás del cual pasa el Canal Norte y se asoma un asentamiento. Los uniformados creen que los fugitivos pudieron haberse escapado por esa zona.
En cuanto logró cerrar nuevamente la puerta del calabozo, donde a esa hora quedaban tres detenidos, el oficial de turno se comunicó con la Infantería, la Patrulla Motorizada, la Brigada de Investigaciones y las comisarías de Tafí Viejo y Villa Mariano Moreno.
Desde ese momento se realizaron diversos allanamientos y rastrillajes, según señalaron desde la fuerza. Además, visitaron las casas de los familiares de los prófugos, pero todos aseguraron desconocer dónde podrían encontrarse.
Hasta el cierre de esta edición, dos grupos de la Brigada de Investigaciones, con la colaboración de otras dependencias policiales, continuaban buscando a los prófugos.







