Riera aplastó a sus rivales en un solo día

La elección de autoridades del PJ consagró el liderazgo de quien luego llegó a la gobernación en el 83.

Por Abrehu Carlos 22 Julio 2012
De hecho, cada vez que una dictadura cae y se vuelve a votar, vuelven a crecer los grupúsculos que se proponen ser votados. Los supervivientes, los votados, se convierten en partidos. (Giovanni Sartori, Elementos de teoría política, Alianza Editorial, Buenos Aires, 1992).

La aseveración del politólogo ialiano se aplica perfectamente al caso argentino. El presidente de facto Reynaldo Bignone adelantó el llamado a elecciones para el 30 de octubre de 1983, cuando el poder se le escurría de las manos. A partir del 28 de junio se aceleró el proceso de reorganización de las fuerzas políticas.

Sólo la ilusión o la hipocresía puede creer que la democracia es posible sin partidos, aseveró en 1929 el eminente jurista Hans Kelsen (citado por Sartori). Esa creencia se derrumbó tras la debacle de Malvinas.

En agosto de 1983, a la luz de la reavivación de la política, existían en Tucumán 16 partidos reconocidos por la Justicia Electoral Nacional.

La mayor agitación se vivía en el peronismo que se soñaba con recuperar el gobierno perdido el 14 de marzo de 1976. La expectativa de poder motorizó la competencia interna en las filas justicialistas, que dirimió diferencias en las urnas, el 14 de agosto. Fernando Riera (lista Celeste), Amado Juri (Azul Verde) y Nicasio Sánchez Toranzo (Azul Unidad) se postulaban para presidir el partido. Los tres pertenecían al plantel del peronismo histórico.

La disputa de fondo

Juri había sido gobernador entre 1973-76, y Sánchez Toranzo presidió la Cámara de Diputados durante la gestión de Isabel Perón. Riera, en cambio, no ocupó cargo alguno entre 1973 y 1976.

Nadie desconocía que la pelea por el comando pejotista implicaba definir la candidatura a gobernador. Quien controlara el aparato partidario, se llevaba todo.

Riera encarnaba la restauración de los tiempos felices de los 50. Un sueño que luego se reveló utópico en los 80. Su propaganda rezaba: votando a Riera, vota a Perón. No cargaba con el desgaste que suponía haber formado parte de la experiencia 1973-76, ni con la frustración heredada.

La publicidad de Juri proponía la reivindicación del gobierno popular con más de 400 obras públicas en dos años y medio. Oscar Sarrulle era su socio político. Sánchez Toranzo admitió, por su parte, que el peronismo no tendría problemas para acordar el candidato a gobernador.

Los cuñados dividían sus preferencias en torno del aspirante a la presidencia de la Nación. Juri se inclinaba por Antonio Cafiero, que había descartado la amnistía a los jefes militares. (Italo) Luder es el hombre adecuado para conducir el país, afirmó Riera.

Luder pensaba distinto de Cafiero en el problema militar y el PJ, finalmente, optó por el primero.

Barrió con todo

Riera arrasó en la provincia y pasó a controlar todos los resortes partidarios. De hecho, se convirtió en el candidato a gobernador del PJ, con 45.928 votos. Juri obtuvo 18.923 y Sánchez Toranzo, 9.665. Sólo perdió en Yerba Buena a manos del médico Alejandro Sangenis -aliado a Juri-.

La victoria de la lista Celeste no es la victoria de un sector, es la victoria de Perón porque encarnamos sus ideas, pontificó en la noche del 14 de agosto. Dos semanas después, ratificó el llamado a la unidad.

Sin embargo, el rierismo entendía que la mayoría del 14 de agosto le permitía designar congresales nacionales a su antojo. Estos votarían luego los candidatos a la fórmula presidencial y a senadores nacionales. Antonio Guerrero y Sangenis, de la Azul-Verde, perdieron la votación para incluir a las minorías. Miguel Nazur rechazó esa tesis.

Entre los congresales nacionales por el rierismo figuraban Julio Figueroa, Ricardo Sanjuan, Alejo Pedraza, Julio Miranda, Tulio Caponio y Julio Picabea.

Con el ascenso de Riera, emergía el trío que gravitó en los 80: Nazur, Ernesto Corbalán y Olijela del Valle Rivas.

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